viernes, abril 3, 2026
Ideas
Francisco Carrión Mena

Francisco Carrión Mena

Embajador, ex canciller del Ecuador.

El Derecho Internacional ha muerto

Resulta sorprendente que Estados Unidos rompa con sus aliados de Occidente y quiera por sí solo controlar no solo su región natural que es América Latina sino el mundo entero.

El presidente de los Estados Unidos de América, señor Donald Trump y sus acólitos abiertamente reaccionarios y enemigos de la ley, al atacar y agredir a Venezuela para capturar al sin ninguna duda tirano sátrapa presidente ilegítimo de Venezuela Nicolás Maduro, con el propósito de someterle a juicio en las cortes de Nueva York por los múltiples delitos cometidos en su país, ha roto con el Derecho Internacional.

La justificación para incursionar era luchar contra el narcotráfico en el Caribe y controlar el ingreso ilegal de migrantes venezolanos en Estados Unidos que huían de la trágica situación de su país. Resultaba entendible y hasta deseable que Maduro deje su función para que responda por sus fechorías ante los tribunales internacionales competentes. Así se restablecería la democracia y los derechos humanos en Venezuela e imperaría el orden internacional que por décadas ha primado en la comunidad internacional. Pero todo esto con Maduro fuera del poder y sujeto a las leyes internacionales la situación era distinta a la que se produjo: el autoritarismo del señor Trump llevó a Maduro a someterse por la fuerza a las leyes internas de su país.

Por otro lado, el mismo presidente Trump sin mostrar el menor remordimiento y menos aún preocupación por el cumplimiento de la ley internacional anunció olímpicamente que se proponía anexar a su vecino del norte, Canadá, para que sea el Estado 51 de la Unión.

Lo mismo proclamó respecto de la gigantesca isla ártica Groenlandia que es parte autónoma del Reino de Dinamarca y anunció que lo hará “por las buenas o por las malas”. Es decir sea negociado o por la fuerza.

Como era previsible, tanto en el caso de Canadá como en el de Groenlandia sus autoridades gubernamentales rechazaron con firmeza las pretensiones de Trump.

En el caso de Canadá la aspiración parecería desinflarse. Canada es un país institucionalizado, fuerte, con una importante población, una economía sólida de la que dependen muchos Estados del norte de Estados Unidos, particularmente en el campo agrícola y comercial.

Pero en lo que hace a Groenlandia, la situación ha llegado a un punto de tensión sumamente peligroso ya no solamente para Estados Unidos sino para el mundo entero. La población de Groenlandia no llega a los 100 mil habitantes y Dinamarca, país del que depende Groenlandia no es una potencia que pueda hacer frente a los Estados Unidos. Ah, pero eso sí, forma parte de la OTAN y de la Unión Europea que si bien todos los países unidos no serían lo suficiente poderosos para hacer frente a la maquinaria de guerra de los Estados Unidos. Pero esa confrontación significaría la ruptura del mundo occidental y podría permitir el ingreso de potencias como China, Rusia, India que con su sorprendente crecimiento en todos los ámbitos rompería el orden internacional que por más de 80 años, mal o bien, ha sostenido el equilibrio internacional después de la Segunda Guerra Mundial.

Resulta sorprendente que Estados Unidos rompa con sus aliados de Occidente y quiera por sí solo controlar no solo su región natural que es América Latina sino el mundo entero.

Pero el autoritario e imprevisible presidente Trump, con sus proclamas belicistas no se ha quedado solamente ahí. En América Latina anunció que a Colombia y a su presidente Petro le sucederá en términos de narcotráfico lo mismo que a su vecino venezolano. Es decir, abrir un nuevo frente de guerra, esta vez con Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, echarlo del cargo y apropiarse, tal como lo hizo con Venezuela, de Colombia.

Y al paso de esta atropellada carrera que tiene como justificación al narcotráfico, acabaría con el complicado y prolongado caso de Cuba y de Nicaragua. Así pues, los Estados Unidos y su audaz y autoritario presidente remodelarían el mapa del mundo y el de América Latina y el Caribe a su conveniencia y necesidad rompiendo todo ordenamiento jurídico internacional diseñado, paradójicamente por los propios Estados Unidos en los años 40 del siglo pasado.

En resumen, el advenimiento al poder del país más poderoso del planeta de un presidente autoritario que se cree dueño del mundo y, sobretodo, que muy poco lo importa el imperio de la ley internacional que hace varias décadas, paradójicamente, fue el promotor de su creación. Que duda cabe, en esta atropellada coyuntura el Derecho Internacional ha muerto.

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