viernes, octubre 16, 2026
Ideas
Andrés Ortiz Lemos

Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Erdoğan y su pequeño aprendiz andino

Las excelentes relaciones del funesto líder de Turquía, con el atento Presidente del Ecuador no son casuales. Ambos tienen muchas cosas en común y por lo tanto me imagino que tendrán varios temas de que hablar. Erdoğan persigue con saña a las minorías de su país, Correa oprime a las organizaciones indígenas con furia; Erdoğan amedrenta periodistas y caricaturistas, Correa hace lo propio; los intelectuales turcos han recibido amenazas de parte del gobierno, mientras en el Ecuador se ha estado erosionando la autonomía universitaria desde hace años; Erdoğan ha reformado, de forma abusiva, las normativas de su país para tener más poder, mientras Correa ha hecho un muy buen trabajo en la misma área.

Erdoğan fue presidente del parlamento turco desde el 2003 hasta el 2014, pero el ejercicio de poder limitado dentro de un sistema parlamentario nunca colmó sus expectativas de dominación absoluta. Erdoğan suspiraba desconsolado ante el retrato del imponente Mustafá Atakurk, padre de la nación turca y arquitecto en la creación de un estado moderno tras las cenizas Otomanas. Erdoğan, anhelaba celosamente gozar de un poder ilimitado como el de aquel mítico personaje (de quien se cuenta ideó la bandera nacional al ver la luna reflejada sobre un sublime lago de sangre tras una cruenta batalla), aunque a diferencia de aquel, despreciaba la idea de una nación laica.

A Erdoğan se le hacía poca cosa ser Primer Ministro. No tenía porque dispersar sus decisiones en engorrosas negociaciones parlamentarias. Él anhelaba conjugar el poder y el prestigio de un presidente moderno, con las delicias de los míticos califatos otomanos. Musulmán conservador, Erdoğan deseaba con fervorosa devoción imponer los valores mahometanos, y al mismo tiempo limitar cualquier atisbo de pensamiento plural en su país. En cuanto a la minoría kurda ni hablar. Había que continuar machacándolos, asesinándolos impunemente, incluso fuera de las fronteras, hacia el norte de Irak o en las regiones kurdas de Siria. Se necesitaba mano dura, y para eso no bastaban las débiles reglas del juego democrático.

Erdoğan es un político hábil. Logró mover los engranajes para que las próximas elecciones presidenciales no se decidan en el parlamento sino por votación popular, y amplió significativamente el rol de la figura presidencial. Por su puesto él mismo postuló como candidato, de ese modo echaría carta de estrategias populistas, manipularía el fervor religioso de la gente y se haría con el poder. Así pues, para el 2014, el ambicioso líder culminó su labor como Primer Ministro y fue embestido Presidente, con poderes substancialmente ampliados. Inmediatamente se reformaron varias normativas a fin de entregarle más atribuciones. Por su puesto la represión subió como espuma. Caricaturistas fueron perseguidos, intelectuales encarcelados, minorías étnicas masacradas y torturadas. Varios académicos han llegado a decir que su gobierno cumple un papel prioritario en armar y fortalecer al Estado Islámico en su lucha contra el presidente Chiita de Siria.

Quien tiene poder quiere más, y quien tiene más no podrá dormir hasta encarnar poder absoluto. Erdoğan es un vivo ejemplo de esa regla. En su afán por reformar la Constitución de su país y generar un estado híper presidencialista, el nuevo mandatario necesitaba mayoría legislativa, pero al ver opacados sus sueños de grandeza tras elecciones parlamentarias adversas en julio del 2015, Erdoğan se enfureció. Varios partidos independientes, incluyendo un pequeño partido pro kurdo habían ganado demasiado espacio político. Es aquí cuando la ferocidad de este brutal líder despertó de manera alarmante. El caudillo bombardeó territorios kurdos esperando cualquier respuesta, y generó atentados de los cuales responsabilizó a sus adversarios políticos. Murieron miles de personas. Tras aquella estratagema aberrante Erdoğan adelantó elecciones y ese mismo año, logró ganar la mayoría que necesitaba y dejar el camino libre para la instauración de un régimen hiper presidencialista. Un nuevo sultanato, según varios especialistas, se estaría gestando.

Las excelentes relaciones del funesto líder de Turquía, con el atento Presidente del Ecuador no son casuales. Ambos tienen muchas cosas en común y por lo tanto me imagino que tendrán varios temas de que hablar. Erdoğan persigue con saña a las minorías de su país, Correa oprime a las organizaciones indígenas con furia; Erdoğan amedrenta periodistas y caricaturistas, Correa hace lo propio; los intelectuales turcos han recibido amenazas de parte del gobierno, mientras en el Ecuador se ha estado erosionando la autonomía universitaria desde hace años; Erdoğan ha reformado, de forma abusiva, las normativas de su país para tener más poder, mientras Correa ha hecho un muy buen trabajo en la misma área.

No debemos extrañarnos de la salvaje violencia que recibieron las jóvenes que trataron de protestar pacíficamente en el IAEN (una universidad cuya rectora fue impuesta, autoritariamente, por decreto Presidencial sin que el CES diga ni pío) por parte de fuerzas de seguridad turcas. Erdoğan estaba visitando a su pequeño aprendiz andino, y desde luego se sentía como en casa.

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