viernes, abril 17, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Relatos fantásticos: del fraude a la alerta nacional

Si es real la información de inteligencia militar, sobre un presunto complot del crimen transnacional contra el presidente Noboa, el argumento correísta del fraude electoral queda como un cuento de hadas.

Cada ladrón juzga por su condición. El refrán les cae como anillo al dedo a Nicolás Maduro y a Daniel Ortega a propósito de sus declaraciones sobre los resultados electorales en el Ecuador. Que dos mandatarios que han convertido al fraude electoral en una institución del Estado denuncien un supuesto fraude en otro país es, además de cínico, abiertamente indecente. Obsceno. Si los correístas obtusos querían reforzar en el plano internacional su versión del fraude debieron conseguirse unos acólitos más presentables.

Ni siquiera Luisa González está convencida de la narrativa del fraude. Las declaraciones que formuló la noche del domingo 13 de abril, una vez anunciados los resultados por el Consejo Nacional Electoral (CNE), fueron no solo improvisadas, sino vacilantes. Ni siquiera tenía información medianamente consistente para impugnar los resultados. El acto en la sede de su partido fue bochornoso: en menos de 24 horas los principales alfiles del correísmo ya habían reconocido el triunfo de Daniel Noboa. ¿Por puro pragmatismo? Obvio, microbio.

De mantener el mismo relato, Luisa González corre el riesgo de quemarse electoralmente y autodestruirse como figura política. Puede quedar como una desubicada y sumisa mala perdedora. Desubicada, porque no se percata de la realidad del momento y del contexto; sumisa, porque acata sin pestañear la agenda del caudillo.

El Ministro de Gobierno no ha dudado en insinuar que el correísmo estaría actuando en complicidad con el crimen organizado transnacional para atentar contra la vida del presidente Noboa. Estas insinuaciones son escalofriantes, porque implicarían que la geopolítica del narcotráfico ha alcanzado niveles alarmantes.

En efecto, al único a quien le sirve le versión del fraude electoral es al expresidente Correa. Con esa cantaleta podrá subsistir durante los próximos cuatro años en ciertos espacios. Sobre todo, en los espacios de la izquierda burocrática internacional. Correa esgrimirá un discurso que le sirva para negar una evidencia incontrastable: la sociedad ecuatoriana lo rechazó en las urnas de manera concluyente. Fue él quien arrastró a la derrota a la candidata de la lista 5. La imagen de perseguido político se diluye por los propios hechos.

El panorama se les complica aún más a los correístas obtusos luego de la declaratoria de alerta máxima que acaba de hacer el régimen. El Ministro de Gobierno no ha dudado en insinuar que son ellos quienes estarían actuando en complicidad con el crimen organizado transnacional para atentar contra la vida del presidente Noboa. Estas insinuaciones son escalofriantes, porque implicarían que la geopolítica del narcotráfico ha alcanzado niveles alarmantes.

Si la información proporcionada por la inteligencia militar del país es real, y si las insinuaciones del Ministro de Gobierno son verificables, significa que el Ecuador se pudre. Porque el Estado estaría a merced de una alianza criminal que no tiene el más mínimo escrúpulo en llevarse por delante todas las instituciones: políticas, sociales, culturales, etc. Frente a esa posibilidad, el argumento del fraude electoral queda como un cuento de hadas.

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