Al hablar de intermediación financiera nos referimos a la acción que realizan las instituciones financieras (IFIs) al recibir recursos de los depositantes o inversionistas y mover ese dinero, a través del crédito, hacia quienes lo requieren. Así, cuando una persona coloca su dinero en una IFI en calidad de ahorro, recibe a cambio el pago de una tasa de interés (pasiva). Por el contrario, si alguien recibe un préstamo de un banco, éste lo hace con el cobro de una tasa de interés (activa). La diferencia entre la tasa activa y pasiva se denomina spread que determina el margen de intermediación financiera, que resulta entonces de comparar la tasa de colocación y captación.
Al revisar las cifras de las tasas de interés para el mes de agosto 2020 que publica el Banco Central del Ecuador, se tiene que la tasa activa referencial es de 9.03% y la tasa pasiva referencial de 6.37%. Por diferencia, el spread o margen de intermediación de los bancos es de 2,66%, si se toma en cuenta como tasa activa referencial exclusivamente al segmento “comercial prioritario corporativo”.
No obstante, al mirar las tasas de interés activas efectivas para el sector financiero privado, público y, popular y solidario, tenemos que la tasa efectiva referencial del 9.03% no incluye a otros segmentos que muestran mayores tasas de interés, por ejemplo, Productivo PYMES: 11.25%; Consumo prioritario: 16.79%; microcrédito agrícola y ganadero: 19.21; microcrédito minorista: 26.15%, etc. Consecuentemente, el margen de intermediación financiera en el país, en la práctica, es mucho mayor.
Que la banca esté obteniendo grandes utilidades no hace otra cosa que reafirmar las verdaderas relaciones de poder existentes en un país donde lo que hay es un gobierno ya en retirada y con una credibilidad más devaluada que el bolívar venezolano.
Por lo mismo, el Ecuador necesita darse un año de verdad en cuanto a los márgenes existentes dentro de la intermediación financiera y su actual cálculo y regulación. Lo concreto es que el sector bancario durante el año 2019, en un entorno económico de estancamiento, con un crecimiento insignificante de 0,1% del PIB, no obstante, obtuvo utilidades netas de 616 millones de dólares, esto es, 62 millones más que en el año 2018 cuando el PIB creció a 1,3%.
En definitiva, lo que se requiere es establecer una relación o anclaje entre tasa activa y pasiva que permita obtener a la banca una razonable ganancia pero que, en ningún caso, ésta se traduzca en perjuicio del ciudadano y, más bien, favorezca la colocación de recursos para la dinamización de la economía. Recordemos que el margen de intermediación financiera, en promedio, en el mundo, llega al 5,4%.
Falta mucho por hacer en un país de grandes inequidades. En el Art. 11 de la Ley Orgánica de Apoyo Humanitario para combatir la crisis sanitaria derivada del Covid-19, se habla como si se tratase de una gran concesión que la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera, efectúe una revisión de las tasas de interés para todos los segmentos de crédito durante los años 2020 y 2021…
Que la banca esté obteniendo grandes utilidades no hace otra cosa que reafirmar las verdaderas relaciones de poder existentes en un país donde lo que hay es un gobierno ya en retirada y con una credibilidad más devaluada que el bolívar venezolano.
