martes, abril 21, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Fito y las intrigas políticas

Hace mucho tiempo que el fenómeno del narcotráfico se convirtió en un asunto político. Y no solamente por la penetración institucional que ha logrado, sino porque se ha transformado en un contradictor del Estado.

A lo largo de la Historia, la intriga ha sido un insumo consustancial a la política, sobre todo con regímenes opacos y autoritarios. Moverse con cautela, astucia y secretismo permite neutralizar a los rivales y alcanzar posiciones ventajosas.

La captura de Adolfo Macías, alias Fito, amenaza con convertirse en una apasionante telenovela de intriga política y suspenso. Dejará mucha tela por cortar. Desde su evasión hace año y medio hasta su más reciente detención, el caso está cubierto por un pegajoso manto de sospechas, incógnitas e incoherencia. Ni siquiera se tiene la certeza respecto de la fecha exacta de su evasión de la cárcel.

Los enredos y las jugarretas no han hecho más que escalar en los últimos días. A ello también contribuyen la torpeza y la imprudencia de las autoridades del gobierno encargadas de manejar la situación. Un triunfalismo simplón e ingenuo derivó en algunas metidas de pata monumentales. Como admitir una conversación previa entre el ministro de Gobierno y Fito a propósito de una eventual entrega voluntaria, únicamente porque alguien filtró la información. ¿Quién intriga en palacio?, sería la pregunta de rigor.

El suceso luce tan enmarañado que ha tenido hasta repercusiones internacionales. Ahora se pretende involucra al presidente Gustavo Petro en una inverosímil reunión con Fito, como si un jefe de Estado, por más extraviado que esté, pudiera llegar a esos extremos. En el supuesto no consentido de que esa versión tuviera algún asidero, antes habría que suponer que semejante tarea habría sido encomendada a un operador político hábil, confiable y eficiente.

No obstante, la oposición política en Colombia se ha agarrado del incidente para promover una peligrosa arremetida en contra del primer mandatario.

Acá en el Ecuador, la improvisada respuesta del gobierno ha sido advertir sobre otras intrigas políticas con fines desestabilizadores. Utilizar el caso de Fito para desprestigiar al presidente Noboa sería, según las declaraciones oficiales, una estrategia conspirativa de ciertos sectores a los cuales todavía no se identifica. Así de turbias están las aguas.

Al mismo tiempo, las voces que condenan con vehemencia la intención de politizar el caso quieren, contra toda lógica, reducirlo únicamente a un tema delincuencial. Vana pretensión. En efecto, hace mucho tiempo que el fenómeno del narcotráfico se convirtió en un asunto político. Y no solamente por la penetración institucional que ha logrado (en partidos, policía, Fuerzas Armadas, administración de justicia, etc.), sino porque se ha transformado en un contradictor del Estado. Es decir, en una fuerza que incide y condiciona las decisiones políticas de cualquier país. Asesinar a candidatos presidenciales, por ejemplo, no es un problema de crónica roja.

¿Qué otro delincuente puede darse el lujo de mantener una conversación virtual de 20 minutos con el ministro de Gobierno? ¿Quién que no ostente un poder real y concreto puede intentar negociar una eventual rendición con el gobierno, tal como ocurre en las guerras entre Estados?

Por eso, justamente, las intrigas políticas alrededor de la detención de Fito (y de otros narcotraficantes que eventualmente aparezcan) no cesarán.

 

Julio 2, 2025

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