lunes, mayo 18, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Elecciones: ¿momento cívico o religioso?

Si ambos candidatos realmente profesaran una fe no andarían exponiéndose en público a ver si obtienen adhesiones electorales.

Si alguien todavía duda de la derrota del laicismo en el Ecuador debe pasarle revista a la liturgia política nacional. Estamos impregnado de religiosidad hasta los tuétanos.

Empecemos por la norma general. Un siglo después de que Eloy Alfaro proclamara el Estado lacio en la constitución de 1906, la izquierda curuchupa ecuatoriana decidió invocar al dios cristiano y a los dioses ancestrales en el preámbulo de la constitución de 2008. La invocación, sin embargo, no sirvió para impedir que a partir de entonces se cometieran una serie interminable de crímenes políticos desde el poder: latrocinio, persecución a opositores y activistas sociales, violación de la ley, fraudes electorales, etc.

La liturgia política suele exacerbarse en los períodos electorales. Ahora vemos al presidente Noboa, en arrebato místico, rezando de rodillas en una iglesia junto a su esposa. O a Luisa González recibiendo una imposición de manos en un templo evangélico, donde le vaticinan un itinerario sagrado hacia Carondelet. Si ambos candidatos realmente profesaran una fe no andarían exponiéndose en público a ver si obtienen adhesiones electorales. La introspección religiosa no necesita de audiencia porque compete al ámbito de la intimidad personal.

Y ahora nos toca ingresar devotamente en el período de silencio electoral, una disposición que se parece mucho a un retiro espiritual. Se supone que durante tres días los electores vamos a reflexionar sobre aquellas virtudes que nos enseñarán el camino correcto hacia las urnas. La autoridad electoral espera que se reemplace la amígdala, esa glándula con la cual la mayoría de los ecuatorianos terminan votando, por el corazón o por el cerebro. Para complementar, nos imponen una ley seca con el único propósito de que no confundamos la semana santa electoral con el carnaval.

¿Quieren más evidencias? Pues la última movida de los aspirantes al sillón presidencial ha sido la incorporación a la campaña de dos figuras estrambóticas que, con un rayo fulminante, terminarán con las mafias del narcotráfico, la inseguridad y el crimen organizado. Es la evocación de la imagen del ángel exterminador que todos, mal que bien, tenemos incorporada a nuestro inconsciente: aquel que, por disposición de dios, viene a devastar la tierra donde florece la maldad humana. Daniel Noboa y Luisa González han recurrido a dos personajes que no ocultan para nada la estrategia de extermino que subyace a su visión de la seguridad púbica.

Si en algo se diferencian Erik Prince y Jan Topic es que el primero habla un inglés fluido y el segundo habla un inglés en modo llamingo. Nada más. Del resto, ambos responden a un mismo patrón: se promocionan como experimentados mercenarios dispuestos a resolver el problema de la inseguridad desde la más cruenta violencia oficial. En otras palabras, desde la violencia divina.

Por desgracia para el Ecuador, ni Noboa ni Luisa profesan una religión pagana. Si lo hicieran, antes de meterse a redentores habrían regresado la mirada al cielo a ver si el dios Júpiter no estaría amenazando con fulminarlos de un fogonazo.

Abril 11, 2025

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