“Los instrumentos de la democracia son también instrumentos de la paz” arguyó el presidente del Comité Noruego por el Nobel, cuando anunció los motivos por los que esta junta otorgó el Nobel de la Paz a la líder venezolana María Corina Machado. Esta razón sintetiza la incompatibilidad entre los absolutismos y la democracia, al ser este un régimen que acepta las discrepancias, la alternancia en el poder y la vivencia de las libertades, pues surge de elecciones libres. Y del respeto. Los totalitarismos, al contrario, menosprecian las decisiones de la democracia, desconocen los resultados electorales producto de la autodeterminación del pueblo soberano y tratan de sabotearlos con violencia, amenazas y la búsqueda de su perpetuación en el poder. Buscan imponer, como sea, sus apreciaciones y valores.
El desprecio a la democracia, sin adjetivos, ha sido testimoniado en los últimos días por las expresiones proferidas por gobernantes y voceros autoritarios, dirigidas a desdeñar la distinción otorgada a María Corina Machado. El primero de ellos, el jefe de estado ruso Vladimir Putin, pretendió minimizarla aludiendo a que es un premio que se ha desprestigiado por haber sido entregado a personas que no hicieron nada por la paz . Casi de inmediato el dictador de Cuba, Miguel Díaz Canel, cuestionó la entrega del Nobel a María Corina Machado por ser una “maniobra política” para debilitar a su colega Nicolás Maduro.
Estas afirmaciones abrieron las puertas para que los seguidores de estos déspotas enuncien sus resquemores y frustraciones por el golpe que la concesión del premio significó para la dictadura venezolana. Algunos otros optaron por el silencio, por ignorar el reconocimiento global a una latinoamericana valiente. El ejemplo más evidente de esta actitud fue el de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Su mezquindad le impidió referirse al triunfo de una mujer latinoamericana, ¿por no ser de su misma ideología?
En Ecuador no faltaron las voces que denostaron del homenaje. Estas provinieron de los fieles seguidores del prófugo, un asalariado de Maduro y de Putin, por cierto. ¿Cómo, entonces, no iban a denostar contra María Corina Machado, una demócrata opositora de Maduro?
En coincidencia con las voces reseñadas, la legisladora de Pachakutik, Mariana Yumbay, impugnó la concesión del premio a Machado aduciendo que lo único que ella ha hecho es provocar problemas. Remarcó además que no se siente representada por la dirigente política venezolana. Me sorprendieron sus palabras, emitidas en una entrevista con el periodista Gonzalo Ruiz en Notihoy, pues no me quedaron claros los alcances de estas apreciaciones. ¿Evidencian un escaso o ningún afecto a la democracia por parte de algunos sectores indígenas? ¿La asambleísta desconoce la condición de dictador de Maduro? ¿Acepta como gobernante legítimo y legal a alguien que no venció con las reglas de la democracia y usurpó la dignidad presidencial a quien fue elegido mayoritariamente por el pueblo venezolano? ¿Solo valora positivamente a quienes son afines ideológicamente? Si estas convicciones son las de una representante de la Conaie es fácil colegir que sus coidearios de la cúpula hayan fantaseado con destituir al presidente Daniel Noboa, elegido en abril de 2025, pues no aceptan la derrota clamorosa del ex dirigente Iza y de sus aliados de la izquierda.
Lamentable. Con su actitud revelan su inopia y/o desaprobación de los principios básicos de la democracia y de su vinculación con la paz. Y conociendo el pensar de una diputada de Pachakutik es comprensible que los agitadores de la Conaie y sus adeptos, desplieguen sin rubor su violencia y su incapacidad para reconocer las libertades y derechos de toda la colectividad ecuatoriana, no solo los de ellos. Se presentan como firmes convencidos de que pueden imponer sus criterios y puntos de vista a las mayorías, por medio del terror y de la intimidación.
Las crisis, como la que aún estamos viviendo los ecuatorianos, son muy propicias para desenmascarar y echar abajo las caretas. Sobre todo, las de los más altos dirigentes, y de sus agendas muy particulares, a distancia y despreocupación de los problemas de sus representados.
