La declaración de Luis Verdesoto, que titula esta entrevista, es una respuesta a quienes se acoplan a la visión de The Economist de calificar a Ecuador como un nuevo narcoestado en América del Sur. El catedrático, investigador político y ex funcionario público sostiene que es una visión extrema e interesada sobre lo que está viviendo esta nación andina, atacada por la corrupción e inoperancia estatal, las economías criminales y la crisis institucional. Pero, como la situación del Ecuador es compleja y multicausal, Verdesoto también aborda, en este contexto, las tendencias electorales de acuerdo a varias encuestas últimas, que dan un supuesto empate técnico entre dos candidaturas al parecer inalcanzables, o cual demuestra la muerte del centro político, pero alerta sobre cómo una nueva administración puede llegar a un pacto político para desdolarizar una economía cuyo modelo de gasto estatal ya no da más.
I. LAS DOS CANDIDATURAS PUNTERAS
¿Cómo se deben leer las últimas encuestas que dan una amplia ventaja al correísmo y al oficialismo sobre los demás candidatos?
Hay un universo de indecisos bastante grande, pero no hay cómo identificarlos de modo homogéneo, hay indecisos en grados, los menos consistentes pueden migrar en el electorado, y este es el problema central que hay que discernir: ¿qué pasa con los votos de Topic, una vez que sale del escenario? ¿Qué pasa con ese universo de indecisos, que pueden ensancharse abriendo el juego mucho más? Esta es una coyuntura electora muy gelatinosa, donde las situaciones y los actores se hacen y se deshacen. Es una coyuntura sinuosa que tiene destinos poco predecibles.
¿A su criterio qué pasa con la votación probable de Topic?
La pregunta adicional es si habrá un solo beneficiario o más. No interesa saber cómo están las posiciones en esta carrera, sino dónde están las tendencias de las acciones en la escena política. Lo primero es que uno podría decir que la votación de Topic lleva un endoso a un sucesor dentro de Suma, creo que es muy poco probable, por la misma naturaleza del candidato que han escogido, la renuncia de la candidata a vicepresidenta… Tampoco es esperable que toda la votación probable de Topic se mueva como un conjunto a otro candidato o candidata. Lo que ocurre muy a menudo es que estos votos vuelvan a su origen, es decir que quienes interpretaban que en Luisa González había una falta de fortaleza propia o capacidad para manejar el tema de la seguridad y que migraron hacia Topic por su imagen de hombre fuerte con capacidad para hacerlo, y lo propio los votantes de Noboa, es probable que retornen a sus preferencias originales y se definan, con más claridad, dos probables finalistas. Ahí, la diferencia entre Luisa y Noboa se vuelve importante, porque al recuperar votos que habían perdido, uno de los dos, el que está a la cabeza se acercará más al 40%, con 10% por encima de su seguidor, y se activará una institución que puede facilitar una elección, pero también complicarla.
¿Hay opción para una tercera o cuarta vía o es irreversible esta nueva polarización?
Veo difícil que a estas alturas se constituya un tercer candidato. No veo posibilidades de un candidato fuera de estos dos punteros. No por ahora, no hay circunstancia apremiante que pueda producirse, tampoco veo un outsider con el perfil para ello. Creo que el destino de esta elección está condicionado a si el correísmo puede salir de ese enclaustramiento del tercio del electorado, o no. Si puede salir de este tope histórico, es probable que la salida de Topic del escenario se haya constituido en la peor de las maniobras políticas, pues terminaría impulsando al antagonista, no a quien la protagonizó. Creo que la ruptura de esa barrera del 40% nos pone en una disyuntiva compleja, que es el manejo de la política como una pelea entre vaqueros que se enfrentan, se disparan e intentan matar el posible enemigo y puede generar un resultado impredecible. El escenario parece moverse de una política ventrílocua, donde hay una candidata que es operada por un mago visible, que gesticula, y por otro lado las expresiones de un macho alfa, de sexualidad básica, que trata de cohesionar con un electorado muy sensible frente a la situación general. El problema es que esta polaridad nos genera disyuntivas poco amigables con la situación que demanda la agenda política del país.

II. ¿HACIA LA DESDOLARIZACIÓN?
¿Cuál es esa agenda? ¿El poder político tiene relación con la hegemonía del poder económico?
Creo que hay un mar de fondo muy fuerte. Se ha roto el acuerdo básico de relación interregional entre la Sierra y la Costa y la Amazonía; se ha roto el acuerdo fiscal que aupó la distribución del excedente petrolero. Esa situación de la caja fiscal, relativamente saludable, puede fracturarse muy rápidamente cuando tampoco no hay un modelo económico que no se sustente si no en el gasto público. Al romperse el acuerdo fiscal que sustentó el crecimiento de los años 70 —que fue la existencia de una caja única, la distribución del excedente petrolero, un aflojamiento del gasto estatal en aquello que no provenía del petróleo y una cierta libertad para gestionar desde la esfera estatal— nos devuelve a unos patrones que históricamente han funcionado en el Ecuador y estos son que: el precio de la divisa determinaba las capacidades de cada uno de los dos actores fundamentales, el sector interno y el sector externo de la economía. Si se devaluaba la moneda, el sector externo adquiría mayor rentabilidad y más altas tasas de ganancia, mientras se mantenía estable el precio de la divisa el sector interno era el que mantenía esas capacidades de compra y de importación y gestión industrial. Esta gestión es la que se rompe cuando se hace una sola caja fiscal y se centralizan todos los ingresos y nos devuelve a una situación en la dolarización en que quien era el portador de la mayor masa de divisas era el que más fortalezas prestaba al modelo económico de la dolarización, y en este caso era el Estado, que alcanzó su pico más alto de ingresos en el gobierno de Rafael Correa y que ahora con el decaimiento de la producción de petróleo deja de tener esa capacidad, y todos aquellos actores económicos que se articulan hacia el mercado externo, es decir que ingresan divisas, se convierte en actores económicos fuertes. Ya no interesa en este rato el precio de la divisa, sino producir divisas. Si tienes un gobierno que afinque su modelo de desarrollo solamente en el gasto público y no hay condiciones de adquirir excedente público, va a procurar obtener recursos de un proceso de desdolarización, porque solo un proceso de desdolarización proveerá al Estado, como primer actor, todos los recursos que requiera para sostener ese gasto público sobre el cual se afinca ese modelo de desarrollo.
Esta prevalencia de quienes producen divisas se refleja en la composición de las candidaturas, en los focos de iniciativa política en la Costa, la depresión política de la Sierra y particularmente la ciudad de Quito.
¿Qué sucedería, entonces?
Es evidente que esto abrirá una tentación muy grande a los poseedores de divisas para ganar en ese proceso de desdolarización. Si estas dos vertientes se juntan, evidentemente en el Ecuador asistiremos a un desacuerdo fiscal enorme y una ruptura de los equilibrios entre dos regiones, Costa y Sierra. Esta prevalencia de quienes producen divisas se refleja en la composición de las candidaturas, en los focos de iniciativa política en la Costa, la depresión política de la Sierra y particularmente la ciudad de Quito. Quito ha decidido atrincherarse y cubrirse. Recordemos que en la historia ecuatoriana siempre hubo una mayor capacidad de los quiteños de acoger candidatos que venían de fuera de Quito, mientras que en la Costa siempre hubo una aversión hacia los candidatos que provenían de la Sierra y sobre todo de Quito.
Esta desconfianza interregional, que en Ecuador se ha dado históricamente, ahora se vuelve a manifestar y podría ser terriblemente grave que opten por esta equivocada ruta de desdolarizar y mucho más si, desde ya se prevé, se opta por una desdolarización liviana, ligera, es decir desdolarizar de a poquito con múltiples monedas y tratar de buscar los esguinces para un gasto público que no sea lo que tiene como destino la desdolarización: la hiperinflación. Porque debemos tener una cosa clara, desdolarizar costó al país y a los sectores de menores ingresos altísimos costos. Desdolarizar costará ahora muchísimo más.
Entonces ¿qué sentido político tendría, para el correísmo por ejemplo, desdolarizar, si el costo en todo sentido va a ser muy alto?
Ese es justamente el mensaje que nos envían, diciéndonos que quieren concentrar todo el poder político para poder gobernar todas las opciones con todos los actores. Recuerda que hay una cierta práctica, que se dio con el correísmo, especialmente con la banca. Esta fue la más vilipendiada entre los actores económicos de mayores ingresos pero a la vez fue la que más ganó durante el correísmo. Es una práctica que maneja el populismo muy a menudo. Y ahora lo que nos están diciendo es: denme todo el poder porque desde ese poder podré iniciar un proceso en el que yo reparta el excedente y consiguientemente lograré gobernar las consecuencias políticas de la desdolarización, que tiene que ser captar y reprimir duramente las manifestaciones de los muy altos costos, porque tenemos claro que el Ecuador tiene cerradas las fuentes de financiamiento más importantes del mundo.

¿Por qué ve a la desdolarización como posibilidad real? ¿Por la situación económica, la faltad de ingresos?
Porque es el atajo que tiene que buscar un modelo político que se basa únicamente en el gasto público. Cuando no existe la posibilidad de tener un modelo con un muy alto grado de disciplina y responsabilidad fiscal, es muy probable que se tome el atajo de desdolarizar y por es la vía que se requiere para ese modelo político. Y por esa vía obtener el excedente que se requiere para ese modelo político. Esto se vuelve muy grave en un contexto del país atravesado por dos fenómenos: el de la narcotización de la economía y el de que el sector más flexible que tiene la economía ahora está alrededor del excedente del narcotráfico y por otro lado el fenómeno de la violencia. La violencia criminal es uno de los factores de costo y distorsión del gasto público más decisivos que existen para cualquier Estado. La seguridad puede comerse el presupuesto estatal, comerse las posibilidades de desarrollo, y peor aún cuando los excedentes pueden venir de los mendrugos que el narcotráfico deja en el país.
Si hay una relación entre poder político y poder económico (obtención de divisas) ¿qué papel tiene el correísmo?, porque este no representan a ningún grupo económico poderoso, como sí lo representa el presidente Noboa.
La economía y la política se articulan de distintos modos. Generalmente podemos tener un modelo clásico, que es ver la política atrapada por un grupo económico, o la política trabajando para un grupo económico. Y podemos tener también lo que se ha dado en muchos países, con el ingreso masivo de la extrema derecha, en que la política se convierta en un escenario del debate y la disputa de los ricos. El correísmo tiene, y así lo ha aplicado siempre, el caudillismo. Es la adaptación caudillista que ha tenido el populismo en el Ecuador, que es acumular poder político para gobernar a fracciones distintas e ingobernables generalmente a través de una extorsión pública. Correa extorsionó públicamente a actores y regiones para que se sometieran a un dominio político; extorsionó a medios de comunicación, a luchadores por los derechos humanos… acumulando el poder político necesario para conseguir llevar al país a lo que creía era su destino político, y ese destino no tiene otra mirada que no sea el gasto público y pensar que el Estado es la encarnación del gasto público y del bien común. No es así; el Estado es un aparato que debe administrar una noción de bien común, que se incuba en el acuerdo socialmente necesario de todos los ecuatorianos. Es una forma distinta de entender al Estado: como una forma de residencia del bien común, o entender al Estado como algo socialmente necesario producto del acuerdo entre los ecuatorianos sobre hasta dónde debe convenir la presencia pública o la presencia privada, a partir de modalidades de construcción de objetivos nacionales en conjunto. El extremo liberalismo o de derecha también tiene una visión: nada de Estado y todo al mercado, implica que el mercado en solitario va a determinar el destino de una sociedad, y eso no es correcto.
Correa fue un extorsionador político colectivo, que nos intercambió restricción de libertades y derechos humanos por mayor consumo y movilidad social. Pero a veces también dio pasos hacia la extorsión colectiva con presumibles intereses económicos, como cuando, por ejemplo, chantajeó a la población de Cuenca con la aceptación del tranvía a cambio de que esta acepte la minería. Y el tranvía fue aceptado por el Consejo Municipal de Cuenca un 26 de diciembre. Existen muchos ejemplos.
El correísmo es la adaptación del caudillismo en el Ecuador, y su modus operandi es acumular poder político para gobernar a fracciones distintas e ingobernables, generalmente a través de una extorsión pública.
Pero en el Ecuador nunca se ha dado ese momento. Supuestos ultraliberales como Lasso o Noboa han incrementado el gasto público y han tomado al Estado como un instrumento de corrupción.
Efectivamente creo que el Ecuador nunca ha estado en una posición extremadamente liberal. La mejor muestra es que la economía petrolera ha seguido vigente durante toda la democracia. Diría que la economía petrolera ha tenido sobre sus hombros la creación de los actores políticos que sustentaron la democracia en los últimos 45 años, y a lo largo de estos la economía estatal petrolera, muy corrupta, ha servido sin embargo como sostén de una cierta capacidad distributiva del Estado y de un mínimo bien común que no ha sido debidamente valorado. Los ecuatorianos no hemos valorado el conjunto de avances que hemos tenido en democracia. Evidentemente con todo lo que implica la corrupción y que se ha dado una desviación de los excedentes, sin duda. Esto viene desde que arrancamos con la democracia y aprendimos a ser demócratas dentro de ciertos avances importantes.
Pero todo esto al parecer ya está agotado, porque las dos opciones presidenciales que aparecen, como casi irremediables, no están hablando de democracia.
Esto implica que el centro político ha desaparecido, y las sociedades normalmente caminan a la construcción de un modelo de centro político. Que no es la suma de los extremos, es un modelo que tiene características de oportunidad de mercado, de regulación de mercado y de intervención del Estado en el mercado. Y es un modelo pluri clasista, no es una política de ricos con los ciudadanos mirando desde fuera. Son, en el fondo, grandes reformas que tienen modalidades progresivas de incremento. A nosotros nos llamaban reformistas cuando tratábamos de pensar en esto al inicio de la democracia, y es una diáfana muestra de la reforma progresiva a una irracional ruptura de los extremos. El principio es claro: la política se hace desde tres, no se hace desde dos. La política siempre es ternaria.
¿Y en el Ecuador cómo se expresa eso?
En que siempre hemos tenido una exclusión perfecta del centro derecha al centro izquierda y siembre ha habido asaltantes que han devorado al centro izquierda y el ejemplo más claro es la pérdida de identidad política de la Izquierda Democrática en manos del correísmo, y de la centro derecha, en manos de una derecha emergente que no se sabe qué es exactamente ni hacia dónde se conduce.
Pero, ¿hay espacio para la construcción del centro político?
Es lo más importante en lo que los ecuatorianos debamos ocuparnos. Quizá ya no lo veamos, quizá lo vean nuestros hijos, pero debemos volver a pensar en la reconstrucción del centro político sin que desaparezcan los extremos, sino como la construcción de una sociedad viables. Creo que nos equivocamos cuando pensábamos que podíamos liquidar al populismo en medio de un capitalismo que ciertamente es depredador, y que el populismo se aprovecha de las consecuencias de eso y de los marginales que deja esa depredación y hay un sector superior de la sociedad que no entiende eso del gobierno de todos y para todos.
¿Cómo, si lo que menos sabemos hacer es acuerdos?
Tenemos que lograr primero un acuerdo entre regiones y volver a generar confianza entre regiones y entre actores sociales y políticos.

III. UN DESTINO LIBRE DE NARCOTRÁFICO
Ahora, la realidad es que hay un fenómeno de violencia criminal que lo atraviesa todo y una economía criminal que coloniza la actividad económica y contamina al Estado. ¿Qué impacto tendría todo esto?
Uno de los primeros errores que podemos cometer es esto que ocurre en las ciencias sociales ahora, que es sacar frases absolutistas y decir que somos un narcoestado, o estamos al borde de este, o que el narcotráfico se tomó la economía. No es así. Creo que la política es la capacidad de discernir y tenemos que discernir aquella parte del Estado que está sana de aquella que ha sido contaminada por el narco y la violencia. Es evidente que la parte más activa de la economía está viniendo del narcotráfico, de esto que me atrevo a definir como tratar de convertir al Ecuador en una economía de paso. Es decir, quieren convertir a nuestras carreteras, nuestras regiones y a nuestros jóvenes en guardianes del transporte de cocaína, que a la vez invierte en el elemento socialmente más accesible para la movilidad social para el excedente que puede dinamizar ciertas actividades económicas. Esto no quiere decir que toda la sociedad esté tomada por el narcotráfico. Quiere decir que nos quieren convertir —funcionalizar a nuestra sociedad— en una economía de paso. Es decir, usar todo el tiempo en proteger o luchar contra el paso de la cocaína hacia nuestros cinco puertos, que nos ha costado mucho como país. El destino del Ecuador no es ser una sociedad de estibadores de cocaína. No nacimos para ser cargadores de cocaína ni acomodadores de cocaína en los barcos, ni guardianes o puerto seco de la cocaína. No nacimos ni existimos para eso, ni ese es el destino del Ecuador. Creo que hay que eliminar estas ideas básicas a las cuales nos quieren inducir, la de ser una economía de paso y una economía de estibadores de puerto. No nos van a conducir a eso.

¿Quién nos quiere conducir a eso?
Diría que el primer interés es de aquellos que están mirando el tránsito de la cocaína por el Ecuador. Hay un dato que me golpea profundamente y es un dato que no se ha difundido mucho y son las cifras que en la cumbre mundial del clima, en Colombia, presentó las Naciones Unidas, con mención en la producción de hojas de coca en Putumayo y Nariño y en esas zonas tenían en hectáreas el equivalente al 10% del territorio ecuatoriano. Es decir, algo parecido a la mitad de nuestra selva amazónica virgen. Eso es dramático. Ahora, ¿quién nos quiere convertir en economía de estibadores? Básicamente quienes están produciendo cocaína con nuevas tecnologías en el borde norte del río Mataje, empresarios que producen hojas de coca, que producen la cocaína que transita por el Ecuador y que nos están forzando a que Ecuador destine una cantidad de recursos muy grande al control de este tránsito, y lo mismo en el caso peruano, donde hay grandes traficantes de oro que usan al Ecuador como tránsito. Ecuador no tiene como destino ser el puerto seco de la cocaína y no debemos dejarlo. Quienes más tienen interés son quienes se acoplan y se asocian a este modelo, y quienes creen que la movilidad social y la convivencia en el Ecuador tienen que estar ligadas a este modelo, lo mismo que a la corrupción. Recuerda que el gran crimen, siempre funciona a través de la corrupción, no toda la corrupción es narcotráfico y gran crimen, pero sí todo gran crimen funciona a través de la corrupción. Y en Ecuador ya tenemos, por decirlo con el cuidado debido por el uso de la categoría, una especie de clase social de corruptos, que hace negocios con el Estado, que ahora venden, se protegen y lavan activos en la empresa pública. Y que además desarrollan una serie de actividades de consumo que no están ligados al gran capital, oligárquico o industrial, pero que le disputan un gran espacio en la economía formal.
La prensa independiente del Ecuador ha investigado, evidenciado y publicado sobre todo esto, pero la reacción de las autoridades y la sociedad es prácticamente nula. ¿Ese silencio indica que es inevitable que terminemos al servicio de narco sistema y con el Estado ecuatoriano siendo funcional a los productores de coca y traficantes de oro?
Han existido dos visiones del Estado. La visión clásica del marxismo fue una visión instrumental del Estado: es un instrumento de la burguesía y hay que convertirlo en un instrumento del proletariado. Y esta visión deformada es la que tiene el populismo disfrazado de centro izquierda. Y también hay la visión ingenua del liberalismo extremo, que cree en el Estado como un abstracto en medio de las libres fuerzas del mercado. El aparato estatal es una expresión de aquello que los ecuatorianos queremos que sea. Tenemos que buscar cuál es el punto de equilibrio de un Estado socialmente necesario. Cuál es el Estado que la sociedad necesita para gobernarse a sí misma. Tenemos que luchar contra estas dos formas, tan extraordinariamente nocivas de existencia del aparto público. Porque este rato estamos entre los antipolíticos, con el discurso de que todos los políticos son malos, y el otro discurso de que solamente la instrumentalización del poder público nos conduce a la bondad. Y esto nos conduce a una política de la irresponsabilidad, cuando lo que tenemos que hacer es una política de responsables. Pienso en un sistema político donde cada uno cumpla con su deber con inteligencia y entrega, y funcione extraordinariamente como la selección de fútbol lo hizo en Colombia.
