Conservo con orgullo e inmenso aprecio y afecto, la pequeña gran obra de Alicia Jurado titulada Genio y Figura de Jorge Luis Borges, primer trabajo biográfico-crítico dedicado al genial escritor argentino, publicado en 1964; este documento clave es resultado de la profunda amistad y el conocimiento mutuo que unió a los dos personajes. Su dedicatoria dice: “A Jorge Luis Borges, que me dio tantas cosas y a quien solo me fue concedido devolverle este libro pequeño, fragmentario y coyuntural”. Traslado su breve introducción:
Entre las dificultades que presenta esta obra, tres me parecen las más evidentes. La primera es intentar la biografía de una persona viva, la trayectoria inconclusa y demasiado próxima de un personaje que, como el Quijote, podrá leer impresas sus propias vicisitudes y cotejarlas con una realidad que jamás conoceré. La segunda es aventurarme al retrato de un amigo querido, cuyas debilidades sin duda atenuaré por lealtad y cuya intimidad reservaré por discreción. La tercera es juzgar al hombre que más admiré en mi vida. Y sigue:
No es un libro que pueda, por lo tanto, aspirar a la imparcialidad. Me consuela pensar que no difiere en esto de casi todos los libros: es un testimonio incompleto, dado a través de una experiencia personal y de su falible interpretación. Así, reflejadas en el oscuro espejo que es, según San Pablo, todo conocimiento humano, devuelvo la imagen que me dio un escritor y las numerosas imágenes que me sugirió su obra.
Aquí, y al cabo de muchos años, pues conocí a Alicia en junio de 2001, aspiro a contar la circunstancia de este mutuo conocimiento y a devolver a Alicia lo mucho que ella me dio, en algo que fue un tiempo frágil y leve, pero infinitamente más que solo el de una hermosa tarde bonaerense.
Cuando don Jorge Luis Barcia iniciaba su presidencia de la Academia Argentina de Letras tuvo lugar en Buenos Aires la primera reunión académica que versó sobre el trabajo de redacción del Diccionario panhispánico de dudas, luego de la primera ya realizada en Madrid para planificar su redacción. Se trataba de
… un diccionario que respondiera en forma clara y argumentada a las dudas de todo carácter que plantea el uso de nuestra lengua, sean fonográficas (de pronunciación, acentuación, puntuación, grafías, etc.), morfológicas (plurales, femeninos, derivados, formas de la conjugación, etc.), sintácticas (problemas de construcción y régimen, concordancia, leísmo, dequeísmo, etc.) o lexicosemánticas (impropiedades léxicas, calcos semánticos censurables, neologismos, extranjerismos o topónimos y gentilicios de grafía dudosa o vacilante…). Las veintitrés academias ofrecen en esta obra respuestas consensuadas que, respetando las variantes de uso, reafirman y preservan la unidad del español en todo el ámbito hispánico. Su propósito no es solo aclarar la norma establecida que regula el uso correcto del español de hoy, sino orientar también sobre lo no fijado mediante la formulación de propuestas guiadas por el ideal de unidad lingüística.
He subrayado ‘respetando las variantes de uso’ porque es uno de los principios fundamentales en los cuales se basa, desde entonces, la redacción de todo nuevo diccionario panhispánico.
Es justo evocar la presencia de los académicos representantes de sus respectivas corporaciones, en la Comisión Interacadémica coordinadora de la elaboración y consenso del Diccionario panhispánico de dudas (publicado en su primera edición en 2005) presidida por Víctor García de la Concha (entonces director de la Real Academia Española y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, ASALE). Integraron La comisión destacados académicos delegados que representaban a las distintas áreas lingüísticas del español: Área de España: Víctor García de la Concha (presidente, entonces Director de la RAE) y el equipo técnico del Departamento de «Español al día», liderado por la filóloga Elena Hernández Gómez. Área del Caribe: María Vaquero († en 2008) (Academia Puertorriqueña); Área de México y Centroamérica: José G. Moreno de Alba († en 2013); Matías Romero Coto († 2022) Academia Salvadoreña); Francisco Albizúrez Palma (Academia Guatemalteca). Área Andina: María Josefina Tejera († 2021. Academia Venezolana), Juan Carlos Vergara Silva (Academia Colombiana). Susana Cordero de Espinosa (Academia Ecuatoriana, en representación de Ecuador, Perú y Bolivia). Área de Río de la Plata: Ofelia Kovacci (fallecida en este proceso) y Pedro Luis Barcia (Academia Argentina de Letras). Área Chilena: Alfredo Matus Olivier (Academia Chilena). Área de Estados Unidos y Filipinas: Joaquín Segura († 2014. Academia Norteamericana). Aunque algunos ya han partido, anhelo que esta información sea una forma de agradecer a todos los académicos que participamos en aquel fundamental trabajo y lo presentamos en 2005, en el extraordinario escenario del Monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna del castellano, en presencia de los hoy reyes de España don Felipe y doña Letizia. Así se realzó el valor simbólico de esta obra creada, como las que seguirán, para unir al mundo hispanohablante.
Mi deseo de evocar a la querida, inolvidable amiga Alicia Jurado, ¡que también ha partido! surgió de las circunstancias académicas y de estos recuerdos, pues la conocí en los días iniciales de trabajos académicos conjuntos cuando, sentadas una al lado de otra en la reunión de Buenos Aires, conversamos. Supo de mi pertenencia a la segunda academia americana, fundada en 1874, y me invitó a tomar té en su casa esa misma tarde. Vivía con su esposo, Marcos Sastre Dowling, en el departamento de la esquina hoy emblemática, de la Avenida Santa Fe y la calle Ecuador, en Recoleta. Su casa fue durante años, residencia de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo y se volvió relevante en la historia de la literatura argentina, pues Silvina Ocampo y Bioy Casares recibían diariamente en su tertulia a los más notables intelectuales bonaerenses o no, entre los cuales se hallaba Jorge Luis Borges.
Luego ese departamento, como para seguir cumpliendo un destino de excepción, perteneció a Alicia Jurado; ella, divorciada de su primer esposo, se casó con Marcos Sastre Dowling, descendiente de un célebre educador y escritor uruguayo-argentino.
Esa tarde, habiendo llegado ya a su departamento, saludamos a su esposo el cual, en la cocina, preparaba los sánduches que nos serviríamos. Alicia, luego de habernos presentado y saludado gratamente, me mostró un cuaderno inolvidable, cuadriculado, cuyas páginas repletas conservaban la escritura redonda, en estilógrafo, de letras muy pequeñas y muy claras, ¡la escritura de Borges!… Sé que se trataba del manuscrito más remoto y de las notas originales de Qué es el budismo, que Borges y ella escribieron alalimón. Fue publicado originalmente en 1976.
Alicia, en su larga y fructífera vida, contribuyó a la recuperación de la memoria colectiva que permite recrear una época pasada de gran incidencia histórico-política en su país, intelectualmente privilegiado. (Seguiré)
