domingo, junio 14, 2026

El Vaticano: la fortaleza milenaria de la fe católica

Cuando el Imperio Romano, en tiempos de Constantino y luego de Teodosio, adoptó al cristianismo como la religión oficial, generó una transformación que ha convertido a la iglesia católica apostólica romana en uno de los grandes poderes del mundo, sobre todo en los aspectos espiritual y geopolítico.

Por: Ugo Stornaiolo

Cuando un Papa muere, empieza una puesta en escena que va desde el anuncio de su deceso, con la actuación del camarlengo (una especie de encargado, pero sin poder de decisión) que empieza a organizar todos los eventos que vienen a continuación: las honras fúnebres del Pontífice, las misas de cuerpo presente, la exposición del cuerpo en la Basílica de San Pedro, el sepelio y posterior entierro, en el lugar que el máximo líder del catolicismo disponga. En el caso de Francisco, él ya había decidido previamente ser sepultado en la Basílica de Santa María Mayor y no en las criptas de San Pedro. En su tumba, el nombre en latín: Franciscus.

En ese mismo lapso se convoca a todos los cardenales que forman parte del colegio cardenalicio, con nombramiento, menores de 80 años, que pueden elegir y ser elegidos, para que participen, alrededor de dos semanas después de la muerte del Papa, para escoger a su sucesor, en el denominado “cónclave”, palabra que en latín significa “con llave”, porque cuando se reúnen los prelados en la Capilla Sixtina (donde está en el techo el mural de Miguel Ángel Buonarroti, pintado en el siglo XVI), se exige el mayor secreto e incomunicación, para que los cardenales voten por el candidato de sus preferencias. Eso sí, previamente se ofician ceremonias religiosas donde se invoca la ayuda del Espíritu Santo.

Tras la muerte del Papa Paulo VI (Giovanni Battista Montini) en agosto de 1978, luego de un largo período de pontificado (quince años, desde 1963, tras suceder a Angelo Roncalli, el Papa Juan XXIII, con apenas cinco años), se convocó a un cónclave que escogió como su sucesor a Albino Luciani, arzobispo de Venecia, que, con el nombre de Juan Pablo I, gobernó por apenas un mes la iglesia y murió en extrañas circunstancias, que dieron lugar a muchas especulaciones.

“La paz sea con todos ustedes” (en árabe, “salam aleikum” y en hebreo “shalom”), fueron las primeras palabras que Robert Francis Prevost, el nuevo Papa León XIV pronunció, ante miles de fieles católicos.

En un lapso de menos de dos meses se desarrollaron dos cónclaves. En el segundo fue escogido al primer pontífice no italiano desde 1523: el cardenal polaco Karol Wojtila, quien adoptó el nombre de Juan Pablo II y tuvo el tercer período más largo de papado de la historia por 27 años (1978-2005), caracterizando su período por haber sido el Papa viajero (129 países visitados), por su lucha contra el comunismo en su natal Polonia, por los atentados que sufrió y por las reformas que realizó, hasta que su muerte permitió la llegada al trono de Pedro del alemán Joseph Ratzinger, quien apenas duró ocho años, bajo el nombre de Benedicto XVI, y que renunció por “falta de fuerza mental y física”, dejando su lugar a Jorge Bergoglio, el primer latinoamericano en ser escogido como pontífice, que tomó el nombre de Francisco.

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Capilla ardiente del papa Francisco, en la Basílica de San Pedro. Foto: Europa Press

“La paz sea con todos ustedes” (en árabe, “salam aleikum” y en hebreo “shalom”), fueron las primeras palabras que Robert Francis Prevost, el nuevo Papa León XIV pronunció, ante miles de fieles católicos, tras la consuetudinaria presentación que hace el proto diácono de la Iglesia católica, esta vez Dominique Mamberti, quien lo anunció desde el balcón central de la basílica de San Pedro pronunciando la tradicional fórmula en latín: “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!”.

El nuevo Papa tiene ascendencia italiano-francesa por su padre y española por su madre. Es estadounidense (el primero en la historia), pero ha sido misionero en el Perú, en Chiclayo, por lo que tiene un conocimiento real de lo que sucede en la iglesia latinoamericana, afectada desde hace muchos años por la proliferación de grupos evangélicos y protestantes. Un trayecto que va desde Chicago y Chiclayo hasta la Santa Sede. Sin embargo, es prematuro conocer cuál será la línea que adopte.

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León XIII fotografiado por Braun & Cie el 11 de abril de 1878. Foto: Wikipedia

León XIII fue un papa que fue importante por su encíclica Rerum Novarum, por seguir con la Doctrina Social de la Iglesia y por haber presenciado la segunda revolución industrial en el Siglo XIX. El actual Papa toma su nombre como una continuación de ese legado, en el tiempo de la revolución de las tecnologías, la inteligencia artificial, las fake news y la postverdad en las que está sumergido actualmente el mundo.

Por cierto, el nombramiento de un Papa tiene un ritual similar a lo que era la elección que hacía, en su período de apogeo, el Imperio Romano. El Senado, tras la muerte o asesinato (algo que era muy habitual entonces) del César (pontífice), se encerraba bajo llave para escoger al sucesor. Cuando el Imperio, en tiempos de Constantino y luego de Teodosio, adoptó al cristianismo como la religión oficial, generó una transformación que ha convertido a la iglesia católica apostólica romana en uno de los grandes poderes del mundo, sobre todo en los aspectos espiritual y geopolítico.

La existencia  del vaticano como Estado  inició en 1929 con la firma de los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el Reino de Italia (que había nacido en 1860 con la unificación italiana) y que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios.

El país más pequeño del mundo

La Ciudad del Vaticano, oficialmente Estado de la Ciudad del Vaticano (en latín: Status Civitatis Vaticanæ;​ en italiano: Stato della Città del Vaticano) es un microestado soberano cuyo territorio es un enclave​ en Roma (Italia), al que se accede desde la vía (calle) de la Conciliación o desde el puente que conduce al Castillo Sant’Angelo. Es el país más pequeño del mundo en extensión y población. Su forma de gobierno, de acuerdo con la clasificación internacional, es como una teocracia organizada como monarquía electiva.

Su extensión es de 0,44 km² (44 hectáreas) y tiene una población de 882 habitantes. Es un híbrido de ciudad elevado al rango de Estado independiente, el más pequeño del mundo, La basílica de San Pedro es un 7 % de su superficie y la basílica y la plaza de San Pedro tiene un 20 % del territorio, siendo el territorio independiente más urbanizado del mundo. Su existencia como Estado independiente inició en 1929 con la firma de los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el Reino de Italia (que había nacido en 1860 con la unificación italiana) y que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios.

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Roma.- Vista de la explanada desde la cúpula de San Pedro, la catedral insignia del catolicismo. Foto: itamcap.com

La Ciudad del Vaticano alberga la Santa Sede, máxima institución de la Iglesia católica. Aunque los dos nombres se utilizan como sinónimos, el primero se refiere a la ciudad y al territorio, mientras que el segundo se refiere a la institución que dirige la Iglesia con su propia personalidad jurídica al ser un sujeto de derecho internacional. La Santa Sede y no el Estado del Vaticano mantiene relaciones diplomáticas con los demás países del mundo y El Vaticano da el soporte temporal y soberano para la actividad de la Santa Sede.

Una red de actividades públicas y secretas

El historiador francés Yvonnick Denoël se sumerge en documentos recién desclasificados para su libro Vatican Spies (Espías Vaticanos), donde revela una red de conexiones ocultas y conflictos soterrados que, desde la II Guerra Mundial, convirtieron a la Santa Sede en un hervidero de espías en «misión especial». Las guerras clandestinas de los espías del Vaticano para controlar la geopolítica mundial se resumen en una frase de Denoël: «No piensan en años, sino en décadas e incluso en siglos»

Aunque el Vaticano no tuvo nunca una agencia de inteligencia -como la CIA, la Stasi, la KGB o la Mossad-, a partir de la Segunda Guerra Mundial las calles de Roma se llenaron de espías. Entre sacristías, calzadas y rincones inaccesibles del estado soberano más pequeño del mundo, una red clandestina de monseñores y cardenales delataba a los topos -soplones-, hacía operaciones diplomáticas de alto riesgo en la Guerra Fría e investigaba asesinatos de sacerdotes o escándalos que pusiesen en entredicho el prestigio de la Iglesia Católica.

Ese entramado de “secretos, confidencias, maniobras bajo cuerda y hasta confesiones no dejó apenas rastro… O tal vez nadie se atrevió a tirar de la manta por miedo a las consecuencias”, escribe Denoël.

Para los fanáticos del cine se reestrenó la película Cónclave, que muestra los juegos del poder en la elección del nuevo Papa, tras la muerte del pontífice en ejercicio. En el final inesperado de la película se trata de dar un giro al perfil que tiene la iglesia católica respecto a temas de actualidad que están en discusión en las cúpulas eclesiales: el celibato de los sacerdotes, las uniones de personas del mismo sexo, el aborto, entre otros, que dividen al clero entre los que lo rechazan y los más abiertos, como aparentemente se dice fue Francisco.

Para los fanáticos del cine se reestrenó la película Cónclave, que muestra los juegos del poder en la elección del nuevo Papa, tras la muerte del pontífice en ejercicio.

En Vatican Spies: From the Second World War to Pope Francis (Espías Vaticanos: desde la segunda guerra mundial hasta el Papa Francisco) del historiador francés Yvonnick Denoël, el autor confiesa que “lleva más de 15 años escribiendo artículos y libros sobre inteligencia”. El autor es un especialista en espionaje del siglo XX, concretamente de las actividades de la central de inteligencia estadounidense, la CIA y el Mossad, agencia de espionaje israelí. “Después de recopilar cientos de referencias y volúmenes, llegué a la conclusión de que no existía un libro fiable y exhaustivo que detallara la relevancia que tuvo la inteligencia en la historia contemporánea de la Santa Sede”, añade.

Para el autor, que también publicó El libro negro de la CIA, Las guerras secretas de Oriente Medio o Cóndor, el espía egipcio de Rommel, este libro fue un reto personal:  “pensé que no me llevaría mucho tiempo y que no ocuparía más de cien o doscientas páginas, con las inevitables lagunas”, confiesa. Agrega: “mi mayor sorpresa fue que, cuanto más investigaba, mucho más se ensanchaba el horizonte al que quería acercarme con hallazgos y descubrimientos absolutamente asombrosos”.

Hay detalles de personajes como Eugenio Pacelli (el futuro Pío XII) y Monseñor Montini (el futuro Paulo VI), la Operación La Rete, el informe de Himmerod, la relación de Pablo VI con la CIA, los sacerdotes infiltrados en países comunistas, el lavado de dinero del Caso Calvi y el Banco Ambrosiano, la implicación de la KGB en el atentado contra Juan Pablo II y la presencia de la mafia siciliana entre las paredes vaticanas. Explica el historiador francés que el libro “se hace eco de la información que Pío XII facilitó a Gran Bretaña y Francia en 1940 sobre un inminente ataque alemán».

A partir de archivos desclasificados por servicios de inteligencia extranjeros que trabajaron para, con o contra la Santa Sede, Denoël teje una red de conexiones que revela 80 años de guerras ocultas (los cardenales vaticanos contra miembros del politburó de la URSS), las disputas entre los jesuitas y el Opus Dei y negociaciones secretas (Juan XXIII con Nikita Jrushchov, presidente del Consejo de Ministros de la URSS), a veces para luchar contra el comunismo en Sudamérica y apoyar en Polonia a los líderes de Solidaridad, el primer sindicato independiente del bloque soviético. Muchos archivos del Vaticano permanecen inaccesibles, asegura Denoël.

El historiador recurrió a archivos de los servicios secretos occidentales y de Europa del Este (tras la caída del Muro). Hay en el libro testimonios de ex agentes de la CIA o servicios italianos, franceses y otros que trabajaron con el Vaticano. También hay literatura producida por autores como David Yallop, el británico autor de En el nombre de Dios (sobre la muerte de Juan Pablo I) y El poder y la gloria, sobre abusos de menores y escándalos financieros recientes.

La historia que cuenta Denoël, al margen de la versión oficial, comienza en la Segunda Guerra Mundial. Según el autor, el Vaticano no influyó realmente en el curso de la guerra, pero hizo maniobras. Destaca la información proporcionada por Pío XII a Francia y Gran Bretaña a principios de 1940 sobre un inminente ataque alemán, que no fue creída y operaciones financieras particularmente audaces que pudieron causar un escándalo tras la guerra. También las rutas de escape para soldados aliados que pronto fueron reemplazadas para uso de los nazis… “Todo esto el Papa lo sabía perfectamente”, sostiene Denoël.

Cada Papa se encargó de definir el grado, la magnitud y hasta la intensidad de las operaciones de inteligencia durante su mandato de acuerdo con su interés.

Durante la Guerra Fría, el Vaticano adaptó su condición de guía espiritual para sus fieles con demandas, cada vez más exigentes y pragmáticas en el nuevo tablero geoestratégico. Desde entonces, el Papa ha sido no sólo un político, sino un diplomático siempre en contacto con los Estados y otras religiones. Un teólogo, líder empresarial, estrella de los medios, autoridad moral, gestor de patrimonios y más. “Todo lo que acontece en este nuevo mundo globalizado tiene un efecto en el Vaticano, más aún cuando las personas clave suelen ocupar varios cargos simultáneamente y acumulan responsabilidades”, señala el autor.

Cada Papa se encargó de definir el grado, la magnitud y hasta la intensidad de las operaciones de inteligencia durante su mandato de acuerdo con su interés. Juan Pablo II, por ejemplo, estableció una red secreta de prelados en Europa del Este. También Denoël analiza el papel de los asistentes personales de muchos papas, personajes en la sombra que cumplieron roles decisivos, por su capacidad de reunirse con mucha gente sin llamar la atención.

Una falsa equidistancia

Algunos historiadores atribuyen el éxito del Vaticano en sus actividades de inteligencia a su muy calculada equidistancia. “La Santa Sede no siempre fue tan neutral como se empeña en parecer, especialmente durante la Guerra Fría. Al contrario, las potencias de entonces le atribuyeron intenciones que no tenía”, sostiene el autor de “Espías Vaticanos”.

Mussolini y Hitler desconfiaban de las posibles intrigas de Pío XII en la Segunda Guerra Mundial y dedicaron recursos para espiarle, mientras él se mostraba cauteloso. Una de las conclusiones de Denoël es que la Santa Sede, pese a los esfuerzos de las investigaciones de los últimos años, sigue siendo una fortaleza inexpugnable e indescifrable. “Es muy complicado identificar a los prelados involucrados en actividades de inteligencia, y no hay forma de vigilarlos a todos y hacer un seguimiento fiable”, señala.

Al referirse al recientemente fallecido Papa Francisco cuenta la historia detrás de los esfuerzos secretos del pontífice, que buscaban el acercamiento entre Cuba y EE. UU., “un proceso en el que los emisarios del Papa Francisco jugaron un papel fundamental”. Más controvertidas fueron las negociaciones con China para fusionar las dos iglesias -oficial y clandestina-, o los recientes casos de corrupción financiera en la misma Curia, que llevaron a la caída y condena de un cardenal poderoso, Giovanni Angelo Becciu, quien quiso ser parte del último cónclave, pese a las investigaciones que se le siguen, que motivaron su renuncia a último momento.

El Vaticano sigue siendo capaz de influir en ciertos temas y sus análisis e intervenciones son frecuentemente solicitados por actores internacionales.

Francisco mencionaba que hubo al menos dos intentos de matarlo en Bagdad, Ur, Mosul, Qaraqosh y Erbil, frustrados gracias a la rápida intervención de los servicios británicos, que interceptaron una información relacionada con el magnicidio y que dieron a conocer a la policía iraquí. Según detalla el Papa Francisco en su autobiografía, una joven kamikaze, cargada de explosivos, iba a Mosul para inmolarse durante su visita mientras, al mismo tiempo, una furgoneta partió a toda velocidad desde una ciudad remota con idénticas intenciones.

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Iraq. El Papa Francisco junto al Primer Ministro iraquí Mustafa Al-Kadhimi en Bagdad. Foto: Naciones Unidas

De acuerdo con los datos y testimonios de Denoël, la incidencia del espionaje del Vaticano en las actuales relaciones diplomáticas se ha reducido bastante. “El mayor impacto se produjo al final de la Guerra Fría, bajo el pontificado de Juan Pablo II”, confirma. Luego hubo una pérdida de influencia, por ejemplo, durante la primera Guerra del Golfo, en 1991.

El Vaticano sigue siendo capaz de influir en ciertos temas y sus análisis e intervenciones son frecuentemente solicitados por actores internacionales. Para el historiador, la gestión interna de la Santa Sede no es diferente de otras cancillerías, salvo por un detalle: “no se trabaja con urgencia, sino con la mirada puesta siempre en el largo plazo. No hablo de años, sino de décadas e incluso siglos. Ahí radica la clave de su éxito”.

¿Solo es cuestión de fe?

¿Y qué ocurre con los valores de la fe católica y el modelo de rectitud y comportamiento ejemplar del Vaticano? ¿Cómo lidia esta teocracia con las contradicciones éticas cuando se ponen en juego muchos intereses? El Vaticano se maneja a la perfección sin sentirse en la necesidad de impartir doctrina o ser ejemplo. Los sacerdotes que participan en operaciones de inteligencia o contrainteligencia deben aceptar algo de mentira y manipulación.

La revelación final de Denoël es que no hay pruebas de algún homicidio cometido por espías vaticanos. “Cuando los topos —soplones— han sido desenmascarados el castigo ha sido frecuentemente el exilio a un monasterio, sin necesidad de un juicio”.

 

Ugo Stornaiolo

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