sábado, abril 18, 2026
Ideas
Giovanni Carrión Cevallos

Giovanni Carrión Cevallos

Economista y Magister en Estudios Latinoamericanos. @giovannicarrion

El mercado laboral

Frente a una economía estancada como la ecuatoriana, resulta difícil esperar una mejora en el mercado laboral si las expectativas de variación del PIB son negativas. En el segundo trimestre de 2024, el decremento fue de 2,2 puntos porcentuales comparado con igual periodo del año anterior.

El estado de salud de una economía, y mucho más dentro de un esquema de dolarización, donde las variables de ajuste son más limitadas, se refleja -con mayor nitidez- en la calidad de su mercado laboral. A mayor dinamismo del aparato productivo nacional, las posibilidades de expansión del empleo crecen significativamente, estableciéndose, por lo tanto, una relación directa entre ellas.

De ahí que el empleo no esté atado exclusivamente a la buena voluntad de las personas para dedicar parte de su tiempo disponible a la actividad laboral. Solamente quienes, desde el oficialismo, no han conocido ni experimentado alguna vez la escasez y menos la pobreza, pueden ‘invitar’ a los ecuatorianos a trabajar, según dicen, ‘…igual de duro que estamos trabajando nosotros en el gobierno, la misma cantidad de horas, y estoy seguro que se van a comprar varios platos de comida, van a tener entrada, plato fuerte y postre’. Esto último podría leerse, entre líneas, como dejar a un lado el ocio y poner en actividad el músculo.

No obstante, la realidad contraría a la lógica gubernamental. El propio INEC en su reporte correspondiente al tercer trimestre del 2024, determina que, por ejemplo, la tasa de empleo adecuado del T III-2024, comparado con igual periodo de 2023, reportar una reducción de 0,8 puntos, al pasar de 36,2% a 35,4%. De otro lado, el subempleo, en igual rango de comparación, crece en 0.8 puntos, en tanto el desempleo se incrementa, en 0,2. En otras palabras, en el país, apenas tres de cada diez personas, ganan al menos un salario mínimo y laboran igual o más de 40 horas semanales. El resto, es decir, el 64,6% de ese segmento poblacional está en la informalidad, otras formas de empleo inadecuado/no pleno o abiertamente en el desempleo.

En Ecuador, el obrero, campesino, artesano, profesional, indígena, montubio, etc., no tienen opción para intercambiar o sustituir horas de trabajo por tiempo de ocio. En este país donde ha crecido significativamente la pobreza y profundizado la desigualdad social, el trabajo se reduce a una cuestión mucho más esencial y hasta dramática, sobrevivir a un modelo económico donde el Estado está ausente, siendo incapaz de generar la política pública encaminada a dinamizar la demanda efectiva que, dicho sea de paso, es el motor esencial de la economía, a través de sus componentes: consumo, inversión, gasto público y sector externo.

Frente a una economía estancada como la ecuatoriana, resulta difícil esperar una mejora en el mercado laboral si las expectativas de variación del PIB son negativas. En el segundo trimestre de 2024, el decremento fue de 2,2 puntos porcentuales comparado con igual periodo del año anterior.

La inversión extranjera directa durante el primer semestre de 2024 apenas registra 120 millones de dólares, cantidad absolutamente marginal e insuficiente para inyectar dólares a una economía condicionada por una deuda pública que le consume casi el 25% de su PGE.

En esas condiciones, el país sigue exportando mano de obra y conocimientos hacia el exterior, a través de un flujo incontenible de migrantes. De su parte, se proyecta que las remesas superen los 6 mil millones de dólares para este año, el equivalente al 5% del PIB, recursos –generados con sudor y privaciones de todo orden– que sostienen el consumo de las familias y de la propia demanda.

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