Para el ministro Jimmy Martin Delgado, la salud pública en el Ecuador no se encuentra en crisis. Habla más bien de la existencia de problemas o dificultades en el sistema nacional de salud, pero no de crisis, ya que ese escenario exclusivamente se configuraría con una paralización de los servicios o, dicho de otro modo, cuando las unidades médicas dejen de atender a la población.
Sin embargo, el asunto no es tan sencillo como para pretender reducir el debate a una mera cuestión semántica o de juego de palabras, desviando el foco de atención del análisis para atenuar el costo político que implica para un régimen (como ADN, que no es nuevo, ya que proviene de una etapa de transición) no haber dado respuestas oportunas a una dolorosa realidad y, por lo mismo, compartir responsabilidades con gobiernos anteriores que descuidaron al sector salud, dada la definición de sus prioridades como, por ejemplo, el pago de la deuda externa. Aún tenemos fresco, verbigracia, cómo en plena pandemia de la Covid-19, cuando los muertos yacían regados en las calles o amontonados –sin identificación- en tétricos contenedores en Guayaquil, en el Ecuador, no obstante, se pagó deuda externa, contrario a la lógica y al pedido de organismos internacionales en cuanto a la suspensión del servicio de la deuda para liberar recursos necesarios para hacer frente a una crisis de enormes proporciones.
De ahí que, si recurrimos al Diccionario de la Lengua Española, la palabra crisis tiene al menos siete acepciones, pudiendo en esta oportunidad, mencionar las siguientes: ‘1. Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados…3. Situación mala o difícil…’. En estas dos definiciones se habla de consecuencias significativas o situaciones graves. Si esto es así de claro, señor Ministro, la salud pública en el Ecuador está en crisis, con todas sus letras.
Hablamos de la falta de medicinas e insumos que afectan directamente a la calidad de la atención a los pacientes y que comprometen las posibilidades de su mejoría. También están las dificultades con el agendamiento de citas médicas que tornan a este proceso en un verdadero vía crucis, convirtiendo a la salud ya no en un derecho de las personas sino en un privilegio para quienes pueden acceder al ‘servicio’.
Y quizá el primer paso para encontrar una solución efectiva a esta tragedia que vive el Ecuador y que golpea especialmente a los estratos de ingresos medios y bajos, quienes son los usuarios regulares del sistema de salud pública, sea reconocer, precisamente, la existencia de la crisis como tal y adoptar con base al diagnóstico y análisis previo, las mejores decisiones que permitan revertir el actual estado de cosas.
Hablamos de la falta de medicinas e insumos que afectan directamente a la calidad de la atención a los pacientes y que comprometen las posibilidades de su mejoría. También están las dificultades con el agendamiento de citas médicas que tornan a este proceso en un verdadero vía crucis, convirtiendo a la salud ya no en un derecho de las personas sino en un privilegio para quienes pueden acceder al ‘servicio’. Adicionalmente, destaca la problemática vinculada con la deficiente provisión de alimentación, seguridad y limpieza dentro de las unidades médicas del Ministerio de Salud Pública, lo cual complica el trabajo de los hospitales que suman alrededor de 136 unidades a nivel nacional. Tampoco se puede soslayar los tentáculos de la corrupción que controlan las compras públicas y que desvían recursos que deberían estar al servicio del pueblo.
Quizá la expresión más clara y genuina frente a esta tragedia la dio hace pocos días un ciudadano –adulto mayor- que esperaba por atención a las afueras de una de las casas de salud de Guayaquil: ‘…Ya los pacientes aquí estamos cansados, hostigados, de que ustedes, o cualquier gobierno, digan aquí hay medicamentos para los pacientes (…), cuando no hay absolutamente nada, señor Ministro…’.
La problemática en el sector salud se la resuelve con más presupuesto y una adecuada ejecución del mismo, así como con el manejo técnico y transparente de los hospitales, incluida la definición de políticas que privilegien la atención primaria de salud (de carácter preventivo). Ocultar la realidad no hace más que agravar la CRISIS, sí, crisis en mayúsculas.
