sábado, mayo 2, 2026

Los cambios mundiales y nuestra pequeña sociedad en crisis

La búsqueda de apego a uno de los bloques de poder mundial deja sin sustento una posición nacional y sin espacio de movimiento frente a las coyunturas que se avecinan. Asentar la fortaleza política en los gestos de uno de los bloques devendrá en convertir a la política ecuatoriana en sucursal de las divisiones políticas internas de cada uno de los bloques.

Luis Verdesoto Custode

Por: Luis Verdesoto Custode

Estas notas buscan ayudar a remover los escombros que han provocado una parálisis entre actores ecuatorianos. Y que también parece aquejar a los norteamericanos. Pero también sacarnos de las “salidas” pragmáticas, en tanto puertas fáciles que repiten repertorios. Entre el susto y la falta de respuestas, no podemos esperar.

El propósito de estos párrafos es sencillo. Dibujar algunos temas de la remoción del orden internacional, especialmente aquellos que requieren de propuestas de política exterior ecuatoriana. El hilo conductor, expresado desde las conclusiones parciales del texto, es que Ecuador debe responder al desorden económico y democrático exterior desde su situación de nación en crisis, una de las más profundas, la peor situación. Para ello debemos comprender los rasgos de los tres principales actores que estratifican al mundo. Desde ese contexto podemos afinar nuestra mirada sobre la administración Trump y las instituciones de Estados Unidos. Para, finalmente, empezar a rediseñar una agenda nacional de política exterior y detener cualquier forma de aventurerismo, que crea que hacer política consiste en “recostarse” sobre uno de los imperios.

I. Como nación, ¿qué mismo somos?

1.- El mundo lleva a cuestas seis semanas de una tropelía de acciones, declaraciones y relatos, que profundizan las asimetrías de poder entre las naciones, un (des)(re)orden que anuncia violencia y expoliación económica bajo la apariencia de pacificación forzada, y una sucesión incontrolada de acontecimientos abusivos. Aun no se puede avizorar la hondura de estos cambios.

El despliegue de iniciativas de la administración Trump nos muestra a una parte de la sociedad, y del sistema político de Estados Unidos, ansiosa y urgida por la resolución forzosa, tosca y atropellada de varias agendas, las que habrían sido relegadas impidiendo su “misión fundacional” de implantar un tipo de “bienestar” en el mundo. Este retardo acumulado habría sido provocado por un sistema de relaciones internacionales que, siendo desigual, pretendía justeza, convivencia pacífica y concurrente.

Estas pretensiones de una gobernanza formal, finalmente asimétrica, diseñaron un sistema de convivencia internacional, no exenta de retrocesos y atropellos en la postguerra. Los latinoamericanos tenemos todavía pendiente, una evaluación del rol de todos los segmentos de la comunidad internacional, en la implantación de la ola autoritaria en la región desde los sesenta en el siglo pasado.

Esta ola, sin embargo, también pudo empezar a resolverse con su concurso, dos décadas después, al estabilizar una tendencia hacia la organización democrática bajo la óptica de derechos humanos. Y creíamos que, en la región, perduraban con los estímulos a la estabilidad democrática y sanciones —más o menos eficaces— a las transgresiones.

El desorden que ocurre en la actualidad podría mostrarnos que siempre es posible volver a hacerlo peor.

2.- A su vez, nuestro país está apenas preocupado por sus relaciones internacionales. Los vínculos externos formaron muy ligeramente parte de los planes de gobierno en la campaña electoral que terminó hace tres semanas. Los elementos que se visibilizaron fueron la dolarización —para quienes entienden que es parte significativa de nuestra globalización necesaria—, las exportaciones y créditos —para la disponibilidad de dólares—, y la migración —cariz subalterno de nuestra agenda externa—. Nuestra forma de inserción en la globalización y nuestro proyecto en el mundo no fueron parte significativa del cuestionario y relato políticos.

Me he preguntado si hemos conectado, suficientemente, los cambios internacionales que se anuncian y se producen con nuestra agenda nacional, íntegra y compleja, más allá de la campaña para la segunda vuelta presidencial vacía de contenidos. Comencemos por el principio y la generalidad, esto es, mirándonos a nosotros mismos.

3.- Somos una nación que llegó a la modernización —acelerada por el petróleo y los cambios mundiales— sin haber resuelto enteramente la formación de nuestro Estado, como aparato y relaciones, sede de integridad y capacidades reguladoras, proyecto para la búsqueda y logro del destino de la comunidad, es decir, conjunto.

Hay que reconocer que tenemos enormes vacíos en el funcionamiento colectivo y en las metas de desarrollo y de modernidad. Nos entendemos muy poco en la producción de riqueza y oportunidades de progresivo acceso y justicia para todos. La pobreza, la productividad, la educación, la salud y la gobernanza son los temas más visibles, que no se han concretado como objetivos de la nación. Es decir, de todos, en común y desde cada una de las ecuaciones sociales e identidades de las que somos parte. Permanentemente relegamos la construcción de los escenarios para procesar pacíficamente las diferencias. ¿Cómo construir y acercarnos progresiva, sostenida y sustentablemente a esas metas que puedan ser acordadas en común?

Debo reconocer e insistir que vivimos un momento de venganza, rencor, antipatía y resentimiento, el que no podemos ocultar. Las dos partes de la polarización social y electoral son los dos lados de un espejo.

En muchos temas exhibimos un profundo desconocimiento de nuestro acceso a la modernización desde esta forma nacional incompleta, que ha acompañado y limitado fuertemente al actual ciclo democrático. En este último casi medio siglo, hemos avanzado bastante, medido desde donde partimos, por ejemplo, en educación, salud, género, infraestructuras, territorios, instituciones. Hemos avanzado, aunque no lo suficiente. En estos logros, hemos sido dependientes del Estado y su renta antes que de nuestros propios esfuerzos, lo que hace muy pobre nuestra participación responsable en el desarrollo y la sustentabilidad del progreso.

Hemos conseguido niveles de inclusión social, aunque débiles y pese a la ciudadanía frágil, que muestra altos grados de intolerancia y desconfianza hacia los otros, particularmente entre las élites. Y, también, debido a instituciones endebles. La inconsistencia institucional reside en diseños y estímulos no reconocidos como órdenes necesarios para nuestras rutinas de convivencia, con responsabilidades compartidas para el logro del desarrollo y de nuestro destino como nación. Es decir, que sí podemos compartir esfuerzos y conseguir logros. Como en el fútbol con la selección nacional, nuestra Tri.

La selección de Ecuador: Foto: Redes sociales

4.- Nuestros déficits como nación no se localizan en la falta de un actor, instrumento, clase social o liderazgo. Se asientan, histórica y fundamentalmente, ahora, en la falta de un espacio en común para procesar las diferencias y en una inaptitud para formular las diferencias que nos vinculan. Debemos estar conscientes que las discrepancias nos articulan, porque de otro modo no conviviríamos en el mismo territorio y dentro del mismo sistema político. Eso es la democracia asentada en la nación.

(Debo reconocer e insistir que vivimos un momento de venganza, rencor, antipatía y resentimiento, el que no podemos ocultar. Las dos partes de la polarización social y electoral son los dos lados de un espejo. El juego especular muestra versiones de una misma estructura con signos distintos)

La ausencia de este común, que permita que los vínculos se fortalezcan positivamente, es la ausencia de la política. La política no es sino la posibilidad de procesar pacíficamente las diferencias entre distintos, aceptando o disintiendo entre los proyectos, siendo que, todos juntos y diversos, somos comunidad y bien común, sin que perdamos nuestras identidades y pertenencias sociales.

5.- Una nación tiene dos vías de articulación internacional. De un lado, su presencia en la correlación de fuerzas desde sus capacidades económicas, territoriales, militares. De otro lado, la fortaleza de sus vínculos internos, que pueden ser acuerdos y desacuerdos, e instituciones formales e informales, verbalizadas y supuestas. Desde estas interrelaciones concurrimos a un sistema internacional que suponemos, de principio, regido por ciertas reglas aceptadas y jurídicamente establecidas.

Los países pequeños tenemos la obligación de concurrir a la escena internacional revirtiendo los pesos de las dos vertientes, es decir, recodificando la debilidad de los recursos como destrezas, para presentarnos con capacidades potenciales y progresivamente vigentes de constituir una forma nacional compartida por sus diferentes ingredientes.

Ahora, atravesamos por uno de los peores momentos de nuestra historia reciente. Nuestra vigencia como nación está seriamente afectada por las polarizaciones. En sí misma, la polarización electoral es una de las posibilidades legítimas de la democracia. La segunda vuelta es la inducción institucional a una definición, que aceptamos con la democratización. Y, consiguientemente, siendo que la polarización no es un problema porque es una consecuencia institucional, se convierte en una amenaza cuando devalúa a la política y la posibilidad de interactuar.

Insisto, estamos en nuestro peor momento nacional: una división milimétrica de legitimidades a la espera solamente de un resultado aritmético de quién presidirá a la República.

La polarización social sí es una cuestión que debe empezar a resolverse desde la política y el desarrollo porque es, finalmente, la mayor limitación para la democracia.

Insisto, estamos en nuestro peor momento nacional: una división milimétrica de legitimidades a la espera solamente de un resultado aritmético de quién presidirá a la República. Luego de la segunda vuelta electoral, los dos grandes segmentos de legitimidad se estancarán en una lógica de bloqueo. El bloqueo persistirá mientras no se construya el espacio para la política desde una perspectiva nacional.

Desde esta especial debilidad —sobre la que no abundo para centrar el tema internacional— somos parte de un escenario mundial en cambio. Pero debemos dejar de ser observadores absortos. Y tratar de comprender algo de lo que está ocurriendo en el mundo, al que concurrimos desde nuestro peor momento nacional.

II. Rediseño del sistema internacional

6.- Un flash back de estos últimos días me ha obligado a preguntarme: ¿Estamos asistiendo a la emergencia de tres ajustadas versiones de imperios, con sus propias vocaciones de hegemonía (imposición)? Cada caso, Estados Unidos, China y Rusia, es una compleja combinación de situaciones diferentes e historias institucionales únicas, desde las cuales arman utopías de orden y construyen escenarios prospectivos en los que se representan (que, por supuesto, son visiones de mayorías, forjadas por sus pueblos o impuestas a ellos).

Entiendo a la noción de imperio, por fuera de una tradición interpretativa, como el ejercicio sistemático de control de redes de naciones, en función de objetivos de una(s) potencia(s) dominante(s), ejercido a través de influencia y/o control, económico, político y militar. La influencia tiene un marco jurídico generalmente aceptado, mientras que el control supone un ejercicio actual o potencial de la fuerza económica, política y/o militar. El sistema de control es encabezado por una figura concentradora de poder, que personaliza y des-institucionaliza el liderazgo, y legitima la transgresión de los marcos jurídicos y la gobernanza.

El imperio en su versión de control a través del ejercicio de la fuerza, se reviste de la complejidad tecnológica y económica del desarrollo actual y transforma su espíritu en renovados actos, relatos y violencias. La dominación sin intermediación de un sistema para procesar diferencias —política internacional/diplomacia moderna— se transforma en un andamiaje de situaciones e iniciativas, amparadas en un componente adicional: la exhibición sin tapujos del poder económico y de la riqueza como instrumento de interrelación.

Impuesto el comportamiento, todas las naciones, al margen de nuestro tamaño y situación interna (teniendo esto como un peso muy importante para cada uno), debemos articularnos a esos sistemas, preguntándonos: ¿cómo asistimos al escenario internacional? ¿Con qué argumentación podemos demandar un asiento en esta mesa internacional reconstituida, cuya conformación nos está siendo impuesta?  ¿Habrá una mesa de iguales formalmente? ¿Con qué escudos nos protegeremos del potencial despojo?

El imperio, en su versión de control a través del ejercicio de la fuerza, se reviste de la complejidad tecnológica y económica del desarrollo actual y transforma su espíritu en renovados actos, relatos y violencias.

7.- Es probable que de este alineamiento también surja un estrato inmediato de poder mundial (una suerte de “clase media alta” del mundo) liderada, presumiblemente, por Europa e integrada por un sistema conformado también, entre otros, por India y Brasil (no necesariamente los BRIC), los que no serán fatalmente satélites sumisos de los imperios o nuevas matrices de control a reconformarse en el mediano plazo. Y que respondan a un hilo de continuidad institucional, que pueda apegarse a una matriz cultural democrática histórica y especialmente moderna de la postguerra.

Se perfilan cuatro “restos” de países, entre los que nos encontramos nosotros. Por ejemplo, ¿Cuál será el papel de grupos de países como Corea/Japón/Vietnam; sus vecinos y socios comerciales, Canadá y México; al margen de su actual posicionamiento, Turquía/países árabes; y, América Latina, descontando su persistente desintegración?

Con dolor, también cabe preguntarse, ¿Cuál puede ser el “destino” (en sentido escatológico) de los nuevamente condenados países de Africa?

Este inventario es enormemente arbitrario e incompleto. Puede en algo ayudar a ubicarnos.

8.- Conozco poco a China. Y como país creo que sabemos muy poco, además de China, de Asia. China es una forma de sociedad y de imperio que se comprende a sí misma y entiende a sus relaciones en una extraña articulación económico/política, que podríamos velar si la reducimos a intereses comerciales y a aislamiento cultural.

Los tiempos políticos de China son distintos que los comunes para occidente. Sus aproximaciones, por momentos toscas y burdas, tienen diferentes significados, comenzando, como es obvio, en la orientación de sus propios intereses de crecimiento y presencia mundial. Por lo pronto, unos de sus flancos, el océano Pacífico, es prioritario (siempre lo fue) en relación al occidente históricamente conocido (salvo Inglaterra y el “affaire” del opio).

Rusia compite en “antigüedad imperial” con China que, sin embargo, ha sido víctima, junto con sus vecinos, de las expansiones imperiales japonesas. Pero la supera en la profundidad y persistencia de su rivalidad con Occidente. Más bien, Europa ha sido el escenario de su ejercicio del interés expansionista de Rusia.

Las acciones imperiales de Rusia han tenido un rígido componente territorial y militar, pese —o tal vez por— el componente tecnológico militar actual. Sus decisiones son inevitablemente político-militares porque además no pueden ser económicas ya que carecen de esa fuerza. Y tienen un componente cultural inequívoco opuesto a Europa, que se presenta como una matriz mundial. El dominio de Europa es su “destino” imperial. Cabe destacar que Rusia sí depende de un patrón institucional de sociedad estratificada, que lo traslada a sus relaciones internacionales.

Rusia compite en “antigüedad imperial” con China que, sin embargo, ha sido víctima, junto con sus vecinos, de las expansiones imperiales japonesas. Pero la supera en la profundidad y persistencia de su rivalidad con Occidente.

Las naciones europeas concurrieron en rivalidad y sin un proceso de integración a las dos guerras mundiales. Estas guerras se escenificaron básicamente sobre territorio europeo. En la segunda guerra mundial, el escenario Pacífico fue menos cruento, si cabe calificarlo de algún modo.

Rusia ha sido un tapón para las expansiones que en el pasado más lejano han tenido origen en Europa, tanto como ha sido partícipe de las dos guerras mundiales, habiendo cambiado de posición —decisivamente para los aliados— en la segunda, lo que permitió superarla. En la primera, no obtuvo réditos sino la exacerbación interna de la conflictividad social, que desató la revolución social por “paz, pan y tierra”. Las intervenciones externas rusas pueden culminar con vigorosos cambios interiores o igualmente fuertes afianzamientos internos del despotismo. Son vocaciones o susceptibilidades de una sociedad fuerte e históricamente y espiritualmente estratificada como la rusa, insisto.

De los tres imperios, Rusia representa el de menor peso específico. Pero, quizás es el más potencialmente nocivo para la paz mundial, bien perseguible ahora —desde nuestra perspectiva— con prioridad y que puede desplazar al desarrollo mundial y de las naciones. La Confederación Rusa aspira a recomponerse con los territorios y naciones que concurrieron a su área de dominio en la historia. A su vez, invoca a las funciones que cumplió a lo largo de la historia en la fijación de límites —civilizacionales y políticos— entre occidente y oriente. Europa central fue la escena de choque y el territorio para definir fronteras.

Vladimir PutinFoto: Kremlin.ru

La caída del muro de Berlín y el avance del proceso de integración europeo, obligaron a las partes a determinar límites, que se movieron entre antiguas naciones sujetas a la influencia rusa como los Estados bálticos, basados además en cuotas de población rusa en esos territorios. Al tiempo, las garantías que presentaba la pertenencia a la OTAN, desplegaban también ventajas de desarrollo.

La intervención rusa en América ha sido dispar. Primero acompañada por la Internacional Comunista cuya decadencia fue sustantivamente anterior y más intensa que la soviética. Inicialmente desencadenó una irrefrenable inseguridad en las élites y aparatos estatales norteamericanos, que llevaron a atropellos extremos de derechos humanos y persecución durante el mackartismo. Luego, con la guerra fría en la cresta, el conflicto de los misiles en Cuba evidenció una presencia militar como objetivo último de la cooperación con la insurrección cubana. La influencia ha perdurado en la isla junto con el bloqueo de Estados Unidos y pese a la decadencia soviética.

La presencia de los partidos comunistas en América Latina ha sido desigual tanto como la influencia soviética en ellos. Ha terminado en alianzas intermitentes con los gobiernos que suponían de mayor cercanía ideológica orientados hacia el centro, pero sin gravitación generalizada.

Los países europeos juntos constituyen el mayor mercado interno mundial, especialmente, por la calidad de la demanda. Sin embargo, las debilidades europeas son mayores, dentro de la competencia mundial.

(Los partidos comunistas marxistas-leninistas en la región con cercanía a China desde los sesenta se desembarcaron de esa influencia o fueron desembarcados en períodos aún más cortos).

Ahora, Rusia está presente en Cuba y busca establecer una cabeza de playa, inicialmente política, en Venezuela. Los tímidos atisbos militares en América Latina seguramente cambiarán ahora, mientras los lazos de confianza con Estados Unidos se mantengan. La provocación militar sería inútil y desubicada.

(China, a su vez, prefiere a la influencia económica y se desentiende de cualquier confusión militar en la relación con los países de la región. En la actualidad parece haber subsanado cualquier confusión entre intereses económicos y político-militares).

9.- Europa ha vivido y vive un proceso integración, que no alcanza aún su sima más importante, la institucionalidad política, reflejada en una capacidad de defensa. Es un proceso muy importante porque los consensos que pueda alcanzar multiplicarán a las voces aisladas de un Estado o conjuntos menores.

Los países europeos juntos constituyen el mayor mercado interno mundial, especialmente, por la calidad de la demanda. Sin embargo, las debilidades europeas son mayores, dentro de la competencia mundial, por sus antecedentes de escenario de las dos guerras mundiales y por su evidente retardo en el desarrollo de capacidades tecnológicas y militares independientes de Estados Unidos.

La OTAN fue un acuerdo virtuoso para los propósitos de sus diseñadores iniciales. Esto es, escenario de potenciales enfrentamientos militares con los países del área comunista y límite para su expansión, utilización de la tecnología militar de Estados Unidos, bases en territorio europeo, alejamiento de la inmediatez del conflicto para Estados Unidos. Ahora este proyecto se ha diluido con la “alianza” de antiguos antagonistas.

Una bandera de la OTAN ondea al viento. Foto: Robert Michael/dpa/picture alliance/Getty Images

El cambio de posición de Estados Unidos en la OTAN muestra el exceso de confianza de Europa en Estados Unidos (fundamentalmente con los cambios internos de su correlación política), tanto como la impreparación de este escenario en un mundo de intereses sin respaldo de otras afinidades.

Rusia extiende al plano militar su carácter de una sociedad fuertemente estratificada tanto en los pasados intentos de construcción comunista como de actual recomposición oligárquica y dominio autoritario interno.

El desequilibrio que genera Rusia al recostarse sobre Estados Unidos y de éste al estimularlo, también cambia los planos de la relación militar. Rusia potencia sus debilidades al contar con la no-oposición a la estrategia invasiva que evidencia (¿inicia?) en Ucrania. La complejidad es mayor por la vocación de control territorial rusa, signo de poder en su historia de relaciones internacionales.

(Como se mencionó antes y cabe insistir, Rusia extiende al plano militar su carácter de una sociedad fuertemente estratificada tanto en los pasados intentos de construcción comunista como de actual recomposición oligárquica y dominio autoritario interno).

La confianza y el compromiso de las relaciones entre el bloque Estados Unidos-Europa se ha desplazado hacia el bloque Estados Unidos-Rusia, es decir, surgen nuevas asociaciones de recuerdos e intereses. Trump asume que Europa fue creada para oponerse a Estados Unidos -visión muy elemental de intereses que deben reconocerse en los mercados- y que es tiempo de desactivar su rol en el escenario mundial, al que concibe, como concurrencias individuales lejanas de cualquier forma de multilateralismo.

La cercanía (cuasi representación) de Estados Unidos a Rusia en esta etapa de la invasión a Ucrania, tanto como las perspectivas de explotación conjunta de minerales raros, aboca a Europa a reemplazar el aporte económico y de equipamiento militar de Estados Unidos para sostener su lectura de la seguridad. Europa tomará tiempo y sacrificios para la reasignación de recursos e inversiones.

Europa debe ubicar su nicho en la redefinición de los imperios, reafirmando sus principios de integración, desburocratizándose y adoptando mayor flexibilidad en sus decisiones para que pueda adecuare a sus ritmos internos y externos.

10.- Estados Unidos se compró (y nos vendió) una idea de justicia mundial con la que creó su imagen internacional. Aceptamos esa legitimación en diversos grados o convivimos con ella porque convenía para los “avances” en el desarrollo.

Varios temas de la agenda nacional aceptaron la cooperación norteamericana sin imposiciones, pero con un rol central, en la lucha contra la corrupción, por ejemplo.

La naturaleza de las alianzas de Estados Unidos y nuestra participación en ese sistema de alianzas fue mediada, pasiva, receptiva. Fuimos la retaguardia de un sistema de ganancias económicas y piezas de un sistema de poder en el que no tenemos peso específico, salvo por la “formalidad” de peso ligero -pero único para nosotros- de un sistema multilateral y de una legalidad internacional.

En suma, para muchos países en desarrollo la dominación suave (soft power para mencionarlo desde otra categoría) representó una garantía de menor probabilidad de perder en el mundo de extremas asimetrías, además de acceso a muchas esferas y países.

III. ¿Qué cambios comienzan a operar?

11.- ¿La nueva ofensiva de la administración Trump en varias situaciones problemáticas del mundo consiste en la “intervención” híbrida compuesta por imposición militar y “negociación” forzada para imponer su voluntad?

¿Existe una “doctrina” Trump? ¿Tiene una estrategia, unos objetivos, unas metas y una táctica? ¿Cuál es el nivel y profundidad de cada uno de sus pasos? ¿O es un “procedimiento” de una forma de hacer política de “rico-poderoso” aplicado a la política exterior del «país más grande del mundo”? ¿Es una forma de la política en la globalización asentada en el hiperpresidencialismo y las distorsiones que introdujo la política exterior del “face to face”? ¿Personalismo extremo? ¿Debilidad institucional? ¿Narcisismo exacerbado?

Trump abre una corriente de conservadurismo iliberal, de prácticas caudillistas con acciones de irrespeto a los principios institucionales de pluralidad, más que populista… “garrotera”, de arrestos revueltos y sofisticadas combinaciones económicas y políticas. El “trumpismo” inaugura una época en que pone por delante a los negocios puros y simples, de actores “ricos” (encarna a otros/nuevos empresariados desde el origen de su poder —entre varios la información y el conocimiento—), casados con las armas, sin escrúpulos democráticos, basados en una recomposición del “interés”, que imponen otra “lógica” para el capitalismo (ganancia sin hegemonía cultural).

(Zacarias define la iliberalidad como limitaciones al ejercicio libertad, igualdad, derechos, democracia mediante el autoritarismo, concentración de poder, separación de funciones, limitación de la oposición)

Desde una perspectiva psicoanalítica, el narcisismo de Trump es un riesgo colectivo. No es cualquier narcisista ni es un narciso figurado. Es un poder material y simbólico personalizado, que busca un sello en la historia más allá de la figuración en un billete de cien dólares. El gran peligro es que, por momentos, parece privilegiar el sello en la historia de su país como única, desconociendo a las otras, a la historia de la humanidad. O quizás esta fantasía sea la única realidad.

Desde una perspectiva psicoanalítica, el narcisismo de Trump es un riesgo colectivo. No es cualquier narcisista ni es un narciso figurado. Es un poder material y simbólico personalizado.

¿Por qué la cercanía de Estados Unidos con Rusia? Existen imponderables subjetivos, hasta chismes. El interés es controlar los límites de Europa, no desde dentro como la OTAN sino desde la complicidad con Rusia. El desarrollo de los otros como imagen de sí mismo (trata a los otros como ilusiones, realidades de marginalidad).

La “técnica” de negociación de Trump es la presión asfixiante y para conseguir una transacción basada en el arrebato y el miedo. Intimida/humilla, goza con la cesión y proclaman la victoria. Curiosamente, la metodología incluye un tratamiento con quienes antes Estados Unidos tenía un límite como Maduro, presidente de Venezuela, autor de un fraude colosal, y Hamás, provocador terrorista del sacrificio del pueblo palestino. Curiosamente, les otorga un rango en el sistema de intercambios que propone.

La alteración sistemática de la verdad o, al menos de las evidencias, es el origen de las desconfianzas. Trump reinventa la historia a su antojo mientras que las afinidades del trumpismo son líderes manifiestamente autoritarios, iliberales, ricos, transgresores.

Entre muchos, algunos ejemplos de desenfreno e incontención conservadora (cercana al fascismo dicen algunos autores norteamericanos como Paxton): tratar de convertir a Gaza en un negocio de diversión como la Riviera francesa o la expulsión de migrantes latinoamericanos ilegales (imputándoles una delictuosidad inimaginable), los que finalmente puede ser releídos como intentos de limpieza étnica.

Algunos de los capítulos del trumpismo son la “técnica de la humillación”, la “obligación de pedir perdón”, la “culpabilidad por pedir/recibir cooperación”.  Un ejemplo. ¿Por qué en vicepresidente de Estados Unidos, Vance, de un lado, exige al presidente de Ucrania, Zelenski, que se retracte y pida perdón por la tosca emboscada que le tendieron?; y, de otro lado, ¿Vance se mete en la política interna europea y abandera a la extrema derecha europea (nueva forma de la política identificada con la posición al proceso de integración, anti-migración y búsqueda constate de cercanía con Putin)?

El presidente estadounidense Donald Trump (3-d) se reúne con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky (4-i) en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, Estados Unidos. EFE/EPA/Jim Lo Scalzo

El tratamiento iliberal a las democracias europeas es ideología y cultura. Tratan de retomar a la dinámica del poder duro, lo cual les permite encarnar esas distancias. Es decir, están tratando de refundar un sistema internacional iliberal.

Retomo la pregunta inicial, ¿Cuál es la coherencia de Trump? Rechazo al sistema internacional abierto, político y comercial, y a la cooperación internacional basada en reglas (“orden internacional basado en reglas”). “Estados Unidos es el perjudicado con las reglas” porque Estados Unidos, además, es el que “paga la cuenta”. Trata de renegociar o rehacer el sistema internacional porque Estados Unidos tiene la capacidad material para rehacer el orden en función de sus intereses.

En una guerra comercial, las represalias económicas afectan en el corto plazo a las principales bolsas de valores en el mundo y, creo, en el mediano plazo, afectarán más a la economía norteamericana

12.- El peso del presidencialismo en un Estado federal tan poderoso como Estados Unidos multiplica sus capacidades para imponer reordenamientos mundiales, y formas de protección territoriales y bélicas superiores al proteccionismo económico.

En una guerra comercial, las represalias económicas afectan en el corto plazo a las principales bolsas de valores en el mundo y, creo, en el mediano plazo, afectarán más a la economía norteamericana en áreas como la inflación, escasez laboral, precios de exportación e importación, fortaleza del dólar-, que no pesarán inmediatamente en la política pública proteccionista de Estados Unidos. Además, la visibilidad de estos costos será menor mientras internamente se ejerza el relato y la creencia de poder mundial absoluto.

¿Cuál es el resultado del comercio abierto de Estados Unidos en el marco ideológico del trumpismo?

La significación económica del proteccionismo proclamado por Trump tiene una enorme significación como recreación del nacionalismo norteamericano y del rol de esa nación en el mundo. Son una nueva percepción de su rol como nación. La administración Trump se concibe como un nacionalismo civilizador de la nueva era de la tecnología y la riqueza, portadores para el otorgamiento de derechos para la convivencia mundial y dictaminadores de la prevalencia jerárquica de las naciones y los pueblos.

Las tasas arancelarias son una guía para reordenar la localización de inversiones en Estados unidos y fuera de Estados Unidos, la prevalencia de ser el mercado más grande (y el próximo más grande para Ecuador). Los aranceles son una “herramienta multipropósito”. Los aranceles son “herramienta de intimidación” para los países grandes y para los países chicos.

¿Cuál es el propósito de los aranceles con México, Canadá y China? El tema del fentanilo pudiera tener alguna “justificación” con México, que aparece como el oferente que más rápido reaccionó a la demanda de los consumidores de Estados Unidos, el más próximo para ejecutar una política de represión a la producción mientras se “tolera” el consumo. Además, el más débil de los tres invocados en este tema.

Con Canadá existe una histórica dificultad de fronteras por el “aprovechamiento” de ventajas por el consumo de producción norteamericana y la autonomía relativa internacional de los procedimientos de Canadá (entre otras la protección a la democracia en los países más débiles de la región). También se encuentra en el área de influencia de Inglaterra, es proveedor de materias primas para Estados Unidos y tiene mayor cercanía territorial con Europa. Apelar al argumento del fentanilo es descabellado o esgrimir que se aprovechan del desarrollo de Estados Unidos con la extensa frontera. (Obviamente, compartir el desarrollo en una frontera binacional tan extensa es “normal”).

Con China, la argumentación de proveedor de materia prima y de fentanilo elaborado se diluye. Parece que oculta la competencia rezagada de Estados Unidos en áreas de producción y la utilización de ciertas materias primas. En el horizonte está el crecimiento chino, consistente en estos años y en perspectiva del siguiente cuarto de siglo.

(Trump también ha arremetido, por ahora, contra las periferias de los organismos de desarrollo mundial -propias como USAID y compartidas como la Organización Mundial de la Salud- y seguramente irá luego por los organismos centrales de la gobernanza -Naciones Unidas-, inadecuados, desequilibrados, formales, pero finalmente testimonios de la necesidad del desarrollo en paz. Zacarias la denomina con ironía recogiendo el sentido trumpista: “Complejo industrial de pensamiento liberal sin fines de lucro”)

IV. Epílogo, por dónde re-empezar

En los inicios de los setenta, la “guerra del atún” tensionó las relaciones diplomáticas y económicas entre Ecuador (que retuvo barcos norteamericanos que pescaban ilegalmente en mar territorial ecuatoriano) y Estados Unidos (que no reconocía la zona económica exclusiva de 200 millas), las que llevaron a sanciones contra la exportación de atún ecuatoriano. Los adolescentes ecuatorianos (y otros grupos etarios), en una gran mayoría, salimos a protestar frente a la embajada y los consulados norteamericanos respaldando a la actuación internacional de nuestro Estado y expresando nuestra inconformidad social con una amplia agenda.

Con los años, se me han vuelto frescas las sensaciones de marchar por la avenida Patria de Quito, desafiantes, frente a las puertas de la sede diplomática, de metal, que encerraban poder, secretos y una indeterminada voluntad de dominio sobre nuestra nación. Al miedo se juntaba la altivez por la demanda de equidad en todos los planos, que en esos años nos preñó de orgullo y configuró un sentido nacional borroso. La forma adulta luego nos enseñó de ponderación. Ahora, me despierto, molesto y agitado, de que podamos volver a aquellos años, sin que la historia haya caminado fuera ese sitio. O que haya quienes actúen para devolvernos hacia atrás, por ejemplo, en los acuerdos del Canal de Panamá, símbolo regional y facto realísimo para Ecuador en nuestra relación con el Atlántico.

Trump incorpora una noción desnuda del control territorial y la idea de expansión de todos los límites sometidos al poder norteamericano. Transforma el sentido del área de influencia posterior a la segunda guerra.

Revisemos algunos planteamientos generales de importancia para la articulación internacional de Ecuador en la coyuntura que se abre.

¿Cuáles son los alcances de reorganización del orden mundial que puede implantar la administración Trump? ¿Son impactos de la audacia los que nos han sorprendido? ¿Corresponden a un grado extremo de debilidad institucional interno de Estados Unidos ya que no disponía de la institucionalidad que nos habíamos imaginado (Levitsky y Ziblatt)? ¿Acaso desconocíamos la debilidad (estructuras de papel) de la gobernanza internacional?

Trump rompió el acuerdo de la OTAN: defensa de Europa y de cada una de sus partes. ¿Muestra esto además la indiferencia emergente en Estados Unidos con el destino de una forma democrática liberal, tanto en su asiento como en el resto de países incluyéndonos? ¿Por derivación, dónde quedan los compromisos que hicimos sobre la democracia en América (más allá de los acuerdos por la seguridad)?

¿Qué significa acercarse a Estados Unidos, si la democracia ya no está en juego sino ciertos temas de mercado? ¿Estamos en medio de una “subasta” de roles frente a fracciones del capital mundial? ¿Todos seremos “cautelosos” por el temor a largo y mediano plazos? ¿Desde América Latina, cuál debe ser nuestro papel?

Trump incorpora una noción desnuda del control territorial y la idea de expansión de todos los límites sometidos al poder norteamericano. Transforma el sentido del área de influencia posterior a la segunda guerra. ¿Es este control territorial anacrónico frente a las experiencias de desarrollo y militares? ¿Junto al narcisismo ha surgido un sentido de posesión que se asienta en una forma inconsciente de sociedad y poder perdedor que debe reivindicarse?

¿Hacia dónde camina —económica y políticamente— el capitalismo (los capitalismos de cada imperio mencionados antes)?  ¿“America first” es la respuesta a globalismo inhibidor de los potenciales de Estados Unidos (sistema comercial internacional) y organismos de desarrollo y gobernanza mundial? ¿En un contexto de tres imperios, cuáles son las claves de vinculación entre ellos? ¿La relación tripartita es sustancialmente distinta a la bi y multipolaridad?

(Occidente y particularmente Estados Unidos apuestan a su crecimiento y significación económicos hacia mediados de este siglo, apuesta que no está acompañada por una lectura política y militar dentro de la relación tripartita)

Nuestra debilidad, además de geográfica por el vecindario de los más importantes productores mundiales de cocaína —el sur de Colombia y el norte de Perú—, es que progresivamente nos han asignado el rol de “estibadores” y “puerto seco” para su droga.

Los ecuatorianos que intentábamos diferenciar dentro de Estados Unidos para encontrar respuestas a algunas interrogantes de (nuestra) política exterior, solíamos diferenciar a las élites norteamericanas entre sus orígenes en la costa Este (fundamentalmente Nueva York), el flanco oriental (especialmente Houston) y la gran masa conservadora del centro. Luego, debimos complementar el análisis con la presencia de grandes corporaciones por ramas de producción y presencia en los mercados e inversión mundiales. Siendo que ahora los segmentos del capital nos hablan de áreas básicas como servicios, información y comunicación. Obviamente, en Estados Unidos más que en ningún otro país, sin reducirnos a un análisis instrumental, se deben buscar los vínculos de las elites económicas con los dos partidos fundamentales.

¿Cómo tenemos que reinventar/re-imaginar nuestras estrategias frente a Estados Unidos?

(Los supuestos del contexto parecen haberse derrumbado. Especialmente en un plano de la conversación basada en los derechos humanos)

Ecuador tiene una posición débil dentro de América del Sur, somos el país con los más altos índices de violencia, asediados por el gran crimen —en especial el narcotráfico— y por derivación podemos colegir, que más allá de las percepciones, por la corrupción en gran escala que se arrastra ya se habría asentado. Nuestra debilidad, además de geográfica por el vecindario de los más importantes productores mundiales de cocaína —el sur de Colombia y el norte de Perú—, es que progresivamente nos han asignado el rol de “estibadores” y “puerto seco” para su droga.

Dos escenarios de alto riesgo de crecer el descontrol/incontención del comercio de drogas ilegales por el país. De un lado, América del Sur debe mostrar un grado de resistencia frente al gran crimen, siendo Ecuador un Estado especialmente débil, por lo que la atención internacional puede centrarse sobre nuestro país imponiéndole fórmulas de solución. De otro lado, de proseguir el descontrol sobre el tráfico de drogas y la resolución violenta del control territorial, nuestro territorio podría diversificarse como corredor también de otras producciones, incluso fentanilo de prestarse las condiciones de mercado, dadas además la productividad y escasa tecnología que se requiere para su producción y dotación de materias primas.

Ecuador es un exportador de recursos naturales básicamente —adecuación de las aguas marítimas, fertilidad de la tierra y ubicación geográfica— siendo aún incierta nuestra participación en el mercado mundial de minerales —producción petrolera que se extinguirá y menor frente al consumo interno— y otros minerales petroleros que no se registran con peso en la balanza.

Por la vía monetaria ya pesan en nuestra economía las fluctuaciones inflacionarias norteamericanas y, en general, de su economía. Son los costos de la estabilidad que introdujo la dolarización. A ello deberemos sumar el peso en los costos de la guerra arancelaria y del cierre comercial de Estados Unidos, que pareciera que progresivamente limitará las importaciones sin aranceles. Pese a que somos un flujo menor, nuestro acceso a la costa Este de Estados Unidos estará condicionado a los flujos y costos del canal de Panamá, según a nueva perspectiva norteamericana. Para Ecuador no existe otra vía.

Tampoco pertenecemos, y el peso recién se sentirá ahora, a APEC (Foro de cooperación económica Asia-Pacífico), Alianza del Pacífico, entre otras, que incluyen a otros tratados de libre comercio e inversiones, bienes, servicios e inversiones —antes repudiados— y asociaciones regionales.

Retomar la antes, repudiada por algunos, cooperación internacional norteamericana, incluyendo a la cooperación para el fortalecimiento de la democracia, será una tarea delicada y ardua. Indudablemente tendrá costos económicos y políticos. Más allá de la farándula de cooperaciones irracionales que pueda haberse dado en otros países y/o continentes, cuya significación relativa y absoluta está por evaluarse (por proveedores y receptores de la cooperación), existen necesidades puntuales y específicas para el desarrollo, que entran en el campo humanitario.

De proseguir el descontrol sobre el tráfico de drogas y la resolución violenta del control territorial, nuestro territorio podría diversificarse como corredor también de otras producciones.

Cabe finalizar con una reflexión más provinciana. Algunos partidos políticos manifiestan que se sienten más “cómodos” (“les va mejor”) con las administraciones republicanas que con las demócratas y veladamente asumen que la administración Trump les será favorable para su accionar partidario. Sus líderes no ocultan esa proximidad, aunque buscan desarticularse, en la coyuntura electoral, de la pertenencia al grupo Cuba-Venezuela. Confían en que su cercanía a Rusia pueda darles un puente con la administración Trump, de la que, en el pasado reciente, han manifestado frontal rechazo al secretario de Estado Rubio. Cautelosamente tratan de lograr una relación al menos paritaria, mientras el resto de actores políticos buscan a su vez un tratamiento privilegiado de Trump por otras vías.

Esta búsqueda de apego a uno de los bloques de poder mundial deja sin sustento a una posición nacional. Y sin espacio de movimiento frente a las coyunturas que se avecinan. Asentar la fortaleza política en los gestos de uno de los bloques devendrá en convertir a la política ecuatoriana en sucursal de las divisiones políticas internas de cada uno de los bloques.

Hacer política de este modo devaluará las posibilidades de nuestra posición nacional. La agenda del país es bastante más amplia que esas estrecheces, como he tratado de mostrar.

Luis Verdesoto Custode

Luis Verdesoto Custode

Cientista político, catedrático en varias universidades de Ecuador y Bolivia. 

Más Historias

Más historias