viernes, septiembre 25, 2026

Casa tomada: Roy Sigüenza y el Museo Minero de Portovelo

¿A quién pertenecen los espacios culturales en las entidades públicas, como los GAD? El despido del poeta y gestor cultural Roy Sigüenza, del Museo Minero, abre esa interrogante, cuando no hay institucionalidad que soporte años de lucha, muchas veces solitaria, por preservar la memoria de los pueblos.

Por: Betty Aguirre-Maier

Cuando Roy Sigüenza recibió la noticia de su despido, la institución que dejaba atrás no era simplemente el lugar donde había trabajado durante cinco años. Era, en buena medida, una institución que él había imaginado, creado e impulsado a convertirse en un espacio público de recuperación de la memoria: el Museo Minero de Portovelo, en la provincia de El Oro. Ese día, el poeta Sigüenza, mediador y gestor cultural, recibió una llamada telefónica de la directora de personal del Municipio de Portovelo pidiéndole que entregara las llaves del museo y recogiera sus cosas personales. No se le dio una explicación ni un aviso formal. Ante mi pregunta de qué fue lo que pasó por su cabeza en ese momento, el poeta Sigüenza responde: “Sabía que no solo venían por mí, sino también por el museo”.

Como en el cuento de Julio Cortázar Casa tomada, el Museo Minero de Portovelo empezó a ser “invadido”, en palabras de Sigüenza. Meses atrás, los espacios que estaban reservados tanto para la administración como para el acopio de reservas y colecciones del Museo, fueron ocupados por una oficina para la Dirección de Turismo y otra para la Dirección de Cultura del Municipio de Portovelo. Los libros de la biblioteca, que habían comenzado a reparar, también los almacenaron en una especie de bodega que servía para utilería de aseo del museo. Ahogaron todos los espacios y algunos bienes terminaron rodando por los baños y otros lugares inadecuados.

La paradoja es difícil de ignorar: Roy Sigüenza, uno de los poetas más importantes de Ecuador —para muchos un poeta universal— con una extensa obra publicada desde hace 40 años, y una intensa vida entregada a la cultura y al activismo social, ha dedicado gran parte de su trayectoria a construir el espacio que ahora prescinde de él.

La presencia de Sigüenza en la creación del Museo Minero de Portovelo viene desde mucho atrás, como figura clave en dicho proceso. En 2016, durante la celebración del Día Mundial del Museo en la infraestructura abandonada que hoy es el Museo Minero, el poeta Sigüenza participó con una ponencia magistral que resonó en los asistentes y marcó el devenir del proyecto de creación del Museo Minero de Portovelo.

Roy Sigüenza, uno de los poetas más importantes de Ecuador, con una extensa obra publicada desde hace 40 años, y una intensa vida entregada a la cultura, ha dedicado gran parte de su vida a construir el espacio que ahora prescinde de él.

Sin embargo, la labor de gestores culturales, artistas e intelectuales necesita de la voluntad política de las autoridades para la creación de estos espacios. La alcaldesa Paulina López (2014-2019 y 2019-2023) creyó en el proyecto y gestionó la culminación de la obra, que fue inaugurada en 2021 en medio de la pandemia del COVID. En este escenario, el poeta Sigüenza fue su principal y único mediador, conocedor del patrimonio cultural, del patrimonio industrial minero y de la historia de Portovelo.

Roy Sigüenza
Foto: Cortesía

Otro aporte que Roy Siguenza sumó al rescate de la cultura minera de Portovelo, fue la publicación del diario de Alice Lovell Kellog, una norteamericana que vivió en el campamento minero de la SADCo a principios del siglo XX y que abrió las puertas de un tiempo histórico en la región, que había estado cerrado durante un siglo: la llegada de la modernidad al país y la primera huelga obrera de Ecuador. Gracias a la gestión de Sigüenza, el diario llegó a sus manos a través de Andrea Carrión, quien cursaba un doctorado en EE. UU. Ante la importancia histórica de este íntimo texto, Sigüenza armó un equipo de trabajo para sacar adelante la publicación del diario: Betty Aguirre-Maier, investigadora y traductora, Lina Peralta y Rosa Manzo, editoras y Nela Meriguet, editora visual. Finalmente, el diario fue publicado por el Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica (PUCE) en 2019 bajo el título de Alice Lovell Kellogg, Viajera. Memorias de una neoyorquina en el Ecuador de principios del Siglo XX. Portovelo 1916-1928.

Santiago Vizcaino, director del Centro de Publicaciones de la PUCE, señala que:

 “Alice Lovell Kellog ha escrito quizá el único testimonio íntimo de lo que significó la minería al sur del Ecuador, a principios de siglo XX, desde la percepción de los nuevos colonos. Lo que hemos imaginado a través de los historiadores: largos viajes desde EEUU en barco y en mula, grandes fiestas al son del foxtrot y torneos de béisbol y críquet en medio de la abundante vegetación, se describen en este libro con la envidiable naturalidad de una viajera entusiasmada”

El diario tuvo un impacto significativo en la conversación nacional y ha trascendido las fronteras, hasta instalarse en bibliotecas norteamericanas como la de la Universidad de Stanford en la que es un material requerido en los estudios culturales.

El despido de Roy Sigüenza abre algunas preguntas que van más allá de su caso personal: ¿Qué sucede con los proyectos culturales cuando quienes los concibieron dejan de tener un lugar dentro de ellos? ¿Qué nos dice el caso de Sigüenza sobre quien tiene el poder de definir la cultura desde las instituciones públicas?

Al despido del poeta Sigüenza le precede una cronología de hechos que dejan en evidencia la existencia de abuso y acoso laboral: la alcaldesa de Portovelo lo sacó de su cargo como gestor gultural del Museo Minero, sin justificación. Apenas la alcaldesa asumió su cargo, ella tomó las siguientes medidas contra Sigüenza: redujo su salario, lo desafilió del Seguro Social y buscó despedirlo en varias ocasiones con hostigamiento constante. A ello se suma que Sigüenza no ha recibido los últimos meses de salario por su trabajo en el museo.

Este caso de despido intempestivo de un artista, intelectual o gestor cultural no es único. En la historia de los pueblos y sus instituciones hay varios casos similares. Uno propio de Ecuador es el de Benjamín Carrión, fundador y presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y una de las figuras más importantes del Ecuador del siglo XX. Carrión fue cesado de su cargo en 1963 después del golpe militar que derrocó a Carlos Julio Arosemena Monroy. La Junta Militar intervino la Casa de la Cultura y declaró vacantes los cargos de sus miembros y reorganizó la institución. Es importante recordar que, originalmente la Casa de la Cultura fue concebida sobre los principios de libertad intelectual y pluralismo ideológico, esos mismos principios que la intervención militar puso en tensión.

Las instituciones culturales públicas no son únicamente oficinas, presupuestos y cargos administrativos. También son proyectos intelectuales y espacios de memoria.

Otro caso es el de Marta Traba, importante critica de arte, escritora e intelectual colombiana, que tuvo un papel decisivo en la creación y consolidación del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO). En 1962, Traba convirtió en realidad la iniciativa de crear el museo y asumió su dirección. La relación de Traba con el poder político terminó siendo conflictiva. En 1968, después de la intervención militar de la Universidad Nacional, Traba enfrentó presiones de las autoridades y tuvo que salir del país. Y se suman más casos de similar característica, como el del peruano Manuel Burga, del brasileño Roberto Alvim, el Fondo Nacional de las Artes en Argentina, el mexicano Arx Arriaga y el sonado caso de Kim Sajet, directora de la National Portrait Gallery de la red de museos Smithsonian en Washington, en 2025.

Ahora, Roy Sigüenza tendrá que continuar su trabajo fuera de la institución que ayudó a crear. La institución, de su parte, continuará funcionando bajo una nueva dirección y, probablemente, bajo una nueva etapa, o simplemente desaparecerá como lo ha intuido el poeta Sigüenza. Pero la pregunta que deja su salida es más difícil de resolver que la de quién ocupará su puesto. Las instituciones culturales públicas no son únicamente oficinas, presupuestos y cargos administrativos. También son proyectos intelectuales, espacios de memoria y lugares donde una sociedad decide qué historias contar, qué voces escuchar y qué legado preservar.

Por eso, el caso del poeta Roy Sigüenza trae a la conversación la interrogante de qué ocurre cuando la visión de quien crea una institución deja de coincidir con la visión de quienes tienen el poder de dirigirla. La respuesta determinará no solamente el futuro del poeta Sigüenza, sino también qué clase de institución sobrevivirá a su fundador, si ese fuera el caso. Pero antes de averiguarlo, el poeta podría habitar el cuento de Cortázar y reivindicar ese acto de injusticia cometido con él: “Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.”

Betty Aguirre-Maier

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