A veces mis alumnos, llevados por el fetichismo de la rapidez en estos tiempos, me piden una definición “pero cortita, profe” de periodismo. Suelo echar mano de una que he interiorizado a lo largo de mis años de oficio y de docencia. El periodismo, les digo, no es otra cosa que el ejercicio incesante de la pregunta. Es que, si algo nos define como seres humanos, es nuestra capacidad de interrogar al mundo que nos rodea, porque la vida misma tiene una naturaleza interrogativa.
Los profetas de los algoritmos, en cambio, promueven lo contrario. No se preguntan acerca de los proyectos de dominación que están detrás de esta industria, ni sobre las condiciones de producción de las respuestas, ni sobre sus efectos en los procesos cognitivos. Alientan, más bien, una actitud religiosa, en tanto ausente de crítica, respecto de la inteligencia artificial. Como productos de la razón instrumental, los algoritmos tienen una naturaleza asertiva, matemática. De otro lado, el pensamiento social y humanístico, del cual se nutre el periodismo, ha sido y sigue siendo la más valiosa herramienta para la indagación y la comprensión del mundo.
Pero volvamos al tema de las preguntas con las que inicié este texto. Se inaugura la carrera de Periodismo en la Facultad de Comunicación Social (Facso) de la Universidad Central del Ecuador (UCE) con el papelón bastante difundido en las redes de sentar en la mesa directiva a la asambleísta Jhajaira Urresta, conocida por su alineamiento con el gobierno de Daniel Noboa, que ha profundizado la persecución a periodistas, estudiantes, líderes sociales y toda persona que lo cuestione. Flagrante contradicción, pero no la única.
La persona que ocupa el cargo de director de la nueva carrera propone, a juzgar por su intervención, reemplazar la naturaleza interrogativa del periodismo por una dudosa experticia en algoritmos. Me pregunto: ¿hay algo más funcional al poder y a sus proyectos de dominación que tratar de extinguir el fundamento principal del periodismo, como es la práctica de la pregunta?
Si hay algo que los servidores del poder odian y temen a la vez, son las voces que los interpelan. Eso explica por qué durante la transmisión en línea de la inauguración de la carrera de Periodismo los organizadores bloquearon la función de comentarios. ¿Se puede hablar de periodismo desde una posición que privilegia la unilateralidad de la comunicación en contra de la pluralidad de voces, que es su mayor riqueza?
Parece un error, pero me temo que no lo es. Solo vislumbro dos explicaciones: o las personas encaramadas en la conducción de la facultad y la nueva carrera desconocen los fundamentos del periodismo o simplemente revelan que entre la libertad de expresión y la censura apuestan abiertamente por la segunda. Si fuera la inauguración de una fábrica de ladrillos, tampoco se justificaría, aunque se entendería. ¿Pero iniciar una carrera de Periodismo censurando a las audiencias?
Bueno, dejemos atrás ese lamentable acto en el que, sin quererlo, me detuve demasiado.
Quiero decir que, pese a todo (a pesar de usted, diría Chico Buarque), las y los estudiantes de la nueva carrera de Periodismo llegan a un laboratorio viviente, a un terreno abonado para aprender el ejercicio crítico de la pregunta. Digo, si es que acaso los dejan. Si logran eludir la trampa algorítmica en que los quieren meter, podrían preguntar cosas como:
¿Por qué ocupa la dirección de la nueva carrera una persona que no puso una sola letra en el proyecto, mientras que el principal gestor de la carrera, que lideró su construcción de principio a fin y logró su aprobación en el Consejo de Educación Superior (CES), ha quedado marginado y todo su trabajo intelectual invisibilizado para beneficio de otros?
Entonces constatarán que una pregunta lleva, irremediablemente, a otra y querrán saber:
¿Por qué en varias facultades de la UCE, entre ellas la Facso, se nombraron y se mantienen autoridades en total contradicción con lo que establecen el Estatuto Universitario y el Reglamento de Elecciones, así como el principio de respeto al mérito académico?
Si tienen suerte y no los callan antes, podrían seguir preguntando:
¿Por qué el rector de la UCE no responde a una carta pública enviada por la Federación de Asociaciones de Profesores de la Universidad Central (FAPUC) en la que los representantes gremiales señalan temas de enorme preocupación como la vulnerabilidad de las y los docentes por contrato, la sobrecarga laboral, el clima laboral adverso, el abuso de poder, la violencia psicológica, entre otros, que en cualquier lugar harían saltar las alarmas? Yo diría que falta la pregunta tan eludida sobre violencia de género y acoso sexual, especialmente contra las estudiantes.
Las y los estudiantes de la nueva carrera de Periodismo comenzarán entonces a desbrozar el camino hacia la esencia del oficio: la pregunta incómoda. Y entenderán que la respuesta no está en los algoritmos, sino escondida en la trama y el abuso del poder, y que ese poder lo ejercen personas con nombres y apellidos, y que la misión del periodismo es revelar aquello que alguien, justamente desde una posición de poder, no quiere que se sepa.
Cuando lleguen a ese punto, no tendrán salvación, porque habrán entendido que el periodismo no lo ejercen las máquinas ni los algoritmos, sino las personas que dudan, que interrogan la realidad y construyen la información y los relatos sabiendo que el periodismo siempre será un intento fallido de atrapar la complejidad de la vida, porque está hecho por seres con sangre y nervio, por tanto, con humanos límites.
Para entonces ya no podrán renunciar a la pregunta, como quieren los profetas de los algoritmos. Y tendrán miedo, no de preguntar sino de callarse. Tendrán terror, no del poder y sus represalias sino de usurpar el trabajo intelectual de otro. Entonces serán periodistas con pensamiento crítico y profundo, el único que sirve para este oficio.
Por favor, no los confunda usted con diseñadores de prompts.
