jueves, abril 23, 2026

¿El Salvador de Bukele es el modelo a seguir en Ecuador?

Bukele logró eliminar todos los controles y contrapesos. Su gobierno sigue realizando detenciones masivas y sus legisladores reformaron la Constitución para permitirle gobernar indefinidamente, haciendo temer que el hombre que una vez dijo ser el “dictador más cool del mundo” no bromea.

Por: Ugo Stornaiolo

El presidente de El Salvador es, para algunos, un autócrata y, para otros, un enviado de Dios. Nayib Bukele es actualmente un mandatario muy poderoso, porque los legisladores salvadoreños abolieron los límites presidenciales y posibilitaron su permanencia en el poder casi indefinidamente. Pero, ¿esa era solamente una característica de caudillos del socialismo del siglo XXI? No necesariamente.

Los éxitos en materia de seguridad que ha logrado el presidente salvadoreño lo volvieron muy popular, aun cuando sus tácticas no responden a los términos de lo que se conoce en occidente como democracia representativa. Desde hace algunos meses, el país centroamericano se vanagloria de una tasa cero de homicidios. Dar caza, desde el principio de su mandato, a los pandilleros de la mara salvatrucha y otros grupos le ha dado réditos electorales. En las más recientes elecciones se dio el lujo de obtener el 90% de los votos.

Bukele logró eliminar todos los controles y contrapesos. Su gobierno sigue realizando detenciones masivas y sus legisladores reformaron la Constitución para permitirle gobernar indefinidamente, haciendo temer que el hombre que una vez dijo ser el “dictador más cool del mundo” no bromea.

Sin embargo, para muchos salvadoreños, el presidente Bukele es un regalo del cielo. Sus medidas contra las pandillas hicieron que El Salvador deje de ser la capital mundial del asesinato. El país centroamericano se ha convertido en uno de los más seguros del hemisferio, incluso superando a sus vecinos de Costa Rica. La gente puede salir a la calle, los niños juegan sin temor y no hay extorsiones.

Los homicidios descendieron de varios miles anuales a algo más de cien, según el gobierno, una tasa inferior a la de Canadá. Por eso, cuando los legisladores eliminaron los límites del mandato presidencial, la gente no reaccionó y, más bien, eso hizo que crezca aún más su popularidad.

El éxito de Bukele para reestablecer de la seguridad fue sonado, incluso a pesar de las denuncias que hacen los grupos de derechos humanos. Pero la cuestión más crucial, según los expertos, es cuánto puede durar ese apoyo a medida que crezcan los problemas que van más allá de las pandillas.

Las medidas contra las pandillas hicieron que El Salvador deje de ser la capital mundial del asesinato. El país centroamericano se ha convertido en uno de los más seguros del hemisferio.

“Ya no sé si tú me entrevistas dentro de 10 años te voy a decir lo mismo, no lo sé”, según Cecilia Lemus, que tiene un salón de manicura en San Salvador. “Pero hoy por hoy, no tengo lío con que haya reelección”. Y añade: “No sé si esto va a ser como Venezuela; no creo que vayamos a lo que puede ser Cuba, pero no lo sé”.

Es posible que Bukele haya decidido consolidar su poder por varias razones, añaden los expertos. Sus índices de aprobación suben, la economía avanza a buen ritmo, aunque con grandes préstamos del fondo de pensiones del país. Y su principal aliado, el presidente estadounidense Donald Trump, está en el poder y, a cada momento, elogia a Bukele mientras le envía deportados de cualquier nacionalidad y desecha las preocupaciones por los derechos humanos.

Un líder que resuelve una crisis como la de las pandillas en El Salvador “puede hacerse tremendamente popular y la población le dará un cheque en blanco, durante un tiempo”, según el politólogo de Harvard, Steven Levitsky, estudioso de la realidad latinoamericana y coautor del libro How Democracies Die (cómo mueren las democracias) junto con Daron Acemoğlu.

“Bukele es un tipo inteligente, y sabe que un cheque en blanco no es para siempre. Ha tenido una carrera increíble, tiene mucho apoyo, pero la popularidad de ningún líder en la historia del mundo ha durado para siempre”, añade. La revisión electoral “lo protegerá para el día en que el electorado se mueva en su contra”. Bukele criticó a Nicaragua y Venezuela por haber reformado las constituciones de sus países, pero hizo lo mismo en El Salvador.

La mayoría de “países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno y nadie se inmuta”, dijo en las redes sociales, al establecer una comparación con los sistemas parlamentarios europeos, en los que los legisladores pueden destituir a los dirigentes. “Pero cuando un país pequeño y pobre como El Salvador intenta hacer lo mismo, de repente es el fin de la democracia”, sostiene.

Foto: Presidencia de El Salvador

¿Un modelo a seguir?

La estrategia de seguridad de Bukele tiene admiradores en la región, y algunos mandatarios han intentado tomar medidas de mano dura, a imitación de Bukele para luchar contra las bandas de narcotraficantes, como sucede en Costa Rica y Ecuador.

Pero, algunos salvadoreños empiezan a exigir a Bukele resultados en materia económica, la implementación de programas sociales básicos y ayuda frente a la inflación. En estos ámbitos es en donde flaquea la estrategia del líder salvadoreño, que no ha mostrado planes que vayan más allá de atraer turistas al país, pero no es suficiente. Desde su llegada al poder en 2019, el desarrollo de El Salvador está por debajo de sus vecinos Guatemala y Nicaragua.

En 2024, el crecimiento cayó al 2,6 % desde el 3,5 % 2023, y este año mantendrá estancado, en el 2,2 %, según el Banco Mundial. Un tercio del país vive en la pobreza. Es posible que Bukele busque consolidar su poder antes de que la situación se deteriore más, sostienen Levitsky y otros analistas.

Los expertos analizan cuánto puede incidir la presencia de Donald Trump en la gestión de Bukele. En el gobierno de Joe Biden, el Departamento de Estado denunció “importantes problemas de derechos humanos” en El Salvador, puntualizando los abusos en las prisiones tras las detenciones masivas de Bukele, que dejaron a más de 80.000 personas tras las rejas.

Pero a Trump no le interesa vigilar los derechos humanos en el extranjero, y ordenó suprimir o recortar recursos a las entidades que trabajan en esos asuntos, como USAID. En esta primavera, Trump envió a deportados acusados de ser pandillas al sistema penitenciario de Bukele.

Además de abolir la limitación de mandatos, los cambios constitucionales suprimen la segunda vuelta de las elecciones, extienden el mandato presidencial de cinco a seis años y adelantan dos años las elecciones presidenciales, para que coincidan con las legislativas de 2027. Si Bukele es reelegido ese año y completa su mandato, puede llegar al menos a 14 años consecutivos en el poder, todo un récord en la república centroamericana.

La oleada de protestas a las que se enfrentó este año serían otro factor para consolidar el poder de Bukele. Su gobierno ha “perdido el control de la narrativa” en los últimos meses, según Noah Bullock, director ejecutivo de Cristosal, grupo salvadoreño de derechos humanos cuyos empleados huyeron del país.

A Trump no le interesa vigilar los derechos humanos en el extranjero, y ordenó suprimir o recortar recursos a las entidades que trabajan en esos asuntos, como USAID.

El gobierno ahora permitirá la minería metálica y esa decisión, tomada a pesar de la oposición pública, provocó la crítica de los obispos católicos, que reunieron 250.000 firmas pidiendo que se reestablezca la prohibición. Sin embargo, los obispos fueron ignorados, creando la sensación de que el gobierno hace lo que quiere e impone su modelo, sin escuchar a la población.

Un medio de investigación salvadoreño, El Faro, publicó entrevistas en video con líderes de pandillas que hablan de un pacto secreto con el gobierno de Bukele para reducir los asesinatos. El presidente negó tal pacto, pero las entrevistas fueron difundidas en El Salvador y el gobierno dictó órdenes de detención contra los periodistas de El Faro, que huyeron del país.

En mayo, una cooperativa agrícola celebró una vigilia pacífica frente la residencia de Bukele para protestar por un desalojo de decenas de familias campesinas. Las fuerzas de seguridad detuvieron a los manifestantes, a quienes Bukele acusó de estar influidos por “ONG globalistas” para desprestigiar su gobierno. Para las familias de los jóvenes implicados en las detenciones masivas, la medida de poner fin a la limitación de mandatos era especialmente preocupante.

En agosto hubo marchas de estos grupos en San Salvador, la capital, para exigir la liberación de sus seres queridos detenidos en el régimen de excepción. Esa oleada de protestas contribuye a impulsar la medida de consolidar el poder del mandatario. Reyna Isabel Cornejo, cuyo hijo fue detenido en la iglesia por motivos desconocidos, dice que esto no significa que Bukele dejará la presidencia. No sabe nada de su hijo y dos de sus sobrinos también fueron encarcelados.

Aunque reconoció que, con Bukele, más gente va su restaurante y que es seguro enviar pedidos a domicilio. Pero la seguridad tiene un alto costo, dijo. “Él ha hecho cosas muy bien”, “pero, también, entre lo bien que está haciendo, hay mucha maldad”.

“La decisión de Bukele de permanecer en el poder es una advertencia a la gente de otros países que exige líderes de línea dura para acabar con la delincuencia”, dijo Will Freeman, miembro de estudios sobre América Latina en el Consejo de Relaciones Exteriores.

“Si tu gobierno es un poco débil y no logra resultados, y te enfrentas a estos grandes desafíos, tal vez quieras que alguien sea un Bukele durante un par de años y luego las cosas vuelvan a la normalidad”, agrega. “Pero el problema es que, a menudo, eso no es lo que les interesa hacer a los Bukeles del mundo”.

La prensa bajo asedio

Una asociación de periodistas de El Salvador anunció “la huida de 43 de sus miembros al extranjero en los seis primeros meses del año, impulsados por el “miedo” a ser arrestados por sus críticas al gobierno”, alerta La Vanguardia.

Periodistas que consultan fuentes de Gobierno sufren ataques y amenazas, dice Reporteros sin Fronteras. Foto EDH / archivo

En un informe, la Asociación de Periodistas de El Salvador (Apes) declaró haber registrado estas salidas de periodistas entre enero y el 9 de junio de 2025. “Los periodistas que han abandonado el país pertenecen, en su mayoría, a medios independientes y/o digitales, que se han mantenido críticos y rigurosos con respecto al actual gobierno”, precisó la Apes.

Según la asociación, la mayoría de estos profesionales “fueron advertidos” de la posible “existencia de una lista -y su probable inclusión en ella- como próximos objetivos de detención”. El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha acusado a la prensa de sumarse a lo que él califica como un “ataque organizado” contra su gobierno por parte de ONG, que lo señalan por violaciones de derechos humanos y corrupción.

Caudillos por vía democrática

Para Simón Espinosa, “el caso reciente de El Salvador ilustra con claridad el gran fracaso político de la civilización: el eclipse del poder constituyente en democracias bastardas. Una Corte Constitucional, nombrada por una Asamblea controlada por el Ejecutivo, reinterpreta la Constitución para habilitar la reelección inmediata e indefinida del presidente Bukele, pese a su prohibición constitucional expresa”.

Agrega: “el poder constituido suplanta al poder constituyente sin consulta al soberano, y todo por el éxito de haber ganado o casi la lucha contra el poder criminal de las Maras. No se trata solamente de agradecer al gobierno: se trata de eternizarlo en el poder. Se tuerce el derecho para que sirva a un solo nombre. Y el pueblo, reducido a aclamador en lugar de ciudadano, pierde la capacidad de renovar el pacto. Su voto dejará de fundar y comenzará a ratificar”.

Bukele responde a los que critican la reelección indefinida en El Salvador y otros cambios legales, diciendo que el poder constituyente es el acto inaugural donde un pueblo se reconoce soberano y establece las reglas de su convivencia. No es un poder derivado ni delegado ni repetible. Se trata del fundamento del derecho y el origen legítimo del orden político.

Pero, cuando el poder constituido —Ejecutivo, Legislativo, Judicial o Corte Constitucional— usurpa esta facultad “interpretándolo” al antojo del poder detentador, deja de ser delegado o derivado y pasa a ser usurpador.

El pueblo, entonces, no constituye, no delibera, no funda y la soberanía queda en manos del aparato que debía servirla. Solo el pueblo, como sujeto soberano, puede fundar o reformar el orden político. Cuando el poder constituido -gobierno, corte o asamblea- se arroga esa facultad sin mandato directo, usurpa el origen de la legitimidad democrática, sostiene el analista.

Así, el poder constituido mata al poder constituyente -el efecto se apropia de la causa- “y comienza el mundo al revés de la democracia bastarda”, sostiene Espinosa, agregando que “el poder concentrado, perpetuado y reverenciado no es una forma de modernidad institucional. Es una regresión arcaica: del gobernante al macho alfa y del pueblo a la manada”.

Y así queda demostrado con gobernantes de diferentes tendencias políticas, como Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela hasta Vladimir Putin en Rusia, Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa —que lo intentó hasta que se vio frustrado por la consulta popular convocada por su sucesor Lenin Moreno en 2018—, Recep Tayip Erdoğan en Turquía, Viktor Orbán en Hungría, Alexander Lukashenko en Bielorrusia, entre otros, la figura es reconocible. Venezuela y Nicolás Maduro llevan más de una década ganando elecciones amañadas.

Hay gobernantes que dicen que son la encarnación del pueblo y que escriben una Constitución a su beneficio y países en donde la obediencia sustituye al juicio del soberano. “Que nunca más el pueblo camine con el voto en la mano y la soberanía vacía”, sentencia Simón Espinosa. Añade: “la democracia es una llama frágil. Pero aún encendida, puede iluminar los siglos. No la dejen morir en el silencio…Y cuando todo parezca perdido, que se recuerde: el poder originario, que es el pueblo, no muere, solo espera”.

Ugo Stornaiolo

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