La Sección 7031(c) de la Ley de Asignaciones para el Departamento de Estado, Operaciones Extranjeras y Programas Relacionados de 2024, fue el instrumento legal estadounidense por el cual ese país determinó que los ex mandatarios Rafael Correa y Jorge Glas, y sus familiares inmediatos, no son admisibles para entrar a Estados Unidos.
Esta Ley establece que el secretario de Estado (canciller) de ese país puede designar pública o privadamente o identificar a los funcionarios de gobiernos extranjeros y sus familiares inmediatos, sobre los que cuente con información creíble sobre actos de corrupción significativa. Y la clave está en esta información creíble, según dice el ex canciller del Ecuador, Juan Carlos Holguín, quien en diálogo con Plan V expone los impactos internacionales y nacionales sobre el ex presidente Correa, su discurso de victimización y sobre la defensa que Correa y el gobierno de México hacen del ex vice presidente Jorge Glas. La tesis de la persecución política a través de la justicia, o lawfare, esgrimida por los gobiernos (auto pretendidos) progresistas cuando son acusados de corrupción, con esta decisión, se cae. Sobre todo porque la decisión para Correa y Glas llega de un gobierno por lo menos condescendiente, contemplativo y hasta colaboracionista con estos gobiernos.

El comunicado de la embajada de EE.UU, en Quito ha sido incluso más directo y explícito, y está firmado por el nuevo embajador de ese país, Art Brown.
No es muy común que Estados Unidos haga públicas, con este tipo de comunicados, y explique los motivos para declarar “no grato” a personajes políticos, ¿por qué ahora sí?
Generalmente los casos de gran corrupción, o como dice el comunicado del Departamento de Estado, corrupción significativa, en los que interviene un ex mandatorio o un mandatario en funciones, Estado Unidos lo hace público. En el caso de elegibilidad para entrar a su territorio o para el retiro de visas, Estados Unidos tiene la política de considerar un privilegio por parte de cualquier visitante obtener una visa o acceder a su territorio. Muchos de los retiros de visa no son anunciados y no hay manera de poder exigir información respecto a ello. Pero en las últimas décadas han sido una constante estos anuncios en caso de corrupción significativa.
Uno de los cuestionamientos de Rafael Correa a esta decisión es el momento en que se la hace: a las puertas de una campaña, y algo tardía si es por el caso Sobornos, que se entiende sería la razón principal de la decisión.
Hay que entender que el correísmo es experto en narrativas, es la postverdad a la que ellos están acostumbrados para generar medias verdades en una narrativa que les convenga. La decisión de EE.UU. no es, de ninguna manera, una reacción a un tema coyuntural. Cuando uno ve el comunicado del Departamento de Estado, este se basa en una ley. Para que haya una decisión de no elegibilidad de entrar a EE.UU. tiene que haberse dado un proceso desde hace muchos meses, en el que quienes tomaron esa decisión habrán tenido coordinación con la fiscalía y la justicia de su país, con sus embajadas, con sus embajadores que estuvieron en el tiempo en que las acciones de corrupción se dieron, y finalmente la decisión se da por una serie de pruebas que tienen que haber existido algo de esta envergadura.
Junto al ex presidente Correa, Horacio Cartes, ex presidente de Paraguay, fue también objeto de esta sanción. Y ahí es donde se acaba la narrativa de que esto sea un asunto ideológico.
No es el primero ni el único presidente de Ecuador ni de América Latina, pero es también una mala noticia para el Ecuador, porque se trata de dos ex mandatarios
Es muy triste para el país que dos ex mandatarios, que siguen en la política activa, sobre todo Rafael Correa, estén involucrados en un caso de gran corrupción, señalados por un país que, geopolíticamente, es relevante a escala mundial. Su suma a lo del ex presidente Bucaram, pero en América Latina hemos tenido y tenemos a varios otros. Junto al ex presidente Correa, Horacio Cartes, ex presidente de Paraguay, fue también objeto de esta sanción. Y ahí es donde se acaba la narrativa de que esto sea un asunto ideológico. Horacio Cartes tuvo como slogan Dios, patria y familia y se lo considera un político de derecha. Sucedió con Martinelli en el caso de Panamá, Giammattei en Guatemala… Para la región es compleja esta imagen de se encuentre gran corrupción, se la publique por parte de un tercer país, pero para el Ecuador, especialmente porque los casos de corrupción del Ecuador se ventilan en las cortes de Estados Unidos. Mencionaría el caso Pólit en las cortes de Florida; el caso Gunvor, en Nueva York, el caso Seguros Sucre, ISSPOL… A falta de una justicia sólida en nuestro país, estos casos han llegado a cortes independientes. Esto genera también un argumento contundente contra la narrativa correísta de que se ha dado lawfare en sus casos y han acusado a los políticos locales de perseguirlos con la justicia, y aquí estamos hablando de un país que tiene instituciones judiciales sólidas, donde a nadie le cabe duda que hay un debido proceso, sobre todo en un momento del mundo con tanta transparencia en la información.

¿Usted cree que Estados Unidos ha mirado y mira con sospecha el activismo internacional de Correa?
Creo que no. En el escenario político en el que nos encontramos un elemento relevante es que Estados Unidos tiene un gobierno demócrata, un gobierno que ha sido acusado por los republicanos de coordinar acciones y tener estrategias conjuntas con gobiernos miembros del Grupo de Puebla. Este es un elemento importante: la relación ideológica entre Correa y el gobierno demócrata. El Grupo de Puebla se ha movido como una estructura supranacional; tienen acciones corporativas que les ha permitido protección en varios países. Por ejemplo, el hecho de que el ex canciller Gillaume Long esté en Washington, como un operador, no de Correa sino de los miembros del Grupo de Puebla: de la sentenciada Cristina Fernández de Kirchner, del sentenciado Evo Morales, de muchos políticos que han usado los tentáculos de su plan de acción en la capital de Estados Unidos. Por eso no sorprende que un periodista haya hecho una pregunta directa al vocero de la Secretaría de Estado por el caso Correa en específico, o que tengamos senadores estadounidenses de extrema izquierda que han hecho pedidos alrededor de la situación de Correa, Cristina Fernández o Glas.
No debería sorprender ese tipo de cabildeo político en Estados Unidos
Lo que sorprende es que tengan una cultura corporativista, que no se sabe de dónde se financia, que tiene campo de acción en las capitales más importantes del mundo.

Ha sido parte de esto la relación del Grupo de Puebla, y sobre todo de Correa, con Rusia. Se ha dicho que Correa es un alfil de Putin, ¿cree usted que Estados Unidos haya considerado esta situación?
No desde el punto de vista de esta decisión. Esta va hacia la persona relacionada a los actos que cometió durante su mandato y un factor importantes que no va sólo a él o a Glas, incluye a sus familias. Ese es un mensaje potente, en mi opinión, de que quien roba o comete actos de corrupción está implicando a su familia, o puede ser que haya elementos de convicción para pensar que hay bienes a nombre de sus familiares, temas que no los podemos conocer los ciudadanos comunes, pero a los que podría acceder, por ejemplo, el Reino de Bélgica si hace un pedido de información sobre la decisión del Departamento de Estado de Estados Unidos. Lo que sí es correcto pensar es que Correa no solo que ha sido un alfil, ha sido un empleado del gobierno ruso, ha recibido fondos del gobierno ruso, con un elemento que nos debe llevar a analizar hasta qué nivel él representa los intereses de un dictador como Putin. Cuando Rusia atacó a Ucrania hubo un primer comunicado del Grupo de Puebla en el que no se condenaron los hechos. Al día siguiente hubo un comunicado en el que se condenaban los hechos y donde ya estaban las firmas, por ejemplo, del ex presidente Zapatero, de España. Pero hay dos personas que no firmaron ese segundo comunicado, siendo fundadores del Grupo de Puebla: Rafael Correa y Evo Morales, y la coincidencia está en que los dos han sido funcionarios pagados por el gobierno ruso a través del canal Rusia Today.

Luego de haber sido canciller durante la invasión de Rusia a Ucrania ¿cómo mira ahora esta guerra?
Creo que ese conflicto marcó un nuevo orden mundial. Siendo que es una guerra especialmente riesgosa para Europa, esta guerra llega a nuestros territorios. Y lo digo que llega hasta acá por la importancia que para Rusia tiene la narco dictadura de Nicolás Maduro. Es evidente que esa narco dictadura ha contado con el apoyo político y económico de Rusia y también de Irán. No hay que dejar de ver lo que está pasando en la guerra de Israel, porque si analizamos una teoría conspirativa, que no lo es, Irán y Rusia tienen vínculos muy fuertes con nuestra región. Se hicieron evidentes cuando el socialismo del siglo XXI era una doctrina política, que con los problemas de Venezuela trataron de cambiarla a una estructura llamada el nuevo progresismo latinoamericano, que, bajo la cobija del Grupo de Puebla, tiene el apoyo geopolítico de Rusia e Irán.
Esta decisión de EE.UU. contra Correa ¿impactará en el Grupo de Puebla y en la gestión internacional de Correa?
Totalmente. Más allá de su habilidad de generar nuevas narrativas me parece que pone a Correa en una situación compleja, primero en su situación jurídica en el Reino de Bélgica. Según información entregada por él mismo, tiene una condición de refugiado —la cual se conoció por una publicación de Fernando Villavicencio en su momento— solicitada por reunificación familiar. Parece que, para la condición de refugiado, el Reino de Bélgica, que tiene en su escritorio una decisión que tomar por un pedido de la justicia ecuatoriana, va a solicitar información a Estados Unidos. Esto complicará también su situación de tantos viajes, con tanta facilidad, y al mismo tiempo me parece que para el nuevo gobierno de México, este será un problema para su protección a Jorge Glas. Ya vemos que en la política interna mexicana se ha dado una reacción, y es que los opositores a la presidenta han tomado el comunicado del Departamento de Estado para exigir respuestas de por qué México, el gobierno de López Obrador y ahora el de Claudia Sheinbaum han protegido delincuentes.
Un elemento relevante es que Estados Unidos tiene un gobierno demócrata, que ha sido acusado por los republicanos de coordinar acciones y tener estrategias conjuntas con gobiernos miembros del Grupo de Puebla.
Sin dejar de reconocer el grave impacto internacional que tuvo para el Ecuador entrar a la embajada de México en Quito y capturar a Glas, ¿el argumento del gobierno ecuatoriano se fortalece?
(Glas) era un delincuente sentenciado en última instancia en el Ecuador, además ahora con un reconocimiento por parte de la justicia y del gobierno de Estados Unidos, de que es una persona vinculada en casos de significativa corrupción. Pero hay un elemento que no conocemos y que habrá que analizar con el tiempo, y es el de los vínculos, específicamente del ex vicepresidente Jorge Glas, con el narcotráfico, de acuerdo a lo que vemos en los casos Purga y Metástasis. El posible pago de abogados vinculados a narcotraficantes para la libertad de este político. Ese podría ser un punto de inflexión, porque se han dado casos de países que han tenido que ingresar a embajadas cuando se han refugiado terroristas o narcotraficantes que han sido protegidos por terceros Estados. Creo que es importante analizar lo que hizo el presidente Noboa en esa perspectiva.

Personalmente viví lo que fue la coordinación ideológica de, en ese momento, el presidente Fernández (de Argentina) por defender a Cristina Fernández de Kirchner. En el juicio que estaba a pocas horas de darse contra ella, generó un asilo a una ministra ecuatoriana, Duarte —con sentencia ejecutoriada— que permanecía en su embajada sin la posibilidad de tener un asilo legalmente, y que lo sabía el gobierno argentino y por eso no se lo había entregado hasta cuando sucedió este juicio. Unos días antes se había dado un seminario sobre el lawfare con la presencia de Baltazar Garzón, con muchos políticos del correísmo y el kirchnerismo. Finalmente entregaron el asilo, de manera ilegal, y luego ayudaron, con el embajador kirchnerista en Quito, al escape de una ministra sentenciada por la justicia ecuatoriana. Creo que el gobierno de Noboa tomó esto como un antecedente nefasto para la soberanía ecuatoriana, para tomar la decisión de ingresar a la embajada de México y apresar a Jorge Glas. Hecho que ahora se justifica con la decisión de Estados Unidos de señalarlo como una persona involucrada en corrupción, y no como un asunto, como dice el correísmo de lawfare, o como sostuvo, con tanto cinismo, el gobierno López Obrador.
Por la reacción del ex presidente Correa, parece que dimensiona el real impacto político que sobre él y sobre lo que sostiene internacionalmente respecto a su caso judicial y al de Glas, tiene la decisión de Estados Unidos.
Él tiene una sobre reacción, porque esto saña su imagen internacional, indudablemente. Menciona en su comunicado en varios idiomas, que cinco países han dado asilos. No conozco los cinco, pero revisemos que lo han dado Argentina, en la presidencia de Fernández, donde su vicepresidenta Cristina de Kirchner ha sido sentenciada por corrupción y hoy hay una investigación abierta por abuso y violencia por parte del presidente Fernández a su esposa. El caso de Venezuela, que ha dado asilo a Ronny Aleaga. Creo que esto le va a costar mucho al ex presidente Correa en su imagen y en su discurso y también en esta libertad que ha tenido para moverse por varios territorios creyendo que tenía una protección internación al importante.

La verdad es que Estados Unidos, con un gobierno que ha sido supremamente objetivo en sus relaciones internacionales con las ideologías “progresistas” en la región, le haya señalado a él de corrupción a gran escala.
¿A escala interna, cuál cree que será la reacción?
Siento que esto va a ser un punto de inflexión para el correísmo en términos internacionales, pero habrá en lo interno una reacción para buscar el poder en el 2025 a toda costa. Recordemos que en los casos de Guatemala, Panamá o Paraguay han ganado la presidencia alfiles de a quienes han se les ha quitado la visa estadounidense. Y finalmente ese esquema de corrupción se termina protegiendo políticamente por el control que tienen sobre sus países, legitimando sus actos en las debilitadas democracias internas.
¿Tiene sentido lo que dice Correa que este comunicado es un respaldo electoral a Noboa porque no quieren que gane el correísmo?
No tiene ningún sentido. Las relaciones del gobierno demócrata de Biden con los gobiernos de Petro, de Lula da Silva, de Nicolás Maduro —el narco gobierno ilegítimo de Maduro— han sido evidentes. De hecho, parte de lo que sucedió fue la entrega de Alex Saab por una negociación para que haya elecciones limpias en Venezuela. Más allá de lo que Correa quiera imponer como narrativa en el Ecuador, la verdad es una, siempre llega, y la verdad es que Estados Unidos, con un gobierno que ha sido supremamente objetivo en sus relaciones internacionales con las ideologías “progresistas” en la región, le haya señalado a él de corrupción a gran escala.
