miércoles, abril 1, 2026
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Patricio Moncayo

Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El corolario a la Doctrina Monroe 

Trump ha revelado ser un hombre de acción que no se arredra frente a las amenazas y peligros, y que sabe encuadrar su acción en los límites de la realidad.

La intervención estadounidense en Venezuela del 3 de enero de 2026 ha abierto un debate sobre sus fundamentos, intenciones y objetivos. En 1823, James Monroe dio nacimiento a la doctrina de su mismo nombre: América para los americanos. Pretendía con esta doctrina prever los intentos de una restauración colonial europea luego de la independencia de los países de América Latina. Esto se estipuló antes de que Estados Unidos  tuviera el poder necesario para  imponer tal proclama. Con Theodore Roosevelt esta estrategia se amplió a comienzos del siglo XX. Ante la ausencia de una fuerza policial eficaz, Roosevelt consideró que le correspondía a los Estados Unidos jugar el papel de guardián del orden cuando este sufría un quebranto en cualquier país vecino.

Este fue el corolario de la doctrina Monroe. Un país como Estados Unidos no podía quedar impasible si un país vecino no vivía de acuerdo a las normas del derecho internacional. Roosevelt no creía en invocaciones abstractas de la buena voluntad internacional. Las grandes declaraciones de principios de nada servían si no había la capacidad de imponerlos con la fuerza. Fue enfático en este punto:

“Siempre debemos recordar que sería fatal para los grandes pueblos libres reducirse a sí mismos a la impotencia y permitir que el despotismo y la barbarie se armen”.

En el siglo XX, tras las dos guerras mundiales, Estados Unidos impulsó la creación de las Naciones Unidas. Para ello se basó en la visión de Woodrow Wilson que sostuvo puntos de vista distintos a los de Theodore Roosevelt. También Franklin Delano Roosevelt introdujo nuevos enfoques de política exterior que permitieron una alianza con Stalin frente a la Alemania nazi.

El conflicto de Venezuela con las compañías internacionales llevó a la confiscación de activos de las estadounidenses Exxon Mobil y Conoco Philips “que ganaron arbitrajes internacionales con indemnizaciones millonarias nunca satisfechas”. A esto se refiere Trump cuando habla de robo.” Las expropiaciones no se hicieron correctamente no fueron indemnizadas” ( Gonzalo Escribano El País de España) Hay, pues, un litigio en torno al petróleo. Esto viene desde la primera presidencia de Trump.

Ahora se agrega el tema del narcotráfico y de los carteles que operan impunemente en gobiernos latinoamericanos autodefinidos como de izquierda. Se trata de una nueva amenaza no solo para esos países y sus pueblos sino para los Estados Unidos. Aunque Trump no tiene la sofisticación intelectual de T.Roosevelt, se ha basado en los mismos conceptos de Roosevelt en su intervención militar en Venezuela que responde a la lucha que ha emprendido contra los carteles de la droga. De esto no hablan los que sostienen que, más que en el derrocamiento de un régimen despótico e ilegal como el de Venezuela, Trump estaría interesado en apropiarse de los recursos energéticos del país caribeño. El incierto panorama  del sector petrolero venezolano está íntimamente relacionado con el giro que tome el futuro político del país.

Por eso se valora la intervención militar decidida por Trump como un paso necesario hacia el restablecimiento de la legalidad e institucionalidad del Estado venezolano. Esto no puede ocurrir de la noche a la mañana. “Un país de raíz democrática tendría la legitimidad para emprender las urgentes y profundas reformas que el sector petrolero requiere”  ( Gonzalo Escribano El País).

En todo caso, Trump ha revelado ser un hombre de acción que no se arredra frente a las amenazas y peligros, y que sabe encuadrar su acción en los límites de la realidad. En esto también sigue pautas consagradas en la historia norteamericana. El propósito y lo posible para que se enlacen deben basarse en un análisis no sentimental y realista de los factores subyacentes, tanto culturales como geopolíticos, y los recursos de los adversarios. Esto presupone un elemento estratégico de la política para asegurar que ella sea efectiva.

En este proceso son las fuerzas democráticas de Venezuela las que deben demostrar capacidad para dirigirlo y decidir libremente, sin renunciar a su independencia, sobre su futuro. El régimen de Maduro aun no ha sido derrocado. Trump se está jugando la carta de negociar con quien todavía tiene poder bajo ciertas condiciones.  La oposición y sus líderes no podían reemplazar a la dictadura mientras el poder seguía en sus manos.  El cálculo de Trump luce realista.

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