jueves, abril 23, 2026

Crimen organizado, delincuencia común e invasores asechan las áreas protegidas

El 18 de Julio es el Día Nacional de las Áreas Protegidas. Cerca de un millón de viajeros visitaron estos espacios en el primer semestre del año. Mineros y madereros ilegales perpetran violencia en varias reservas, tanto de la Amazonía como del Litoral. En la Sierra, en cambio, la presión llega de la delincuencia común y de quienes amplían fronteras agrícolas en los páramos. ¿Qué hacer? Estas son las propuestas de la Asociación de Guardaparques del Ecuador.

Redacción Plan V

Por: Redacción Plan V

Sumaco es uno de los parques nacionales más hermosos de la Amazonía. Las comunidades vecinas viven del turismo y de emprendimientos, como la recolección de hongos. Foto: Asociación de Guardaparques del Ecuador.

Sumaco, en la provincia de Napo, es un paisaje mágico que fusiona selva y páramo. Entre un sinfín de montes cubiertos de cedros y copales, al filo de paredes de andesita, saltan ocelotes y vuelan gallitos de la peña. Es un balcón con cúpulas de nubes plateadas, desde el cual se divisa la incontenible llanura amazónica.

En las últimas semanas, sin embargo, tigrillos, pumas, tapires, osos hormigueros y de anteojos se refugian en la profundidad de esos pliegues verdes. Hay ruidos extraños. La motosierra, la retroescavadora y el fusil rastrillado espantan toda vida. Entonces allí, tras la bruma del bosque nublado, salta una silueta hostil. Cubierto con pasamontañas, el agresor retiene los GPS de los viajeros, toma sus cámaras, borra toda fotografía y apunta los fusiles hacia la frente de guías y turistas. “Esta solo es una advertencia: ¡no vuelvan por aquí!”, suelta aquella silueta encapuchada, tras lo cual trepa a la camioneta 4×4 y se pierde entre estelas de pavor.

Napo debiera ser declarado en emergencia por todas las acciones de minería ilegal sobre su territorio.

Precisamente en las zonas más olvidades por el Estado, individuos que se identifican con grupos delincuenciales, como Los Lobos o las disidencias narcoguerrilleras del sur colombiano, empiezan a invadir paisajes megadiversos y que son destinos familiares para el turismo de cercanía. En algunos casos, la tensión es mayor porque estos delincuentes también se hacen pasar por miembros de comunidades ancestrales para “justificar” su derecho a perforar las montañas. Así, los ríos de la llanura amazónica ya no son suficientes para la gula de oro ilegal, tráfico de armas, trata de personas y explotación de vida silvestre. Entonces, aquellos grupos armados ahora se internan hacia los afluentes que bajan por los Andes orientales, en caravanas de devastación y terror.

En Sumaco, nunca antes se había vivido esto, a diferencia de lo que ya ocurre, al menos desde la pandemia, en otras reservas naturales como la Colonso-Chalupas, también en Napo; la Cofán-Bermejo, en Sucumbíos; o en los bosques protectores del Alto Nangaritza, en Zamora. Ni qué decir de la ocupación delincuencial que sufre el Parque Nacional Podocarpus, también en Zamora y en vecindad con Loja.

Un equipo de la reserva Arenillas, en El Oro, fue atacado a balazos por madereros ilegales. La camioneta institucional fue destruida. Foto cedida por el portal especializado en ambiente www.bitacoraec.com.

Y no son solo los mineros ilegales. En Arenillas, provincia de El Oro, los remanentes de bosque seco están seriamente amenazados por la deforestación. Los matorrales, cactos y ceibos de esta reserva ecológica son el hogar, entre otras especies, del perico cachetigris. Hace pocas semanas, los guardaparques de la reserva estaban realizando controles para evitar tala y fueron recibidos a balazos por grupos de encapuchados. Lograron salvar su vida internándose en el bosque espinoso, pero uno de los delincuentes tomó la camioneta institucional de los guardaparques y la estrelló.

Tala ilegal en el Parque Nacional Yasuní, en diciembre de 2023. Foto: Policía Nacional.

A finales del año pasado hubo un conflicto similar, cuando guardaparques del Yasuní alertaron sobre tala ilegal en las riberas del río Curaray, justo en la zona intangible Tagaeri Taromenane. Dos integrantes de una comunidad amazónica fueron detenidos y sus allegados amenazaron a los participantes del operativo.

En Pichincha, en cambio, quienes invaden los páramos para ampliar la frontera agrícola también ejercen presión y violencia contra guardaparques. Una de ellas, en el Atacazo, fue salvajemente agredida cuando trataba de impedir que supuestos comuneros invadan este frágil ecosistema, fuente de agua para el sur de Quito, con sus tractores.

¿Algún rincón del país se salva? En el Cotopaxi, los Illinizas y el Quilotoa, buses de viajeros extranjeros han sido desvalijados. Y en otros puntos, como los páramos del Mojanda y el FuyaFuya, en el límite entre Pichincha e Imbabura, lamentablemente han ocurrido violaciones sexuales.

Pareja acusada de robo, agravado con violencia sexual, contra turistas extranjeros que acampaban en Mojanda, a mediados de junio pasado. Foto: Policía Nacional.

Alternativas contra la inseguridad

Augusto Granda está vinculado a las áreas protegidas desde su adolescencia, cuando ingresó como voluntario al Parque Nacional Cotopaxi. 20 años después, con una ingeniería en gestión ambiental y otra en empresas turísticas, es el presidente de la Asociación de Guardaparques del Ecuador. El páramo es su hábitat por excelencia y conoce como pocos el Cotopaxi, el Antisana, el Chimborazo y El Ángel, pero ahora cumple tareas en la Amazonía. Desde allí es testigo del torbellino de destrucción e impunidad que gatilla el crimen organizado a partir de la minería y la tala ilegal.

A inicios de mes inició una nueva cruzada para lograr la atención del país sobre las amenazas a la naturaleza y a los guardaparques de las 71 áreas protegidas. Una nueva cruzada porque, al menos desde los últimos meses del confinamiento por la pandemia, las alertas sobre agresiones a ríos, páramos y playas son recurrentes.

Por la atención que el tema activó en la opinión pública, el pasado viernes 12 de julio representantes de la Asociación y del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE) se reunieron para discutir alternativas. Granda propone a la ministra Sade Fritschi 14 opciones, las cuales se detallan íntegramente en el siguiente documento:

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Entre las principales sugerencias figuran:

  • Articulación con los ministerios de Defensa e Interior para una mayor vigilancia de las áreas protegidas.
  • Dotación de mayores mecanismos de comunicación para la detección temprana de agresiones dentro de los parques y reservas.
  • Capacitación en manejo de conflictos y defensa personal, y dotación de implementos de seguridad disuasivos y no letales para los guardaparques encargados de tareas de control.
  • Mecanismos de sostenibilidad financiera para el sistema de áreas protegidas: cobro de tarifas por ingreso, pago por servicios ecosistémicos, cobro de derechos por concesiones de espacios para uso turístico, de telecomunicaciones, de actividades publicitarias, etc.

Las tareas de un guardaparques

Guianza. Los guardaparques acompañan a grupos en los recorridos (aquí, El Ángel, Carchi) y son divulgadores en el reconocimiento de la biodiversidad del país, a lo largo de sus 71 áreas protegidas. Foto: Ministerio del Ambiente.

Cooperación interinstitucional. La articulación con otras entidades es clave para la protección de las reservas. Aquí una acción con Bomberos de Cotacachi contra un incendio en los páramos de Piñán. Foto: MAATE

Limpieza. Los guardaparques organizan mingas de recolección de residuos, con participación de la comunidades. En la imagen, las guardaparques de Machalilla en el cuidado de playas donde anidan tortugas. Foto: MAATE.

Investigación. Los guardaparques participan en tareas científicas junto con otras entidades. Aquí, el monitoreo de los senderos del oso de anteojos en los Llanganates. Foto: Asociación de Guardaparques del Ecuador.

Educación. Los guardaparques trabajan codo a codo con instituciones educativas. En Playas, Guayas, se desarrollan talleres sobre el cuidado de tortugas: nidos, varamientos, ataques de fauna feral. Foto: MAATE.

Un motor para el turismo y la conservación

Las áreas naturales protegidas son un imán para el turismo interno y la atracción de viajeros del exterior. En lo que va del 2024, dichos espacios han recibido 971.728 visitas, un repunte del 28 por ciento frente al mismo ciclo de 2023, indicador que casi alcanza las cifras prepandemia: 1’042.811, entre enero y junio de 2019.

Hacia 2010 había 350 guardaparques. Al año siguiente hubo un amplio proceso de contratación y desde entonces hasta 2014 hubo 900 guardaparques: un número básico-mínimo para el Ecuador continental. A partir de entonces vino el declive y las partidas específicas para esta actividad se convertían en puestos para choferes, secretarias, auxiliares, etc. Desde 2019, la cifra cayó a 620 y es la que se mantiene hasta la actualidad, junto con algo más de 300 guardaparques para Galápagos. Sin embargo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza indica que el estándar para Ecuador debiera ser de 9.000 guardaparques, tomando en cuenta que se trata de un país megadiverso en el cual la extensión de sus 71 áreas naturales protegidas corresponde a casi el 14 por ciento del territorio nacional.

Conozca en este mapa interactivo las diversas áreas protegidas. Coloque el cursor sobre la imagen. Ver Mapa

18 de julio: Día Nacional de las Áreas Protegidas

«Sin guardaparques, no hay conservación», dice Augusto Granda, presidente de la Asociación de Guardaparques del Ecuador. En esta breve charla, sintetiza las responsabilidades de los guardaparques, los riesgos a los cuales se enfrentan y los tesoros naturales amenazados por la delincuencia y el crimen organizado, pero también por malas prácticas de visitantes.

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