sábado, mayo 2, 2026

Crisis del orden mundial

La distribución de pesos e influencias vigente desde 1945, al fin de la Segunda Guerra, ha cambiado de pronto. El acercamiento estadounidense a Rusia en un intento de romper o debilitar la relación de esta con China, y de un potencial multilateralismo, han modificado el orden mundial instalado en el último período.

Rafael Paredes Proaño

Por: Rafael Paredes Proaño

El encontronazo entre el vicepresidente de los Estados Unidos con líderes de la Unión Europea durante la conferencia sobre seguridad, realizada en Munich, es de tal profundidad que, con ese solo episodio, se puede afirmar que hay una quiebra del actual orden mundial. Es, probablemente, el primero de esas dimensiones desde fines del siglo XVIII en que los europeos iniciaban la retirada de sus colonias. En ese entonces, Estados Unidos de América declaraba su independencia y se proclamaba protector de las ideas de libertad, derechos humanos y democracia.

Ese careo entre la administración Trump y mandatarios europeos revela que en la comunidad internacional hay alarma y preocupación por el futuro del sistema multilateral. El fraccionamiento de la OTAN, ante el cambio de posición de EE.UU. frente al continente europeo, es una modificación radical de los valores geopolíticos estadounidenses: Europa, para sus fines de control hegemónico, ya no es relevante para los Estados Unidos. En esa determinación el punto focal es China y el pretexto es Ucrania.

No obstante, el aspecto de mayor relevancia es la división ideológica y los criterios sobre seguridad. Estados Unidos acusa a la Unión Europea de socavar valores fundamentales de la democracia. Atribuye a los europeos vulnerar una de las principales libertades políticas: la de expresión, al “bloquear” a agrupaciones tildadas como de ultraderecha. A esa “represión”, a través del denominado “cordón sanitario”, que imponen “comisarios” (sherifs) de un sector político a otro, que lo califica como “enemigo interno”. Esa “amenaza” —de acuerdo con el vicepresidente estadounidense— es de mayor grado y “preocupación” que la que producen adversarios como Rusia o China, lo que, a su criterio, es un retroceso democrático.

El canciller de Alemania, al reclamar la intromisión en asuntos internos, recordó que antes de referirse a las libertades democráticas hay que fijarse en el Gobierno de Trump.

Las expresiones del segundo mandatario americano contra Europa se extendieron. Calificó de amenaza a la seguridad, la “apertura” a millones de inmigrantes “sin control”. Manifestó que se encuentran en peligro “libertades básicas de británicos religiosos”. Concluyó que “la democracia se basa en el principio sagrado de que la voz del pueblo importa; no hay lugar a cortafuegos: o se mantiene el principio o no”. Como corolario de la escena, en el congreso sobre seguridad el vicepresidente no se reunió con el anfitrión de la sede de la conferencia, el canciller alemán, jefe del gobierno; pero sí lo hizo con la líder y candidata del partido de “extrema derecha”, AfD, a días de unas reñidas elecciones.

La respuesta europea no se hizo esperar. El canciller de Alemania, al reclamar la intromisión en asuntos internos, recordó que antes de referirse a las libertades democráticas hay que fijarse en el Gobierno de Trump, que prohibe la presencia y cobertura de prensa en ciertos ámbitos, a la principal agencia de noticias de los Estados Unidos, la Associated Press (AP). El ministro de defensa alemán, dirigiéndose al vicepresidente dijo que “democracia no significa que una minoría ruidosa pueda decidir qué es la verdad. La democracia debe ser capaz de defenderse ante los extremistas”, expresó en tono airado. Reacciones similares hubo de Rumanía, que también fue señalada en la intervención del vicepresidente, y lo mismo lo hizo la jefe de la política exterior europea.

En medio de este hosco cruce de acusaciones está la marginación de Europa de los diálogos con Rusia acerca de la guerra en Ucrania. Estados Unidos ha dicho abiertamente que considera que los europeos no deben participar directamente en las negociaciones. No han sido ni consultados ni informados de planes o proyectos de paz y, peor aún, convocados a reuniones para abordar eventuales fórmulas de solución. Se ha justificado la exclusión de los europeos señalando que cuando se trató de alcanzar un alto al fuego a los combates en el Donbás ucraniano, resultó un fracaso, porque “había demasiadas partes involucradas”. Pero, Trump ha sido enfático en que un acuerdo de paz pasa primero por un pacto entre él y Putin, y no con el jefe de Estado del país invadido, Volodimir Zelenski, al que ha llamado dictador por no convocar a elecciones, en medio de la guerra.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha proferido insultos y ataques personales contra el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, y desde entonces ha redoblado la apuesta en un post en X, que a la hora de publicar este artículo iba camino de los 100 millones de visitas. Trump calificó a Zelenskyy de «dictador sin elecciones» que había perdido el apoyo del pueblo ucraniano y le dijo que «más vale que se mueva rápido» para negociar el fin de la invasión rusa de Ucrania o podría no quedarle país, entre otras cosas. Foto: Julia Demaree / AP Alliance

Ante esta situación, el presidente de Francia convocó a sus pares europeos a fin de delinear una postura común frente a las actitudes estadounidenses, que consideran que no es práctico que Ucrania pase a formar parte de la OTAN y “poco probable” que pudiera volver a tener sus fronteras anteriores a la toma de Crimea. Como se sabe, Ucrania ha solicitado, en repetidas ocasiones, su adhesión a la OTAN y ha rechazado cesión de su territorio como parte de cualquier acuerdo de paz; así como tampoco “vender” la extracción de las apetecidas “tierras raras”, tan deseadas por Estados Unidos, punto clave de cualquier destino de Ucrania.

Cada vez es menor la utilización del sistema de organizaciones internacionales para las cuestiones de mayor sensibilidad, a la vez que crecen los agresivos cuestionamientos al sistema multilateral.

Existe alarma europea de que Trump pueda hacer concesiones a Rusia antes incluso de que se inicie una negociación. La cuestión se ha complicado con la insistencia de que “Estados Unidos ya no tolerará una relación desequilibrada” con sus aliados, por lo que “Europa debe dar un gran paso hacia su propia defensa”.

A la vez, está el incremento de aranceles para varios productos europeos, entre ellos el acero y aluminio, dentro del masivo incremento de tarifas de “reciprocidad” sin excepción, como ha advertido el presidente Trump.

La creciente preocupación acerca de los términos de la seguridad mundial, como se ve, tiene fundados temores. La distribución de pesos e influencias vigente desde 1945, al fin de la Segunda Guerra, ha cambiado de pronto. El acercamiento estadounidense a Rusia en un intento de romper o debilitar la relación de esta con China, y de un potencial multilateralismo, han modificado el orden mundial instalado en el último período.

Cada vez es menor la utilización del sistema de organizaciones internacionales para las cuestiones de mayor sensibilidad, a la vez que crecen los agresivos cuestionamientos al sistema multilateral, surgidos desde una provocadora ofensiva e irritada visión unilateral. El de la OTAN es un ejemplo destacado. Existen otros, especialmente dentro del sistema de Naciones Unidas. Las recientes decisiones de Estados Unidos y Argentina de separarse de la Organización Mundial de la Salud, junto a la renovada decisión de Trump de retirarse de los compromisos de la Convención de París sobre Cambio Climático, han incrementado ese ambiente de molestia y zozobra.

No está por demás citar el pedido de retiro de la UNRWA (agencia de Naciones Unidas de ayuda a los refugiados palestinos) de territorios controlados por Israel, que se añade a una agria disputa entre el Estado israelí y Naciones Unidas. Todas estas cuestiones han vuelto a colocar en la mesa de discusión la función y utilidad de las organizaciones internacionales.

En última instancia está la búsqueda de hegemonía en tiempos de transición, y la incrementada disputa estimulada desde la administración estadounidense hacia China. No importa afectar a los aliados. Si a Europa se la piensa marginar, permanecen relegados los Estados del “tercer mundo”. Latinoamérica ha quedado para ser utilizada, a través de la coacción, en función de los objetivos de la potencia.

Cuestiones como la migración asociada a la pobreza, a los críticos temas ambientales y a la seguridad vinculada al narcotráfico y a economías ilícitas, son desafíos transversales, que afectan de manera global: esos están totalmente fuera de agenda.

El multilateralismo es una palabra opuesta a unilateralismo, como también a bilateralismo. Es una expresión que en el ámbito internacional define a la colaboración de más de tres Estados con un determinado objetivo que los une, como son el bienestar y la paz. Esa posibilidad está, por ahora, ausente de un orden futuro.

(*) Ex vicecanciller

Rafael Paredes Proaño

Rafael Paredes Proaño

Ex embajador de Ecuador en Colombia

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