
Un debate presidencial es el punto nodal donde confluyen las expectativas de un electorado ávido por auto afirmar su convicción por un candidato, o por tomar una alternativa en el caso de los aún no decididos. Es, por tanto, un espacio privilegiado en espacio y tiempo para imprimir en el imaginario ciudadano lo que será su futuro en un país de incertidumbres. Un debate es la oportunidad para llegar a millones de personas al mismo tiempo con propuestas claras y concretas y una responsabilidad democrática de quienes aspiran al poder para presentarse al electorado de manera nítida y transparente.
El ejercicio del debate del domingo 23 de marzo, en un formato pre establecido y aunque con algunas limitaciones, dio la pauta para que cada presidenciable oriente a los ecuatorianos sobre cómo salir de una situación de crisis estructural en la que estamos inmersos. Cinco grandes temas fue el marco para la gran conversación: educación, salud y el IESS, seguridad, economía y gobernabilidad; extrañó la ausencia en la agenda, la temática ambiental y su crisis que afecta al país y el mundo.
La trama de este desencuentro bien puede denominarse como un “Ecuadebate” para expresar las lógicas en las que se desenvuelve la clase política y sus agrupaciones partidarias. A tono con la realidad del país donde mafias nacionales e internacionale parecen gobernarlo, candidato presidente y candidata, enredaron sus narrativas sobre quién está más contaminado con la corrupción pública y el narcotráfico, y este tema fue el gran protagonista, dejando dudas al electorado sobre la gestión gubernamental conjugada en pasado, presente y futuro. Si este fuera exclusivamente el determinante para votar, entonces el nulo seguramente sería el ganador, pero nada en la realidad se presenta en estado puro y existen otros elementos que nos llevaran por una de las dos alternativas.
La trama de este desencuentro bien puede denominarse como un “Ecuadebate”, para expresar las lógicas en las que se desenvuelve la clase política y sus agrupaciones partidarias.
Con un promedio aproximado de treinta minutos en el uso de la palabra, los postulantes usaron reiterativamente el mayor tiempo en afirmar mantras sobre el contrincante y un mínimo de minutos, quizá segundos, en ofrecer respuestas a la temática planteada. Si estos planteamientos fueron escuetos y generales técnicamente podríamos evaluar las presentaciones de los postulantes con criterios que nos permiten cierta objetividad sobre las argumentaciones:
El nivel de pertinencia entre pregunta y respuesta: González planteó la inversión pública para fortalecer la educación y la salud gratuita como responsabilidad del Estado, ligando a la generación de ingresos y empleo con economía social y solidaria, Noboa se quedó en la tabla de drogas como impedimento para el acceso de niños y jóvenes al sistema educativo; los dos plantearon inversiones en infraestructura para mejorar escuelas y construir nuevos hospitales. Ninguno enmarco sus respuestas en la obligatoriedad constitucional de cumplir con los porcentajes sobre el PIB (de cada año anterior) del 6% en educación y 4% en salud, tampoco una relación geográfica para priorizar la atención en las provincias y cantones más deprimidos.
Sobre el IESS, Noboa fue obligado a comprometer que no atacará el sistema de pensiones para jubilación ni en montos ni en años de aportaciones, tal como han venido afirmando sus funcionarios en días pasados. Los dos afirmaron que el mecanismo para la sostenibilidad de esta entidad es incrementar el número de afiliados, pero no hicieron relación a que los elementos vertebrantes de su crisis están en la deuda del Estado y la corrupción ahí existente y sobre lo cual debieron focalizarsegu. Igualmente, el incremento de afiliados está en estricta relación con el desenvolvimiento de la economía, la cual está en ciernes tanto por la delincuencia que impide inversiones y dinamismo cuanto por la ausencia de políticas sostenibles de fomento a la pequeña y mediana empresa, emprendimientos, economía familiar, desarrollo agrario y otros ámbitos, peor aun con un horizonte de libre comercio con el gigante asiático cuyas mercancías ya afectan a la producción nacional.
Los dos afirmaron que el mecanismo para la sostenibilidad del iess es incrementar el número de afiliados, pero no hicieron relación a los elementos vertebrantes de su crisis.
En los temas de seguridad y lucha contra el crimen organizado, la “mano dura” aparece como espacio común, aunque Gonzalez enumeró algunos otros aspectos sobre los que trabajará como inteligencia, capacitación a fuerzas del orden, asesoría internacional, educación y fuentes de trabajo para jóvenes; criticó la alianza con empresas transnacionales de mercenarios y el fracaso de las políticas en temas de seguridad de Noboa. Noboa reiteró lo que estaba ya haciendo y resalto los supuestos éxitos de su gestión en esta materia.
En gobernabilidad, la pertinencia de las respuestas fue deficiente y nos presenta un escenario complejo y confrontativo sobre el comportamiento de la Asamblea nacional respecto a la viabilidad en fiscalización y legislación.
Dominio del tema: en estricta relación con lo expresado por las dos candidaturas, el dominio del tema se puede valorar de deficiente a regular, pues más allá de pinceladas no existieron análisis que articularan a fondo la problemática del país con planteamientos programáticos para enfrentarla. Abstracciones y generalidades sin señalar como, cuando, donde y con que desarrollarán políticas públicas.
Calidad comunicacional: en un debate hay que decir mucho en poco tiempo y en un lenguaje comprensible para una ciudadanía no especializada. Noboa, como ya se conoce, es de pocas palabras y discursos cortos, un debate se le ajusta como anillo al dedo. Sin embargo, sus dubitaciones, sus expresiones de bajo contenido y palabras sin fuerza acompañadas de una sonrisa descalificadora a la contrincante lo dejan en una escala de regular a deficiente. González, por su parte, en este ítem mostró fuerza y carácter, diríamos que hasta usó un enfoque de género para empoderarse y bajar del pedestal masculino al presidente. Manejo cifras y señaló una narrativa más estructurada. Aquí ella podría estar entre bien y muy bien.
Viabilidad, estrategias y concreción de propuestas y respuestas: En este criterio las dos candidaturas quedan suspensas. Les fue más importante la descalificación al otro que mostrar las vías claras y definidas para superar los problemas planteados en cada pregunta. Diríamos aquí que el “ecuadebate” se expresó nítidamente con un despilfarro de tiempo y palabras. Este criterio es fundamental para los electores pues sintetiza el como un nuevo gobierno otorgará confianza, bienestar y seguridad.
En gobernabilidad, la pertinencia de las respuestas fue deficiente y nos presenta un escenario complejo y confrontativo sobre el comportamiento de la Asamblea respecto a la viabilidad en fiscalización y legislación.
De lo expresado en el debate, al menos queda sobre la mesa en primer término, que para González el rol del Estado recupera su primer plano como impulsor desarrollo y para Noboa las alianzas público privada, la inversión extranjera y bonos para más necesitados; en seguridad, un discurso compartido sobre fortalecer las fuerzas armadas. Un vacío sobre concesiones, privatizaciones, reconstrucción de vialidad y gestión de la energía y nada sobre políticas de sostenibilidad ambiental o mitigación del cambio climático.
Mucha generalidad, mucha demagogia y mucha amplificación de una supuesta vida plena que hemos pasado o que estamos pasando envolvió las narrativas olvidando que es la gente común, sencilla y trabajadora la que siente las experiencias de políticas públicas no adecuadas y que se concretan en cifras alarmantes sobre pobreza, desempleo, inseguridad y migración.
Al final el país se queda aun expectante del desenlace pues el debate parecería sólo afirmar a los decididos y dejar aún más confundidos a los indecisos.
