@GabyMunoz777
Este texto no es una remembranza del potente e histórico amor entre Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru y Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco. Este texto explora las otras facetas de una de las mujeres más influyentes en la historia de América Latina.
Porque a Manuela Sáenz no hay que etiquetarla como “la libertadora del libertador” sino como la mujer política, intelectual, estratega, consejera de gobierno, asesora, informante, luchadora, patriota, militar, secretaria particular y financista del proceso de independencia que nuestro continente experimentó para expulsar al reino de España. Porque la cruzada libertaria de nuestros países fue uno de los sucesos más significativos en la historia mundial.
Pero, me pregunto, para que Manuela se convirtiera en un personaje trascendente, ¿cuáles fueron sus inicios, qué educación recibió, cómo fue su entorno?
Tras consultar más de 40 fuentes bibliográficas, Amy Taxin escribió para la Revista Ecuatoriana de Historia, publicada por Corporación Editora Nacional, que Manuela pertenecía a la élite quiteña y que las mujeres de clase social alta del siglo XIX eran educadas, amantes de la literatura y accedían a información sobre lo que pasaba en el mundo. Eran reconocidas por su inteligencia e intelectualidad.
“Por ello, en el proceso de independencia, las mujeres establecieron una red informativa en la que ellas servían como eslabones principales. Asistían y organizaban las tertulias de la época, y servían como informantes para las fuerzas patriotas”, escribe Taxin.
El padre Mario Cicala, sacerdote italiano que residió en Quito entre 1743 Y 1767, hace una descripción detallada del papel de la mujer en la vida cotidiana: «Como todas las nobles señoras, primero aprenden a leer y escribir, antes que a cocinar, y desde la infancia se aplican a leer libros espirituales y libros de historias y otras materias políticas».
También anota la vivacidad y agudeza con las cuales estas mujeres se unían al discurso liberador. Concluye que la buena educación conducía a las mujeres quiteñas a «resaltar maravillosamente su capacidad en las conversaciones, haciendo ostentación de palabras selectas y de erudición, mas con discreta sabiduría y sin afectación».
Amy Taxin escribió para la Revista Ecuatoriana de Historia, publicada por Corporación Editora Nacional, que Manuela pertenecía a la élite quiteña y que las mujeres de clase social alta del siglo XIX eran educadas, amantes de la literatura y accedían a información sobre lo que pasaba en el mundo. Eran reconocidas por su inteligencia e intelectualidad.

Las lecturas de Manuela se reflejaban en su forma de escribir. Las cartas que redactó para Bolívar y Juan José Flores tenían cadencia, eran claras, profundas, contundentes y rebeldes.
Usted me habla de la moral, de la sociedad. Pues bien, sabe usted que todo eso es hipócrita, sin otra ambición que dar cabida a la satisfacción de miserables seres egoístas que hay en el mundo.
Dígame usted: ¿quién puede juzgarnos por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se unan, ¿por qué S.E. y mi humilde persona no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé?
Usted, mi señor, lo pregona a cuatro vientos: “El mundo cambia, la Europa se transforma, América también…” ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian. Yo leo fascinada sus memorias por la Gloria de usted. ¿Acaso compartimos la misma? No las habladurías, que no importunan mi sueño. Sin embargo, soy una mujer decente ante el honor de saberme patriota y amante de usted.
Su querida a fuerza de distancia,
Manuela
Ricardo Palma, importante escritor peruano, visitó a Manuela cuando estuvo desterrada en Paita (Perú) y describió la gran pasión que Sáenz sentía por la literatura:
“Esta leía a Tácito y a Plutarco; estudiaba la historia de la Península en el Padre Mariana y la de América en Solís y Garcilaso; era apasionada de Cervantes y para ello no había poetas más allá de Cien Fuegos, Quintana y Olmedo. Se sabía de coro el Canto a Junín y parlamentos enteros de Pelayo, y sus ojos, un tanto abotagados ya por el peso de los años, chispeaban de entusiasmo al declamar los versos de sus vates predilectos”.
Para conocer más detalles sobre la vida de Manuela entrevisto a la argentina Florencia Canale, miembro del grupo de escritores que publican sus libros bajo el sello de la editorial Planeta.
Canale escribió La Bastarda, una novela histórica sobre la prócer quiteña. En una entrevista por videollamada, Florencia —de cabellera larga, rubia, rostro angular y voz melodiosa— habla desde su departamento en Buenos Aires.
Me dice que ella está “manuelizada”. “Es poderosa esta mujer. Es inteligente, sensual, apasionada y con una visión política que generó cierta incomodidad en el círculo cercano de Bolívar, porque la consideraban peligrosa, ya que El Libertador empezó a escucharla más a ella e incluso a dejar que llevara su correspondencia personal, convirtiéndola en lo que sería ahora la consejera política y secretaria particular del libertador y creador de constituyentes que sacaron a España de nuestro continente”.
Tras varias investigaciones para escribir La Bastarda, Florencia concluyó que Manuela era rebelde y amaba la libertad porque, precisamente, su entorno la ayudó a entender la importancia de ser libre. “Fue la hija ilegítima de Joaquina Aizpuru, un escándalo en esa época. Su padre, Simón Sáenz de Vergara y Yedra, un hombre de negocios que llegó a ser regidor de la Audiencia Real de Quito, la envió a que pasara sus primeros años en el convento. Su origen bastardo es un factor decisivo para que sea una defensora a ultranza de la libertad, que es el eje de su vida”.
“Es poderosa esta mujer. Es inteligente, sensual, apasionada y con una visión política que generó cierta incomodidad en el círculo cercano de Bolívar, porque la consideraban peligrosa, ya que El Libertador empezó a escucharla más a ella, convirtiéndola en lo que sería ahora la consejera política».
Florencia hace un gesto con sus ojos y recalca con firmeza: “La libertad fue el eje de vida de Manuela. Hay una injusticia en la narración de su historia porque se afirma que ella empezó a ser reconocida desde que conoció a Bolívar. Y no es así. Ella conoció al Libertador cuando ya había recibido la orden peruana de Caballeresa del Sol por el general José de San Martín. Ella ya era un personaje influyente en el proceso de independencia. Era una patriota conocida. Por lo tanto, Simón Bolívar era el amante de Manuela Sáenz y no al revés. Cuando se conocieron en Quito fue el encuentro de dos grandes políticos”.
Además, Manuela fue financista de la causa revolucionaria. En la Revista Ecuatoriana de Historia se indica que hay un documento que se encuentra en el Archivo Metropolitano de Quito y que revela su contribución a las tropas patriotas en 1822:
“Son cargo en préstamo seiscientos ochenta pesos que la Señora Manuela Sáenz ha suplido para subvenir a las actuales urgencias en el socorro de la tropa que marcha a la expedición contra Pasto”.
La contribución fue oportuna. Cuatro días después el ejército patriota venció a las tropas realistas en la Batalla de Pichincha y así se aseguró la libertad de la Audiencia de Quito.
Pero Manuela no sólo financió la lucha, sino que participó en ella. Juan Francisco Ortiz la describió así en 1907 en su libro Reminiscencias:
“Sabía manejar la espada y la pistola; montaba muy bien a caballo, vestida de hombre, con pantalón rojo, ruana negra de terciopelo y suelta su larga cabellera”.
Por su rol en la Batalla de Ayacucho fue nombrada Coronel de Ejército.
Manuela Picq, profesora de feminismo y militante política, dice que “la personalidad de Manuela Sáenz es tan única y controversial que incluso sería incómoda si hubiera vivido esta época”.
Entrevisto a Manuela cuando ella está en Marruecos. Me cuenta, desde una casa bella de paredes blancas y amplios ventanales, que escribe un libro sobre pueblos indígenas y Estado moderno. Para conversar prefiere salir a la terraza y, mientras toma el sol, revisamos la vida de la heroína que lleva su nombre.
“Te cuento que mi madre es feminista y me puso Manuela, un antiguo nombre de Portugal y España.
Cuando llegué al Ecuador conocí la vida de Manuela Sáenz. Ella es disruptiva. Es libre. No le importa el qué dirán. Ama sin necesidad de casarse. Ella defiende su autonomía. Con Bolívar tiene una relación política, geopolítica e intelectual. Bolívar la necesitaba porque era su asesora para consolidar el proyecto político de la Gran Colombia”.
Manuela Picq señala que defender las causas, los ideales y hablar de frente es y seguirá siendo difícil para la mujer, pese a algunas conquistas que ha logrado el movimiento feminista.
Ríe cuando recordamos las polémicas que ella ha generado en redes sociales. “Las mujeres que decimos lo que pensamos somos incómodas ahora y antes. Manuela fue una política que abrió su camino y estoy segura que —como estratega que era— sabía que eso debía tener un precio. Luego de que falleciera Bolívar y de que el proyecto de la Gran Colombia se desbaratara, ella fue desterrada. Vicente Rocafuerte no la permitió regresar a Quito. Y se marchó a Paita”.
Hasta paita llegó un joven Gabriel García Moreno, que luego sería un importante presidente ecuatoriano. También estuvo Giuseppe Garibaldi, el gran héroe popular de las guerras de independencia en Italia de mediados del siglo XIX. Hay libros que relatan que hasta allá viajó Herman Melville, quien andaba por el mundo documentándose para escribir Moby Dick.
Hay un libro de Pamela S. Murray, autora de For Glory and Bolivar: the Remarkable Life of Manuela Sáenz. Este texto indaga sobre los años que pasó en el pequeño puerto peruano.
Murray plantea que Manuela se reinventó. Su casa fue en el punto de encuentro de nuevos políticos y personajes importantes que querían conocer a una de las mujeres más influyentes del hemisferio.
Hasta allá llegó un joven Gabriel García Moreno, que luego sería un importante presidente ecuatoriano. También estuvo Giuseppe Garibaldi, el gran héroe popular de las guerras de independencia en Italia de mediados del siglo XIX. Hay libros que relatan que hasta Paita viajó Herman Melville, quien andaba por las aguas del mundo documentándose para escribir Moby Dick.
Contrario a lo que se cree, el destierro no fue el fin para la gran Manuela Sáenz. Ella, que en sus últimos años vivió del comercio, siguió concitando atención y en sus conversaciones narraba el orgullo de su participación en la gesta heroica y mostraba los documentos que el Libertador le entregó.
Para pena nuestra, cuando murió de difteria su cuerpo fue colocado en una fosa común y, según varios libros, fue enterrada con sus recuerdos, cartas y documentos.
Manuela Sáenz, Caballeresa del Sol y Coronel del Ejército nació el 27 de diciembre de 1797 y murió el 23 de noviembre de 1856. En el día de su natalicio pocos nos acordamos de su cumpleaños. Y pocos fueron los eventos en su memoria. No hubo saludos formales de mujeres políticas en el Ecuador y tampoco homenaje oficial en este país.
Por muchas mujeres que han luchado y luchan en el Ecuador, bien vale decir, con pena, “el olvido que seremos”.