viernes, abril 3, 2026

Argentina: por qué el peronismo es un virus social

La visión, el proyecto y la cultura del peronismo siguen siendo los mismos de siempre. El odio al liberalismo, la pasión por el autoritarismo y unas ideas económicas tan obsoletas que ahora resultan grotescas.

Por: Ugo Stornaiolo

Era el 17 de octubre de 1945. Una multitudinaria manifestación en Buenos Aires, encabezada por la Confederación General del Trabajo (CGT) y por Eva Perón, se congregó en la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Juan Perón, encarcelado cuatro días antes por las fuerzas militares golpistas. Fue denominado como el Día de la Lealtad y es considerado el momento fundacional del partido inspirado en el general que luego sería presidente del país.

Llama la atención que un partido que nació como un caudillismo haya logrado sobrevivir a su muerte y, como un camaleón, haya mutado en varias formas, hasta llegar a su momento actual, en donde sigue disputando espacios de poder e incluso gana elecciones, desde el caudillismo populista del propio general Perón, las aventuras seudo fascistas de su viuda Estela Martínez, el neoliberalismo de Menem hasta el socialismo del siglo XXI de Néstor Kirchner y Cristina Fernández y un peronismo caótico con Alberto Fernández.

Un periodista argentino contaba hace algún tiempo que “aunque haya algunos partidos y movimientos políticos en el país todos, en el fondo, son peronistas”. La raíz del movimiento está en el abrazo de las masas que creó Evita, uno de los símbolos e iconos de un partido que rompió la idea del bipartidismo en Latinoamérica con dos tendencias claras: el conservadorismo y la socialdemocracia matizada hacia la izquierda. En la actualidad se habla de dos formas de populismo, sin que se pueda definir exactamente en dónde está su espectro ideológico.

Ya han pasado 49 años del golpe militar que significó el fin de la democracia encabezada por el general Perón quien, tras su muerte, fue sucedido por su segunda esposa Estela Martínez. Pero, aunque ese no fue el comienzo de la debacle de ese país, también ocurrieron hechos atroces, como abusos, asesinatos y desapariciones forzadas de mucha gente (hechos que fueron encubiertos, fundamentalmente durante el Mundial de Fútbol de 1978).

Una vez que la nación volvió a la democracia, en 1983, bajo el mandato de Raúl Alfonsín, ya adolecía de problemas estructurales de difícil solución que han llegado hasta los tiempos actuales. Un país que estuvo en los primeros lugares del mundo en las primeras décadas del siglo XX y que, gracias a Perón y al populismo, cayó en una crisis de la que el actual presidente, Javier Milei, a pesar de sus esfuerzos, no lo puede sacar.

“Hay países que son ricos y países que son pobres. Y hay países pobres que se están haciendo ricos. Y luego está la Argentina”, según una clasificación atribuida a Mario Vargas Llosa.

Argentina, el país del tango y la milonga, del asado, del mate, del clásico Boca- River, la avenida 9 de Julio (la más ancha del mundo), el puerto de Buenos Aires (lugar de acogida de millones de migrantes europeos a finales del siglo XIX), de las madres de la Plaza de Mayo y del Luna Park. Un país de contrastes entre “lo porteño” y las provincias.

Foto: Cortesía
Puerto Madero. Foto: Cortesía

Un país orgulloso de su herencia de viajeros de muchas partes del mundo. Lugar del arrabal, del abasto que hizo célebre al “morocho” Carlos Gardel (el “mudo”, que cada día canta mejor, aunque murió en 1936). El país del cementerio de la Chacarita, donde está enterrado el zorzal criollo, pero donde también está la tumba de Evita, siempre adornada con flores que deja algún descamisado…

El país de Borges, de Sábato, de Cortázar, de Fontanarrosa, de Quino y Mafalda, de Charlie García y Gustavo Cerati, de las librerías siempre abiertas en la calle Corrientes (aunque el número 348 del tango no exista), en una ciudad que nunca duerme. El país del malogrado boxeador Carlos Monzón y de Diego Maradona, el ídolo futbolístico que hizo culto del vicio y cuya idolatría hizo posible que se cree una secta futbolístico-religiosa (la maradoniana).

“Hay países que son ricos y países que son pobres. Y hay países pobres que se están haciendo ricos. Y luego está la Argentina”, según una clasificación atribuida a Mario Vargas Llosa. El país del lunfardo (una especie de neo lengua que mezcla dialectos nativos y reminiscencias del italiano), de los apellidos extranjeros y los complejos. ¿Qué es un argentino? El humor popular dice que “es alguien que tiene apellido italiano, quiere vivir como inglés, pero es argentino”. Alguien que reivindica Las Malvinas y, al mismo tiempo, sabe que ya las perdió.

Enrique Santos Discépolo, compuso en 1934 un tango llamado “Cambalache”, una de las mejores descripciones del mundo contemporáneo. Fue compuesto originalmente en la denominada “década infame” por la denuncia de sus letras y víctima, en 1943, de la censura del gobierno militar como parte de una campaña para suprimir el lunfardo, las alusiones a la borrachera y los malos modales (esenciales en las letras del tango). Cuando tomó el poder el general Juan Domingo Perón, en 1949, se mantenía la censura a “Cambalache”, pero el caudillo pronto levantó la prohibición.

La canción denunciaba los males de la sociedad argentina, pero es aplicable a cualquier país de la región. La letra menciona a personajes reales y otros ficticios: el prócer San Martín y Napoleón, Stavisky (un estafador que se suicidó en 1934), don Bosco (fundador de la orden Salesiana), don Chicho (Juan Galiffi, mafioso) y Primo Carnera (boxeador italiano, campeón de pesos pesados en 1933). A estos personajes reales se sumaba «la mignon» (una querida o amante).

La letra, cantada por Julio Sosa, dejaba muchas reflexiones: “que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y doblé. Pero que el siglo XX es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue”, se menciona en la primera estrofa.

“El que no llora no mama y el que no roba es un gil. Dale nomás, dale que va. Que allá en el horno nos vamos a encontrar. No pienses más, sentáte a un lado. Que a nadie importa si naciste honrado. Si es lo mismo el que labura (trabaja) noche y día como un buey, que el que vive de las minas (mujeres), que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley”, cierra la canción.

“De tres cosas no podés hablar mal: de Gardel, de Evita y del Diego”, dicen los nostálgicos argentinos sobre la realidad de su país. Un país que, a partir de la llegada de Perón, creía que estaba en el camino al primer mundo.

Y en eso estaban, cuando llegó Perón…

El general Juan Domingo Perón surgió en la política argentina como el típico oficial que se subleva ante los mandos superiores, cuando era coronel, por lo que terminó en la cárcel, desde donde empezó a construir su mito (cualquier similitud con Hugo Chávez es pura coincidencia). Una vez creada la narrativa, Perón empezó a edificar su imagen de líder. Al tomar el poder, uno de sus golpes de efecto fue casarse con Eva Duarte (una discreta actriz de teatro) quien encarnó el espíritu de los “descamisados”, a quienes “abrazaba” en todos los actos públicos.

“De tres cosas no podés hablar mal: de Gardel, de Evita y del Diego”, dicen los nostálgicos argentinos sobre la realidad de su país. Un país que, a partir de la llegada de Perón, creía que estaba en el camino al primer mundo, con indicadores económicos asombrosos y catalogada como la décima economía mundial, aprovechando los precios de la soya y de la carne, entre otros productos de exportación. Decían los futbolizados argentinos, “ahora sí, tenemos un técnico que nos hará campeones de América, de Europa y hasta del mundo”.

Si de temas futbolísticos se trata, Argentina no podía escoger mejor. Perón parecía el más indicado para que el país llegue al desarrollo. Cuando creó su movimiento político, dijo que no era un partido político, sino que formaba parte de la esencia del movimiento obrero, de estudiantes, hombres y mujeres. En esencia, un movimiento de los “intereses nacionales”. Así nació el Justicialismo.

Sus consignas, la justicia social, no como lucha de clases, sino para mejorar el nivel de vida de los trabajadores; la independencia económica, sin injerencia de potencias extranjeras; y una postura de no alineamiento en el ámbito internacional (tercera posición), tomando una actitud de neutralidad en los conflictos internacionales (aunque es conocido que muchos líderes del nazismo alemán y del fascismo italiano fueron protegidos por el régimen peronista).

Desde que Perón llegó a la presidencia, en Argentina se empezó a gestar la crisis económica, que tuvo mucho que ver con las medidas populistas encarnadas a partir de su gobierno.

En un país en donde el movimiento obrero no se identificaba con el partido socialista o comunista, fue en el peronismo en donde se albergaron todos los espectros políticos e ideológicos, en contraposición al histórico partido de la Unión Cívica Radical, que tuvo como líder histórico al presidente Hipólito Yrigoyen, en los años 20 del siglo pasado.

Siempre ha sido difícil caracterizar ideológicamente al movimiento creado por Perón que, además de los descamisados, tuvo entre sus principales sustentos a los militares. Sin embargo, su llegada al poder no fue por el característico “cuartelazo”, sino por la vía electoral. Desde que Perón llegó a la presidencia, en Argentina se empezó a gestar la crisis económica, que tuvo mucho que ver con las medidas populistas encarnadas a partir de su gobierno.

Perón instauró todas las formas del populismo. Un día dijo el caudillo argentino que, “habiendo recorrido el país de punta a punta y habiendo conocido todas sus bellezas y maravillas, se encontró al fin con su más grande y alta belleza: el pueblo”. El pueblo se asume como un mito, más allá de una definición terminológica a nivel lírico y emotivo.

Ernesto Laclau, un pensador argentino, experto en Perón y en el populismo de su país, señala que “es una categoría ontológica y no óntica –es decir, su significado no debe hallarse en ningún contenido ideológico o político que entraría en la descripción de las prácticas de cualquier grupo específico, sino en un determinado modo de articulación de esos contenidos sociales, políticos o ideológicos, cualesquiera ellos sean–“.

Hablan las cifras

Según datos del analista económico argentino Enric González, el producto interno bruto argentino en 1921 superaba al de Francia o Alemania y mantuvo como moneda estable al peso, hasta 1969. Luego tuvo el peso ley hasta 1983, que fue cambiado por el peso argentino hasta 1985, el austral hasta 1991 y el actual peso. Desde 1980 entró en default (por no pagar la deuda externa) en cinco ocasiones.  Su deuda con el FMI supera los $ 50.000 millones.

Tras la caída de la segunda esposa de Perón, Estela Martínez (puesta por él en el poder en 1973) y la llegada de las dictaduras de Videla, Galtieri y Bignone desde 1976, el país entró en un torbellino de errores, agravados por la inacción que tuvieron los gobiernos previos (en una alternancia, de prevalencia peronista con el partido Radical). No hay que olvidar, tampoco, que el Mundial de Fútbol de 1978 fue otra ocasión para que la dictadura militar se endeude más de lo previsto.

De haber sido una de las economías más fuertes del mundo hasta la década de los 30, no pudo detener sus procesos inflacionarios en las últimas décadas, con una serie de presidentes de todas las tendencias ideológicas peronistas (Menem, Duhalde, Kirchner, Cristina y Alberto Fernández) y de otras agrupaciones (Alfonsín, De la Rúa, Macri y Milei).

Perón estableció el proteccionismo de la industria nacional, haciendo de la agricultura la principal actividad de exportación del país, lo cual era un problema cuando bajaban los precios internacionales de los productos agrícolas.

Desde su primer mandato (1946-1955), Perón estableció el proteccionismo de la industria nacional, haciendo de la agricultura la principal actividad de exportación del país, siendo éste también su problema cuando bajaban los precios internacionales de los productos agrícolas. Sin embargo, el sector agrícola no produce mucho empleo porque pocas personas poseen la mayoría de las tierras y pagan altos impuestos. Argentina nunca llegó a industrializarse. Un economista argentino que dirigió la CEPAL, Raúl Prebisch, propuso el modelo de sustitución de importaciones, a mediados del siglo XX, sin provocar mejorías en el país.

Desde la llegada al poder de Perón y sus sucesores, la Argentina ha sido una permanente productora de crisis, generadas por una economía basada en el endeudamiento externo, que en los ‘80 provocó hiperinflación, con alzas de precios de más del 3.000 %. En el gobierno del peronista de derecha Carlos Saúl Menem, el país entró en privatizaciones, provocando una subida desmesurada de precios de bienes y servicios. El inicio del milenio generó un feriado (corralito) bancario, impidiendo a las personas retirar sus ahorros de las instituciones financieras, en el fallido gobierno de Fernando De la Rúa, que dejó el poder con una de las mayores crisis que se recuerdan (lo sucedieron algunos encargados del poder).

Actualmente, la economía argentina depende de la fluctuación del precio del dólar y los controles cambiarios. Javier Milei propuso en campaña que el país entre en un proceso de dolarización con el modelo ecuatoriano. Las cifras hablan de que cuatro de cada diez argentinos son pobres y se acomodan en las villas miseria o invasiones de terrenos privados (la olla común es cotidiana en barrios pobres).

Argentina ponía frecuentemente a funcionar la máquina de imprimir moneda, para financiar el déficit y un gasto público elevado. Alrededor del 60% de los habitantes del país dependían del Estado (como empleados públicos o como beneficiarios de subsidios). Milei ha optado por reducir el gasto público y la burocracia estatal con drásticos recortes que han provocado protestas en todo el país con un revés electoral del movimiento del gobernante en las locales de septiembre, subsanado en las legislativas del siguiente mes.

 Un viaje al interior del peronismo

La chatarra peronista -calendarios, insignias y fotos en marcos de hojalata- se exhibe ordenadamente en dos grandes mesas. Perón de uniforme, de frac, a caballo. Evita con un vestido de Christian Dior en su palco del Teatro Colón o de traje entre los descamisados. Evita y Perón en el balcón de la Casa Rosada, en horribles salas de estar con teléfonos blancos, en orfanatos rodeados de huérfanos que los vitorean. La sede peronista es una especie de santuario.

Surge la pregunta ¿es posible que, después de tantos años, el peronismo siga con su mística y sus estampas, mitad partido político, mitad culto a los dos Grandes Muertos? ¿De qué «renovación» se puede hablar si se siguen vendiendo estampas? Jorge Luis Borges decía «los peronistas no son ni buenos ni malos. Son incorregibles».

Los peronistas no han cambiado; ¿por qué y cómo se transformaron tan repentinamente? No: la visión, el proyecto, la cultura del peronismo siguen siendo los mismos de siempre. El odio al liberalismo, la pasión por el autoritarismo y unas ideas económicas tan obsoletas que ahora resultan grotescas. La pregunta clave en el «caso argentino» sigue siendo: confiar o no en el peronismo que, a pesar de su más reciente derrota electoral, sigue siendo la fuerza política más fuerte del país.

Cuando el peronismo no es poder, pasa a la oposición y se organizan manifestaciones cerca de la Casa Rosada, el grito de la multitud sigue siendo el mismo: “¡salgan de la casa de Perón!”. La masa de militantes no ha cambiado tanto. Muchos siguen creyendo, después de todas las tragedias, que solo el peronismo puede gobernar el país. Y esa es la paradoja de este virus social llamado peronismo.

 

Ugo Stornaiolo

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