Estudio de impacto de las Escuelas del Milenio de Flacso y el Ministerio de Educación. El PDF completo aquí
Las Escuelas del Milenio han sido calificadas más de una vez como ‘elefantes blancos’. El mismo presidente Lenín Moreno las llamó así durante la época electoral. Investigadores educativos han señalado a estas megaobras como una “estafa social” por estar lejos de mejorar la calidad educativa de las zonas rurales donde fueron levantadas.
Pero ahora estas unidades fueron analizadas de forma conjunta entre el Ministerio de Educación y la Flacso. De este informe se desprende que hasta el momento se han entregado 65 escuelas, con una cobertura de 83.425 estudiantes; 52 escuelas más aún están en construcción o por terminarse. Se edificaron dos tipos de escuelas: las mayores que tienen una capacidad de 1.140 estudiantes por jornada. Y las menores, que llegan a 570 estudiantes por jornada.
Su infraestructura está compuesta de dos bloques de 12 aulas que cuentan con oficinas de inspección, laboratorios de ciencias naturales, aulas para educación general básica y baterías sanitarias. Un bloque adicional de 8 aulas que contiene oficinas de inspección, aulas para estudiantes de bachillerato y baterías sanitarias. Hay tres bloques de educación inicial para estudiantes de 3 -4años y primero de educación básica. Tiene laboratorios de física, química, tecnologías e idiomas. Esto además de las oficinas de archivo, colecturía, secretaría, recepción, rectorado, vicerrectorado, sala de reuniones y baterías sanitarias en el área administrativa. Finalmente cuenta con una sala de uso múltiple, comedor, bar, vestidor, bodegas y cuarto de máquinas, además de un patio, canchas y parqueadero.

Y aunque la inversión supera los USD 800 millones y las obras se iniciaron hace ocho años, es la primera vez que el Estado hace un estudio de su impacto en la educación de los estudiantes. “¿Por qué no se hizo desde antes?”, se preguntó Juan Ponce, uno de los investigadores.
Sus costos promedio oscilan entre USD 6,3 millones para las escuelas más grandes y USD 4 millones para las de menor capacidad. En su informe detallan que la inversión fue de USD 803.511.096,61 desde el 2008 hasta 2016. Y aunque la inversión supera los USD 800 millones y las obras se iniciaron hace ocho años, es la primera vez que el Estado hace un estudio de su impacto en la educación de los estudiantes. “¿Por qué no se hizo desde antes si ya vamos 8 años con este proyecto y no se diseñó una evaluación de impacto, esa es una buena práctica de cualquier política pública”, dijo durante la presentación de los resultados Juan Ponce, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y uno de los autores de la investigación.
Pero en este primer análisis oficial, los resultados siguen sin convencer. En un documento de 29 páginas, los investigadores llegan a dos conclusiones principales:
En mejoras académicas. El estudio buscó identificar si el ser parte de una Unidad Educativa del Milenio (UEM) permite al estudiante mejoras en su aprendizaje, en relación a los estudiantes que no son parte de éstas. Para ello escogieron solo a las UEM que tienen el bachillerato completo y que rindieron la prueba SER bachiller en 2015 y 2016. Esta prueba habilita a un estudiante ingresar a la educación superior. Las UEM también debían contar con información de ‘línea de base’, es decir haber participado en la prueba SER 2008, como punto de referencia para la comparación.

Otra característica de las UEM seleccionados fue que hayan sido construidas desde el 2014, año en que se estandarizó los modelos de construcción, explica el documento. En total la muestra contempló 17 Escuelas del Milenio, que fueron comparadas con 3.628 escuelas públicas que también cumplieron con la condición de tener las dos pruebas de medición de logros (la SER y las SER bachiller).
Los resultados fueron los siguientes: En el 2015, no hubo impacto ni en matemáticas, ni en lenguaje, es decir no se registró ni mejoras ni desmejoras en esas dos materias. Pero en el 2016, hubo un salto significativo en matemáticas. Los investigadores hallaron en ese año 0,5 desviaciones estándares, es decir que los estudiantes de una UEM alcanzaban 45 puntos más en las pruebas analizadas, que un estudiante de otra escuela pública. Eso es un impacto muy grande, según Juan Ponce, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), quien agrega que este indicador suele llegar por los general al 0,1 de desviaciones estándares.
Pero en lenguaje, en el 2016, tampoco hallaron un impacto. Esta materia no registró ni mejora ni desmejora en los dos años revisados. ¿Por qué esta diferencia entre las dos materias? Ruthy Intriago, directora Nacional de Investigación Educativa, lo explica: “Lo que nos permite este estudio, con los datos que tenemos, es decir si hubo impacto o no. No permite decir cuáles fueron los mecanismos de ese impacto, ni decir por qué hubo impacto en matemáticas y no hubo en lenguaje”.
En matrícula: Los investigadores para analizar el impacto en matrícula calcularon la tasa de promoción por grado. En el caso de los 10 años de la educación básica no encontraron un impacto significativo. Mientras que esta situación se repite en la matrícula para bachillerato. Es decir no hubo aumentos ni disminución en la matrícula escolar. Esto en contraposición al objetivo de “incrementar la tasa neta de matrícula y asistencia a la educación inicial, básica y al bachillerato”, como lo establece la misma investigación.
En el informe, se afirma que “respecto a la construcción de escuelas la evidencia empírica muestra importantes efectos en acceso escolar. La política más lógica para mejorar el acceso escolar es que los niños tengan una escuela cercana”
Del estudio se desprende que en el 2008 se inauguró la primera escuela y el 2014 fue el año que más unidades (21) abrieron sus puertas a los estudiantes; el 2013 y 2015 también fueron años importantes para la inauguración de estos establecimientos: 12 y 14 escuelas, respectivamente. Por provincias, Guayas (8), Pichincha (7), Orellana (5), Azuay (4) y Manabí (4) son las que tienen más Escuelas del Milenio. En el documento se explica que hubo dos criterios para priorizar la construcción de las UME en cada provincia.“El porcentaje de niños en edad escolar que no asisten a la escuela, y la incidencia de la pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas”.
Uno de los objetivos de estas escuelas fue el “Ordenamiento de la Oferta Educativa”, es decir juntar escuelas pequeñas, precarias, que no ofertan todos los niveles educativos. Estas fueron absorbidas por las UEM. Este ha sido uno de los temas más cuestionados. En un reportaje de Visión 360 del 23 de julio de 2017, titulado “¿Escuelas o elefante?”. En el programa se describe cómo el cierre de las escuelas comunitarias y el traslado de los estudiantes a las nuevas instituciones evidencia algunas falencias. “Deben kilómetros por recorrer porque el transporte público ha tenido inconvenientes. En sus imágenes se muestran escuelas cerradas cuya infraestructura se ha deteriorado y han quedado en el olvido.

Visión 360 contó la historia de Marcelino Ramos, un campesino de la provincia de Sucumbíos, que llevan a sus hijos y niños vecinos en moto hacia la parada más cercana, donde les recogerá el bus de la escuela. “Tienen suerte porque de lo contrario tendrían que caminar largos tramos como estos niños que encontramos en carretera”, narra el periodista de Visión 360. “Llegan a un descampado donde allí se cambian de zapatos, y cuando llueve también se cambian de ropa”. En el reportaje se menciona que una vez que toman el transporte escolar, este es de buena calidad y gratuito, pero la falta de pago a los propietarios de buses los ha dejado sin movilización.
En el informe, se afirma que “respecto a la construcción de escuelas la evidencia empírica muestra importantes efectos en acceso escolar. La política más lógica para mejorar el acceso escolar es que los niños tengan una escuela cercana”. El mismo presidente Lenín Moreno ha dicho que es necesario hacer cambios para que los estudiantes no deban caminar 15 o 20 kilómetros para llegar a la escuela.
En la presentación del estudio, está una de las conclusiones más contundentes: “La literatura en economía de la educación es concluyente en afirmar que intervenciones en infraestructura, por sí solas, no mejoran la calidad de la educación, si no van acompañadas de cambios en la estructura pedagógica al interior del aula”.
Historias como estas han sido retratadas por más medios y estudios. En el libro “La selva de los elefante blancos”, de Japhy Wilson y Manuel Bayón, describen el ‘espejismo’ de modernidad de las escuelas en la Amazonía. “En el tiempo que visitamos Playas de Cuyabeno en julio del 2015, menos de dos años después de su inauguración, la escuela tenía 12 profesores para cubrir 18 puestos, y las clases eran impartidas por el secretario, la bibliotecaria, el guardia de seguridad y el conserje. En Pañacocha, que visitamos en junio de 2015 e inaugurada solo 18 meses antes, estaba en la misma situación. El guardia de seguridad enseñaba cuarto grado, el operador de la canoa de la escuela impartía literatura y el bibliotecario enseñaba química, aunque no tenían conocimientos en la materia”.
En la presentación del estudio, está una de las conclusiones más contundentes: “La literatura en economía de la educación es concluyente en afirmar que intervenciones en infraestructura, por sí solas, no mejoran la calidad de la educación, si no van acompañadas de cambios en la estructura pedagógica al interior del aula”. Tras un extenso informe técnico del estudio realizado, los investigadores exponen como recomendación que la dotación de infraestructura debe ir de la mano “con cambios en el modelo pedagógico y en la interacción del docente con los niños en el aula, así como acompañamiento docente, con el fin de potenciar los impactos en logros académicos”.
Reconocen además que es necesario nuevos estudios que permitan tener evidencia empírica más robusta y contundente de los impactos, así como “un análisis costo-efectividad en profundidad”. El Ministerio de Educación ha informado que ejecutará estrategias como la capacitación docente, el acompañamiento pedagógico y la convergencia curricular.

