jueves, abril 30, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Confusión

En nuestro país los enredos proliferan a un ritmo vertiginoso. Leonidas Iza acaba de endilgarle el calificativo de socialdemócrata al populismo reaccionario que representa Luisa González. Como para que todos en combo terminemos en el siquiatra.

El caos político e ideológico se instaló definitivamente en el contexto mundial. Y, por obvia añadidura, también ocupa nuestra modesta geografía. Veamos.

Para buena parte de la izquierda, USAID, la agencia de cooperación de los Estados Unidos, era la punta de lanza de la CIA y del imperialismo yanqui. Para Elon Musk fue la trinchera de la extrema izquierda. Por eso mismo el gobierno de ese país decidió suspenderla.

Otra parte de la izquierda internacional, afectada por una suerte de enajenación selectiva, justificó fervientemente la invasión rusa a Ucrania bajo el argumento de que era fundamental detener la expansión de la OTAN y del gobierno gringo en esa zona de Europa. Sin embargo, Trump no solo acaba de tender puentes para una negociación directa y amigable con Putin, sino que calificó a Volodímir Zelenski, presidente electo de Ucrania, como un dictador. Hasta los aliados incondicionales de Estado Unidos en Europa han tendido que salir a rechazar esa postura.

En Colombia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha decidido torpedear la estrategia de pacificación de Gustavo Petro, un antiguo guerrillero que llegó al gobierno desafiando a la derecha colombiana que el ELN dice combatir. Petro, a su vez, ha acusado al grupo guerrillero de estar disputándose a bala el negocio de la droga y del oro ilegal que funciona a pedir de boca en un amplio territorio de ese país. En concreto, repite una acusación exactamente igual a la que en sus días hicieron los gobiernos oligárquicos en contra del M-19, la guerrilla de la cual formó parte hace muchos años.

En nuestro país los enredos proliferan a un ritmo vertiginoso. Cuando Daniel Noboa se lanzó de candidato a la presidencia de la república, se autodefinió como un político de centro izquierda. Hoy, Leonidas Iza, presidente de la CONAIE y excandidato a la presidencia, lo acusa de ser un filo fascista, cuando lo que en realidad representa Noboa es un proyecto oligárquico anarco-capitalista. A no dudarlo, está ubicado en la extrema derecha, pero, como brillantemente lo afirmó Emilio Gentile —quizás el mayor estudioso del fascismo en la actualidad— a propósito de Giorgia Meloni, la actual presidenta de Italia, no es lo mismo ser de ultraderecha que ser fascista. Y la diferencia no es menor.

Para remate, Iza acaba de endilgarle el calificativo de socialdemócrata al populismo reaccionario que representa Luisa González. Como para que todos en combo terminemos en el siquiatra.

¿Qué implicaciones tiene esta confusión aparentemente irresoluble? En principio, que cada vez se vuelve más difícil entender las confrontaciones y contradicciones globales, regionales y nacionales que se producen en la escena política. Pero, sobre todo, que los verdaderos intereses y fuerzas en disputa operan en una realidad paralela. Mejor dicho, en la realidad real del poder.

El imperialismo de bandera dejó de existir hace mucho tiempo. Ahora asistimos al imperialismo de las gigantescas corporaciones transnacionales que tienen tentáculos en los lugares más insospechados del mudo. Por eso mismo se denominan transnacionales. Y por eso mismo se mimetizan con tanta facilidad.

Febrero 21, 2025

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