Pablo Falconí es un amante de las montañas y el Cotopaxi es para él un espacio sagrado. Pertenece a la Asociación de Guías de Montaña del Ecuador y a la Federación Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña. La madrugada del pasado domingo 16 de marzo subía con un cliente a la cumbre del hipnótico Cuello de luna, como también se conoce al volcán en actividad más alto del mundo.
Pero antes de que salieran los primeros rayos de sol, una masa de hielo y nieve arrastró cerca de 300 metros a varios de quienes intentaban atacar la cima; ocho ascencionistas resultaron heridos. Falconí autorizó a Plan V la reproducción textual del testimonio que divulgó en sus redes sociales, con un fin: generar conciencia. Sus recomendaciones se condensan al final del texto.
Esta es la historia en primera persona.
En mi mente: mi madre, mi abuelo, mi familia…
Aproximadamente era las 05:40 (del domingo 16 de marzo). Llegando a 5.750 m hice un perfil de nieve y alerté de una placa de tormenta a mi colega Cristian que iba a pocos metros más arriba. Él hizo otro test donde se encontraba y confirmó que está peligroso. Tenemos que bajar, decíamos.
Él iba segundo y poco más arriba iba un grupo de montañistas libres a quienes se les dijo que no sigan subiendo porque está peligroso. Cristian les repitió varias veces que no sigan y no hicieron caso: seguían avanzando, nadando en la nieve.
Me di la vuelta y alerté a la gente que venía atrás de que no sigan subiendo para no hacer más peso en el terreno empinado donde estábamos. Repetí varias ocasiones que esperen y no suban más, tampoco hicieron caso…
Pese a la advertencia, dos colegas pasaron más abajo de mí, abriendo otra huella con sus clientes y atrás de ellos tres cordadas más de montañistas libres, haciendo más y más peso, y atrás seguían subiendo…
Le explicaba a mi cliente que debemos bajar, a lo que no se negó (como otras personas que piensan que pagan por ir a la cumbre, esté como esté la montaña) y en cuestión de segundos se detonó la avalancha, había demasiada gente en un terreno empinado y con acumulación de nieve.
Fue muy denso… Desde los 5.750 m fui a parar en 5.500 m. Solo sentía que rodaba totalmente descontrolado, a ratos me ahogaba en la nieve y de pronto sentia el vacío, caía, seguía rodando, otra vez el vacío y así, esto no paraba… Pensaba que caería en una grieta o a un abismo, no lo sé…
Fue muy denso… Desde los 5.750 m fui a parar en 5.500 m. Solo sentía que rodaba totalmente descontrolado, a ratos me ahogaba en la nieve y de pronto sentia el vacío, caía, seguía rodando, otra vez el vacío y así, esto no paraba…
Pensaba que caería en una grieta o a un abismo, no lo sé… En mi mente, solo mi madre, mi abuelo, mi familia… La verdad sufrí por ellos, por no volver a verles. Antes de que se detenga la avalancha, trataba como de nadar y logré salir y mover rápidamente las extremidades para no quedar atrapado.

Pablo Falconi.
De milagro no tuve nada grave, más que golpes por todo el cuerpo y una pequeña herida. Al instante me levanté, solo, en un terreno desconocido, sin piolet (herramienta de senderismo para escalada y salvamento, parecida a un pico de mano, n.d.l.r.), bastones, guantes, ni frontal. Y lo peor: vi mi cuerda cortada. Entré en pánico por mi cliente, gritaba su nombre y no había respuesta… La verdad: pensé lo peor.
Prendí la radio y avisé de la situación a otros guías quienes enseguida bajaron a ayudar, Martín Conde me habló por la radio y nos ayudó a coordinar las tareas con todas las instituciones pertinentes, junto con Gabriel Conde. Más arriba mis colegas, igualmente complicados con sus clientes que si lograron frenar, por suerte se quedaron arriba de donde empezó la avalancha.
Cristian fue también arrastrado un poco más abajo y su cliente quedó colgando de unos seracs (bloques de hielo glaciar fragmentados, n.d.l.r.), pero logró ayudarle y salieron todos ellos bien de esta situación. Decidieron que Sergio baje a todos los clientes mientras Willy y Cristian me buscaban en un terreno peligroso.
Entre tanto, yo más abajo seguía buscando y no encontraba a mi cliente…. Al poco tiempo escuché gritos de auxilio y ví a unos 100 m más abajo unas luces… Después de un momento en shock, coloqué un anclaje y bajé rapelando una sección empinada ya que temía que haya grietas. No tenía claro el terreno que me rodeaba, buscaba a mi cliente pero nada. Recuperé el anclaje y al bajar encontré a dos cordadas de montañistas libres, entre ellos mi cliente, Nick, un jóven estadounidense que también resultó bastante golpeado…
Mientras bajaba donde ellos, en el camino encontré una bota con crampón que era de una de las chicas heridas… Llegué y ví una situación muy fea: una chica con problemas en su cadera, otra en las costillas, todos golpeados, aturdidos.. Luego reconocí a Lenin, ayudando a la gente, y tratamos de ver qué hacer…
Me dijeron que más abajo había dos personas más, no sabíamos quienes eran y tampoco se les podía ver. Se trataba de mi colega Franklin con su cliente, quienes al momento de la avalancha se encontraban más abajo de los otros grupos involucrados.
A lo lejos divisamos alguien que se acercaba, era un guía, «Suco» Garcés, con quien estábamos en contacto por radio, y fue directamente abajo donde Franklin, que tenía un cuadro más grave que el resto de heridos: gritaba del dolor, fue desesperante…
Venían detrás tres guías más y un grupo de montañistas para ayudar.
Mientras bajábamos un poco y tratando de ver qué hacer, Lenin me pidió que le lleve a una chica herida, Vanessa, quien tenía una lesión en el brazo izquierdo y la ropa ensangrentada. Sin dudar, la encordė junto con mi cliente Nick, y la mejor opción era tratar de volver a la ruta normal, pese a sus dudas fue la mejor decisión, volver por el camino que hizo el «Suco» Garcés hasta empatar a 5.400 m de la ruta normal.
La salida del glaciar

Caminando ya con dificultad por los golpes, logramos lentamente salir del glaciar con seguridad y llegar al refugio donde ya estaban equipos de rescate: bomberos, GOE, GIR, así como varios guías tanto de Aseguim como de la asociación de Cotopaxi.
Fue una decepción que en el refugio no había ni una sola camilla sked (camilla de rescate para zonas de altura, n.d.l.r.), tocó esperar que traigan para que suba el grupo de avanzada.
Hasta eso, Willy, Cristian y Sergio lograron descender a Franklin un buen tramo súper complejo por la nieve y dificultades del terreno, improvisando una camilla con cuerdas, bastones y mochilas. Hicieron un gran trabajo en tan duras condiciones. Al momento ya subían grupos del GOE donde estaban Lenin y las otras personas heridas que bajaban en dirección a la ruta normal, mientras otro grupo de guías, Robinson, José y Emilio, iban donde estaba Franklin, ya que debían descenderlo por la ruta antigua, o rompecorazones, por la complejidad de las lesiones y del rescate en sí. Luego se sumó más gente al rescate, hubo relevos, atención de paramédicos, y todo salió bien, gracias a Dios.
Me dió mucha alegría ver de nuevo a mi gente, abrazar a mis amigos guías y luego volver por fin junto a mi familia, abrazar a mi madre que se le iban las lágrimas, a mi abuelo que escuchó las noticias y estaba preocupado… Muchas gracias, además, a quienes me atendieron en la ambulancia de los bomberos.
Quedan algunas lecciones
1 • Guías: si ya dos colegas avisan del riesgo de avalancha, ¿para qué seguir subiendo a buscar otras opciones de ruta o comprobar o no se qué? Basta con un perfil o dos para saber cómo está gran parte del terreno que nos rodea, la opinión de todos es válida, por algo nos formamos. Si otros siguen, habrá atrás quienes sigan (sentimiento de masa).
2 • Montañistas libres: No entiendo por qué no hacen caso a quienes tienen una preparación formal en alta montaña, quizás por ego o por menospreciar la labor, ya que algunos parecen tener algo en contra de nuestro gremio que se la viven publicando cosas ofensivas y comentarios absurdos. No es por mala fe o por nada personal… Si es que a veces no se puede subir, no se puede ¡y punto! La seguridad es lo primordial para todos. Otros, queriendo quedar como héroes o supermontañistas… Eso en una emergencia no tiene relevancia, ¿acaso ayudaron en algo esos de los vídeos hechos los chistosos y los tiktoks? Otros, después de la avalancha, ¡¡¡querían seguir subiendo!!! Otros se jactan de ir abriendo ruta y ni siquiera un test pueden hacer a lo largo de toda la ruta, y peor antes de meterse a un terreno con acumulación de nieve y con clientes ¡eso más!
3 • Parque Nacional Cotopaxi: siendo el parque más visitado del país, debería haber en el refugio camillas sked, por lo menos una. Maate, Mintur y cualquier institución pertinente: debíamos haber aprendido mucho de las avalanchas anteriores en el Chimborazo (donde tampoco hay nada para una emergencia). Pienso que se debería poner un cupo para montañistas libres los fines de semana, con todo el respeto. O que por cada 2 o 3 cordadas vaya un guía certificado. ¡La aglomeración y masificación es un peligro ahora comprobado! Claro, especialmente un fin de semana.
4 • Medios de comunicación: averiguen bien antes de publicar algo, hay gente que realmente cree todo lo que ve en redes y siguen divulgando información falsa.
5 • Gente: Muchos ofrecen en redes sociales tours baratos y ponen en riesgo a la comunidad. Todos saben quiénes son y cómo lo hacen, las mismas autoridades lo saben, pero las exigencias y prepotencia es más hacia los guías que vamos con todos los documentos en regla y hacen perder tiempo por tonterías mientras montañistas libres con clientes entran «pateando al perro». ¿Qué pasó en el Chimborazo en 2021? ¡6 muertos tras una publicación ofreciendo el tour por USD 70, la cual reunió a 14 personas, clientes, y ni un solo guía certificado.
6 • «Líderes de cordada»: fórmense y hagan las cosas bien. ¿Cuál es el lío? A todos nos ha costado varias deudas, tiempo, sacrificio, horas y meses de entrenamiento… También ustedes pueden hacerlo. Prepárense y entren a la escuela de guías… ¡¡¡Cobrar y poner en riesgo a la gente debería ser sancionado!!! Si tanto les gusta guiar, háganlo e incluso tendrán más trabajo, legal.
7 • Nadie, por más profesional que sea está libre de accidentes. Debemos ir con respeto a la montaña, escuchar las advertencias, con humildad dar la vuelta cuando no se puede, ser más compañeros, más solidarios… No es una carrera. A veces hay gente que sigue sin importar el riesgo, pero cada cordada es independiente para tomar decisiones. Por último…si no ven claro el asunto, volver es lo más prudente, no arriesguen sus vidas por una simple foto o un post. El sentimiento de masa es común en esta actividad y ya ven: es muy muy peligroso, tanto como el ego.
Está vez tuvimos suerte y debemos aprender de lo ocurrido. Hoy escribo esto con el fin de que no vuelva a pasar. Pudo ser fatal y pudo también ser evitado. Estoy vivo de milagro, con varios golpes pero bien. Mi amigo y colega lamentablemente está grave, hospitalizado; otras personas, igual heridas en un hospital recuperándose.
No debió ocurrir, ¡pero paso! Por algo…
Pablo Falconí es integrante de la Asociación de Guías de Montaña del Ecuador (Aseguim) y de la Federación Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña. Su contacto es el 099 572 4077 y puede encontrarlo en redes sociales en @tripdeportesdeaventura
