viernes, abril 24, 2026
Ideas
Fermín Vaca

Fermín Vaca

Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 

La maquinita de hacer memes

El periodismo digital supera el vacío de la teoría de la ‘agenda setting’ tradicional, con la ventaja de que nuestros abogados, al pensar que con una rectificación del mismo tamaño en una página de papel ya solucionaron el problema de «honor» de su cliente, no tienen posibilidad real de evitar la transmisión de un enfoque, de un meme determinado, por medio de la internet.

Una antigua teoría de la comunicación del siglo pasado estableció un criterio que, en los tiempos actuales, hemos escuchado vulgarizar hasta la nausea. Se trata de la ‘agenda setting’: la forma en la que los medios tradicionales (estrictamente prensa, radio y televisión) construyen la agenda pública destacando u omitiendo ciertos aspectos de la realidad. 

Según esta teoría, en la forma en que los medios construyen  las agendas periodísticas se encuentra un entramado de intereses políticos, económicos y sociales, que obligan a la gente a pensar sobre ciertos temas.

Los proponentes de la ‘agenda setting’, empero, no llegaron a la tontería de algunos de nuestros abogados locales que, sin mayores fundamentos, van más allá: llegan a decir que los medios no sólo que obligan a pensar a las personas sobre ciertos temas, sino que, además, les dicen qué deben pensar en particular.

Menciono la tontería de algunos abogados criollos porque esta teoría, vulgarizada hasta el extremo, es la que inspira algunas de las piezas legales más destacadas de nuestro tiempo, como son el artículo aquel del «linchamiento mediático» y la obligación constitucional de publicar rectificaciones en el mismo espacio, en el mismo tamaño, con el mismo tipo de letra y en la misma página. Llega la contaminación de esta teoría a nuestros historiadores, que atribuyen el linchamiento del pueblo analfabeto de Quito al general Eloy Alfaro, en 1912,  a los mensajes «subliminales» de la edición dominical de los diarios de la época. Se remata con el abuso de las cadenas nacionales, donde «mentira» es la palabra más dicha. 

Pues bien: la famosa teoría de la ‘agenda setting’ tiene un gran agujero: como fue formulada en los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando no había ni computadoras ni internet, no explica qué pasa cuando cualquier persona puede obtener información no sólo de los medios tradicionales, sino de los medios personales como una página de Facebook o un blog, o de un medio digital, como PlanV, cuyos contenidos son compartidos por miles de personas con posiblemente las mismas interpretaciones del mismo mensaje en tiempo real. 

Como no leyeron la teoría completa, esos que la citan y recitan como loras para probar la maldad de la prensa ecuatoriana no entienden un detalle: los temas se pueden poner en la palestra, pero no necesariamente era posible para los medios tradicionales decir a la gente qué pensar sobre ellos.

La internet, en cambio, sí brinda esa posibilidad. Otra teoría, la de los memes, destaca que, por medio de la red, es posible transmitir ya no solamente temarios, sino también interpretaciones de esos temas, de forma más efectiva que en los medios tradicionales.

El periodista digital, entonces, tiene la ‘maquinita de hacer memes’, que no solamente es capaz de posicionar ciertos temas en la agenda, sino también de ser tremendamente efectivo en comunicar el enfoque sobre esos temas. Esa es la explicación de la ‘viralidad de los memes’ que no son sólo las viñetas que alguien pega en su muro de Facebook, sino también, ideas con las cuales la gente se identifica y las comparte. Ahí está el detalle: cada vez que alguien ‘comparte’ alguna publicación de internet, es porque se siente identificada con su enfoque. Y eso, a diferencia de la difusa y prácticamente inexistente retroalimentación de los diarios tradicionales, es perfectamente cuantificable con un simple programa como Google Analitycs. 

De esta forma, el periodismo digital supera el vacío de la teoria de la ‘agenda setting’ tradicional, con la ventaja de que nuestros abogados, al pensar que con una rectificación del mismo tamaño en una página de papel ya solucionaron el problema de «honor» de su cliente, no tienen posibilidad real de evitar la transmisión de un enfoque, de un meme determinado, por medio de la internet. 

Lástima que los médicos no entiendan eso tampoco: en lugar de dedicarse a insultar al autor de una columna que no les gustó, hubieran más bien dejado de enviar el enlace por correo electrónico a todo el mundo: eso es como pretender curar una bacteria diseminándola por todo el cuerpo. Doctorcitos: ¡Cuidado se les mueran los pacientes!

 

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