martes, mayo 12, 2026
Ideas
Alexis Oviedo

Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

La muletilla del transporte

¿Por qué se termina complaciendo a estas mafias que no tienen el apoyo de la mayoría? ¿Por qué no se les enfrenta con firmeza? ¿Por qué no comienzan con la municipalización del transporte?

Aún recuerdo el año 1978, aun escolar, que fui testigo de la denominada Guerra de los cuatro reales, una protesta llevada a cabo principalmente por el movimiento estudiantil secundario de entonces en contra de la subida del pasaje del bus urbano de un sucre ($1,00) a un sucre con cuarenta centavos ($1.40). La protesta duró más de 17 días y colaboró para el retorno de la democracia al año siguiente. Los secundarios de entonces en sus discursos en los parques manifestaban que esta medida golpeaba a los bolsillos de las clases populares. Al final el pasaje subió a $1.40, pero quedó en $1 para estudiantes y en $ 0.50 para menores de 12 años. El transporte público siguió brindándose en los buses denominados “paperos”, pues llevaban a sus pasajeros como papas dentro de un costal. En esas viejas carrocerías que se bamboleaban en las cuestas, donde se apiñaban los usuarios e incluso viajaban colgados del estribo.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y el incremento de pasajes ha sido la constante. Si sube el diésel, “la clase del volante”, como los denominó Velasco Ibarra, pide incremento; si se pone impuestos a las importaciones, anuncian incremento, si se anuncia alguna medida económica colateral o se insinúa algo con los repuestos, se rasgan las vestiduras sugiriendo que necesitan un incremento. La historia del transporte urbano en las ciudades y en especial en Quito, es la historia de, por un lado, el constante pedido de que se suban los pasajes o que se incrementen los subsidios que les entrega el municipio. Por otro lado, el servicio de transporte que no mejora, el maltrato al pasajero, el irrespeto a las señales de tránsito que se naturaliza en cotidianas noticias de crónica roja de atropellamientos, conducción en estado etílico o destrucción de inmuebles, como en el caso reciente  ocurrido en El Beaterio, donde además perdió la vida un joven profesional, en la puerta de su casa.

El aumento de tarifas se da desde la negociación con el alcalde de turno y tienen varios estilos, que a veces son producto de hábiles maniobras para engañar al ciudadano. Hace unas décadas subió el pasaje desde una clasificación de buses, los Ejecutivos “solo sentados” cobraban más, mientras los “populares” mantenían el precio.  Poco a poco fueron desapareciendo los populares y los ejecutivos, admitieron pasajeros a pie. Diestra maniobra, sin duda, para normalizar el nuevo precio, sin que la ciudadanía proteste.

Desde hace una década, en cambio, se usa como excusa la muletilla de la mejora del servicio. Muletilla más falsa que billete de tres dólares, porque la mejora no se da. Siguen compitiendo en la calle, continúan provocando accidentes de tránsito, maltratan al pasajero. No paran donde deben, si es que un solo usuario, o si aprovechan cambiarse de carril para rebasar a otro bus. En otras ocasiones, paran donde quieren para subir pasajeros, pero así haya parada establecida no lo hacen cuando estos quieren bajarse. Cambian la ruta, a voluntad, aduciendo cualquier pretexto, desde cierres inexistentes, hasta cómodos olvidos…

Desde hace décadas, las denominadas cooperativas de transporte han puesto contra las cuerdas a los alcaldes. “Cooperativas” que, en la práctica, son monopolios de pocos dueños de cinco o seis unidades cada uno, que emplean a choferes para trabajar turnos extenuantes, con sueldos miserables y sin obligaciones patronales. El más reciente chantaje se dio hace unos días, cuando decidieron salir recién a las 8:00 de la mañana y retirarse a las 7:00 de la noche. Caotizaron la ciudad, pero sus voceros se justificaron en los medios de comunicación, quienes, por supuestos les abren micrófonos y pantallas de inmediato.

Los transportistas aceptaron la propuesta del alcalde de participar en  “mesas técnicas” y el burgomaestre ya ha declarado que no aceptará pasajes de 70 o de 65 centavos. Parecería ser una declaración que contiene un subtexto, no se acepta que se duplique el pasaje pero si se aumentará el mismo a 40 o a 45 centavos. Como siempre se invoca la muletilla: “solo se dará sí se mejora el servicio”. Lugar común por excelencia para justificar las nuevas tarifas. A finales de agosto del 2019 se subió de 0.25 a 0. 35 centavos ¡Se dijo que hay compromisos firmes desde los transportistas para mejorar el servicio, pero no cambió ni el volumen del reguetón a todo volumen!

¿Por qué se termina complaciendo a estas mafias que no tienen el apoyo de la mayoría? ¿Por qué no se les enfrenta con firmeza? ¿Por qué no comienzan con la municipalización del transporte? Aún no se tienen los resultados de las “mesas técnicas” pero se avizora que se lleven los transportistas, por lo menos 10 centavos por cada viaje. Diez centavos que golpean, tal como en el año 78, a los bolsillos de los hogares más populares. Incremento que no afecta a las economías medias, pero que hacen daño a esas familias monoparentales, a los hogares con varios hijos, a los que tienen que tomar hasta tres buses para ir a su trabajo.

Se esperaba una posición firme del alcalde, apoyada por la mayoría de quiteños. Veamos qué pasa con las “mesas técnicas”.  Subirá el pasaje y la mejora del transporte seguirá siendo una quimera (corren apuestas) ¡Si al menos tuviéramos un movimiento secundario como el de abril del 1978!

 

 

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