domingo, junio 14, 2026
Ideas
María Fernanda Moscoso

María Fernanda Moscoso

Investigadora independiente, migrante y transdisciplinar, explora el mundo entre el arte, la escritura y la etnografía.

El manglar más hermoso del mundo, la resistencia

Doña Rosita es una de las supervivientes del terremoto que ha arrasado las ciudades y comunidades de la costa en Ecuador. Ella y los nietos a los que cuida. Una superviviente, como el bosque de manglares al que protege. Su historia tiene lugar bajo el influjo de los mismos planetas que han aparecido y desaparecido junto a millones de supervivientes de otros tiempos y espacios.

La historia de cualquier tierra comienza en la naturaleza

J. Frank Dobie

Hay resistencias que son pequeñas y cotidianas, como los gorriones o los limones. Casi invisibles a los ojos. Hace siglos, en Muisne, los pies negros y desnudos de las mujeres caminan entre el lodo y el agua. Agua de sal y de dulce. Son recolectoras de conchas prietas. Un manjar que doña Rosita, la esposa de un pescador cuya familia vive en la isla hace decenas de años, convierte en suculentos platos, acompañados de maní, coco y plátano verde. Doña Rosita, al igual que otras mujeres de la zona, defiende el bosque de manglar o lo que queda de él, con su cuerpo. No está dispuesta a ceder su vida al capital y lucha contra la destrucción de un hábitat que es del pueblo (las mujeres y los niños, los pelícanos, las ballenas, los ancianos, los peces, los cangrejos. todos). La tierra y el mar no pertenecen a las empresas ni a las multinacionales ni a los gobiernos. Se trata de un principio que no es humano. Es un principio cosmológico y telúrico.

La concha prieta se encuentra enterrada en el lodo de los manglares, desde la zona de raíces hasta unos 5 centímetros de profundidad. La recolección de moluscos y conchas entre los manglares es una actividad que se ha transmitido de generación en generación entre las mujeres de las comunidades. Son los manglares más altos y hermosos del mundo. Crecen en Esmeraldas, la provincia verde, en Ecuador. Ese pequeño país cuyo ídolo, durante muchos años, fue un hombre que hacía marcha y que parecía una gacela que, con cada paso, encendía los corazones de sus compatriotas, como una lamparita. Y son hermosos porque son robustos y porque huelen mal. Son como montañas en cuyos bosques los organismos se reproducen, las larvas de los peces pueden crecer y en cuyas hendiduras habitan crustáceos y moluscos. Sus raíces reducen los impactos del mar, cuando hay oleaje. Y con ello, protegen a las comunidades que viven de cara al Pacífico. 

Las leyes del mercado y las de la naturaleza, destruyen a los menos fuertes. Parece que el tiburón siempre abre su boca para devorar al menos veloz o ágil o temerario. La vida no vale lo mismo. Y en consecuencia, la muerte tampoco. Un terremoto en Japón no destruye de la misma forma que uno en Ecuador. Y las casas que permanecen de pie en Ecuador no son las mismas. Ni lo que viene después de las catástrofes. Si falta agua, quién tiene más derecho a beberla. Quién.

Doña Rosita es una de las supervivientes del terremoto que ha arrasado las ciudades y comunidades de la costa en Ecuador. Ella y los nietos a los que cuida. Una superviviente, como el bosque de manglares al que protege. Su historia tiene lugar bajo el influjo de los mismos planetas que han aparecido y desaparecido junto a millones de supervivientes de otros tiempos y espacios. 

En realidad, quiero decir que los gorriones pesan alrededor de 30 gramos y cuentan con un gran repertorio de cantos que suena a chipchip, chirr-r-r- o chipchiu- chuurp-chelp. La lucidez de los sobrevivientes es la de aquellos que intuyen que en la vida hay dolor y en el dolor, la inmensa ocasión de otra cosa. Algo quizás, parecido a un limón y dentro del limón, la posibilidad de escuchar la voz de Máxima Acuña, líder indígena peruana que acaba de ganar el premio Goldman por su lucha, junto a su comunidad, contra la minería en Cajamarca. Máxima Acuña cantando: camita yo no tenía, camita yo no tenía, con pajita me abrigaba, con pajita me abrigaba. Por defender mis lagunas, por defender mis lagunas, la vida quisieron quitarme, la vida quisieron quitarme. Y luego dice: Yo no tengo miedo (a las empresas). Seguiré luchando.

La Asociación Humboldt apoya la colecta emprendida por el Centro Martín Pescador de Quito, destinada a las mujeres recolectoras de concha y ostiones de Muisne que se quedaron sin hogar. Las donaciones se reciben hasta el viernes 22 de abril, 14h00.

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