martes, mayo 5, 2026

La guerra de los opioides: ¿Claudia Sheinbaum tiene razón?

El tráfico de fentanilo, que ha causado más de medio millones de muertos por sobredosis en Estados Unidos, en los últimos cinco años, se sostiene por millones de adictos, que fueron inducidos al consumo de opioides por parte de un grupo farmacéutico, miles de médicos corruptos y autoridades de control cómplices.

Redacción Plan V

Por: Redacción Plan V

II PARTE

La respuesta de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum al presidente de EE.UU. Donald Trump, ante la grave acusación de que el Gobierno de México era aliado de los carteles para introducir drogas —fentanilo sobre todo— a Estados Unidos puso los acentos en la responsabilidad del vecino del norte en controlar el consumo en las grandes ciudades, las mafias internas y el tráfico de armas a México. Una postura que se enraíza cada vez más en los liderazgos “progresistas” de América Latina: evadir la propia responsabilidad en su fracaso para detener la oferta y echar el agua sucia a los países consumidores (el norte desarrollado) de droga, a la vez que Europa y EE.UU. evaden su propio fracaso en atacar el consumo. Un punto cero en las políticas internacionales antidrogas.

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Drogas: la guerra perdida

El fracaso de la guerra contra las drogas, impulsada por Estados Unidos desde una perspectiva de seguridad hemisférica, está en el escenario de los dos países desde hace décadas. La política norteamericana se acentuó con el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, en septiembre del 2001. Para entonces, también se había acentuado la migración de mexicanos y ecuatorianos hacia ese país. Desde Ecuador, decenas de miles de personas migraron en barcos, desde fines de 1999 hacia las costas occidentales de México para escapar de la quiebra bancaria y económica de fines del milenio. Lo hicieron en pequeños barcos pesqueros adaptados para embutir cien personas en promedio. Muchos de estos barcos fueron capturados y hundidos por guardacostas de EE.UU. En Ecuador estaba vigente el convenio del FOL de la Base Aérea de Manta y Estados Unidos tenía montado un sistema de vigilancia aérea y de interdicción marítima sobre el Pacífico Sur. Estados Unidos consideraba en el tráfago de personas era también la vía para el tráfico de cocaína desde Ecuador hacia México y luego a su país.

Tras el ataque terrorista en Nueva York, Estados Unidos declaró tres amenazas a su seguridad nacional: el terrorismo, el tráfico de drogas y la migración ilegal. Desde el 2001 eso no ha cambiado, especialmente para América Latina. En consecuencia, las fuerza militares y policiales de la mayoría de los países readaptaron sus doctrina hacia las “nuevas amenazas”. Fruto de ello fueron las dos versiones del Libro Blanco de las Fuerzas Armadas, que emitió el Ministerio de Defensa del Ecuador. El Ecuador no estaba inmune al narcotráfico al inicio del milenio. La cocaína que producía Colombia tenía sus rutas, especialmente desde Esmeraldas. Con el Plan Colombia y el combate a la guerrilla y a los narcotraficantes, el Ecuador pasó a ser un territorio apetecido para los narcos, y cuando los grandes carteles, como el de Medellín y el de Cali, son temporalmente derrotados (luego las FARC entrarían al negocio), los carteles mexicanos ocuparon su lugar. Sobre todo el Cartel de Sinaloa, para entonces ya consolidado como el más poderoso del mundo, instaló en Manta su centro de operaciones cuando, en el 2009, el gobierno de Correa acabó con el convenio del FOL de la Base Aérea. Desde entonces los carteles mexicanos dominaron el negocio, comprando directamente la droga y transportándola, sobre todo a Estados Unidos. Luego el mercado se abriría para Europa y la droga que se transportaba en lanchas rápidas empezó a ser enviada por contenedores, y los puertos del Ecuador se convirtieron en plataformas de almacenamiento y transporte.

Decomiso de más de una tonelada de droga frente a las costas de Esmeraldas. Foto: Archivo Europa Press

El narcosistema desarrolló una estructura logística en el corazón de la gran potencia, y eso es lo que la presidenta mexicana le recordó a Trump en su carta de respuesta a las acusaciones del presidente-magnate.

En México, el narcosistema se fue consolidando bajo la hegemonía del Cártel de Sinaloa, con el Mayo Zambada a la cabeza de este holding criminal que operaba en 54 países del mundo, generó una estructura empresarial poderosa para lavar su dinero y convirtió a las ciudades de Los Ángeles y Chicago como sus centros de operaciones y logística en Estados Unidos. El narcosistema desarrolló una estructura logística en el corazón de la gran potencia, y eso es lo que precisamente la presidenta mexicana le recordó a Trump en su carta de respuesta a las acusaciones del presidente-magnate, a las que México calificó de “calumnias”. También para evadir la responsabilidad de las autoridades estadounidenses en permitir que no solo creciera el número de adictos a la cocaína sin enfrentar el consumo acelerado y la proliferación de las mafias en las calles de las metrópolis estadounidenses, sino por cómo la industria farmacéutica de los opioides fue determinante para inundar las calles y las venas de su gente de fentanilo y menfetaminas recetadas por el cuerpo médico estadounidense, sobre todo el OxiContin (Oxi), que fue el vehículo para generar dependencia y luego adicción, el caldo de cultivo donde entraron las mafias mexicanas y estadounidenses para causar la tragedia de más de medio millón de muertos en cinco años y demás daños colaterales.

La culpa es de la vaca

«Si el gobierno de Estados Unidos y sus agencias quisieran atender el grave consumo de fentanilo en su país, pueden por ejemplo combatir la venta de estupefacientes en las calles de sus principales ciudades, lo que no hacen y el lavado de dinero que se genera por esta actividad ilegal que tanto daño ha hecho a su población.

Estados Unidos vive una crisis por fentanilo, un problema que continúa agravándose y causando gran cantidad de muertes. Foto: AP

«El consumo y la distribución de drogas está en su país y ese es un problema de salud pública que no han atendido. Además, la epidemia de opioides sintéticos en Estados Unidos, tiene su origen en la prescripción indiscriminada de medicamentos de este tipo, autorizados por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) como lo demuestra el juicio contra una farmacéutica», dijo la presidenta Scheinbaum en la carta de respuesta a Donald Trump.

Esta acusación afirmó que el Gobierno mexicano se ha permitido ser un refugio para que los carteles fabriquen y transporten drogas peligrosas, que han llevado a la muerte por sobredosis de cientos de miles de víctimas estadounidenses”. La mandataria mexicana rechazó “que su país asuma la carga por la epidemia de drogas que azota a Estados Unidos y exigió a Trump que tome medidas en su propio territorio, en vez de poner en riesgo la relación comercial entre ambos países”, reportó el diario español El País.

En los primeros veinte años del siglo XXI, según datos oficiales, unos 450.000 estadounidenses murieron por sobre dosis de opioides y otros 500.000 murieron los cuatro cinco últimos años.

Sheinbaum tenía razón. En 1996 la empresa estadounidense Purdue Pharma lanzó al mercado un fármaco pionero: un potente analgésido de la familia de los opiodes llamado OxyContin, que se anunció como un tratamiento revolucionario para el dolor crónico. Este medicamento tuvo el mayor éxito comercial en la historia de productos farmacéuticos de Estados Unidos, y recaudó unos 35.000 millones de dólares.  Pero también provocó una avalancha de adicciones y consumo abusivo. Muchas personas que comenzaron consumiendo oxicodona, el principio activo, se pasaron luego a la heroína y al fentanilo. En los primeros veinte años del siglo XXI, según datos oficiales, unos 450.000 estadounidenses murieron por sobre dosis de opioides y otros 500.000 murieron los cinco últimos años fruto de esa adición ya entonces vinculada al fentanilo, y a la falsificación de pastillas de oxicodona hecha por parte de los carteles mexicanos con materia prima que llega de China. Cerca de un millón de personas que convirtieron a esta epidemia de adicciones en la primera causa de muerte accidental de los Estados Unidos.

Un frasco de OxyContin en una farmacia de Estados Unidos. Foto: AP

El OxyContin tuvo un mercadeo nunca antes visto en ese país, luego de la producción y venta del Valium, desarrollado por la misma farmacéutica, Purdue. Su mercadeo se sirvió de publicidad engañosa, fomentada por asociaciones de médicos que, se demostraría judicialmente después, eran financiados por la farmacéutica. También se demostraron prácticas corruptas de la “impoluta” FDA. La empresa convencía a los médicos y a las autoridades de control de que el OxyContin era un medicamento seguro y que no producía adicción ni dependencia. Lo cual era falso, y, de acuerdo a un juicio histórico que demostró estas prácticas, la responsabilidad fue absoluta ante las cientos de miles de víctimas directas y colaterales. Esta historia en particular está relatada por el periodista de investigación Patrick Radden Keefe, en su libro El imperio del dolor. Un texto de casi 700 páginas donde se relata el horror de un ambicioso y poderoso grupo farmacéutico y su responsabilidad directa en la mayor tragedia inducida de salud pública de los EE.UU. en tiempos modernos.

Este cruce de acusaciones no resuelve el problema. Trump, como lo han hecho sus antecesores, no admiten sus omisiones y acusa a México, y Scheibaum no admite sus propias omisiones para controlar el flujo ilegal de fentanilo hacia el norte. Mientras que Estados Unidos, dice México, no solo que hace muy poco para luchar contra las mafias de Estados Unidos y las adicciones en su propio país, sino que permite el tráfico de armas sofisticadas a los violentos carteles, culpando de paso a EE.UU. de las de decenas de miles de asesinados por la violencia criminal. En un año, México ha incautado más de 10.000 armas, de las cuales 8 de cada 10 llegaron de Estados Unidos. El gobierno de México pide el control y seguimiento de este mortal tráfico, que entrega armas sofisticadas y la suficiente munición como para sostener la violencia paramilitar de parte de los carteles.

La periodista Anabel Hernández, en su último libro La historia secreta definió como zoombieland a las zonas donde miles de personas deambulan atrapadas por el fentanilo, las mafias y la falta de atención de salud pública.

Los traficantes y proveedores en las calles, de ciudades como Los Ángeles o Filadelfia no solo encadenan a los consumidores falsificando las píldoras de oxicodona —que luego del juicio de las víctimas contra la farmacéutica aumentó los controles de las autoridades— o M30, «sino que ahora mezclan el fentanilo como poderoso sedante de uso veterinario llamado xylazine o xilacina, que mata a los consumidores o los pone literalmente en estado de involución, de muertos vivientes», cuenta Hernández.

¿Quiénes son los responsables intelecuales y materiales de la dantesca forma a la que ha sido reducida la raza humana en Zombieland? ¿Quiénes son sus cómplices?, se pregunta la investigadora.

Para el gobierno de Estados Unidos es el Cartel de Sinaloa, cuyos líderes son ahora los hijos del Chapo Guzmán, los temidos Chapitos (Iván, Alfredo, Ovidio y Joaquín) que tras la extraña operación de captura de su cabecilla máximo, Ismael el Mayo Zambada (donde se entregó también Joaquín Guzmán, el hijo menor del Chapo) fortalecieron el control del cartel criminal más poderoso del mundo.

El opiaceo sintético, producido y traficado hegemónicamente por esta organización ha causado la proliferación de miles de muertos vivientes en las principales ciudades de Estados Unidos: Nueva York, Filadelfia, San Francisco, Washington D.C., Portland, Baltimore, Cleveland, Detroit, Tucson, Chicago, Memphis, Minneapolis, Anchorage, Phoenix, Denver, Oakland… Aunque Estados Unidos ha sido históricamente el país con más consumidores de drogas en el mundo, lo que ha ocurrido en los cinco últimos años no tiene precedentes. Entre 2019 y 2023, la tasa de mortalidad se cuadruplicó, según datos del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas de ese país: 489.000 personas por sobredosis. Una montaña de cadáveres.

¿Qué llevó a Estados Unidos a poner el ojo en la administración de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, sobre corresponsabilidad o complicidad de México en esta tragedia humanitaria? En que la crisis del fentanilo en EE.UU. se disparó con la asunción al poder del líder mexicano el 1 de diciembre del 2018. Desde que se sentó en la silla presidencial, el carismático presidente impuso como política gubernamental de seguridad pública «abrazos y no balazos» hacia la delincuencia organizada. El desastre ha sido mayúsculo», dijo Anabel Hernández en La historia secreta. Estas palabras fueron publicadas poco antes de que AMLO dejara el poder, pero Claudia Sheinbaum, su heredera en la Silla del Águila, dio continuidad a esa política …hasta que Donald Trump coaccionó a México con la imposición del 25% de aranceles si es que la presidente no detenía el flujo de fentanilo y la acción de las bandas criminales en el tráfico de droga a EE.UU. La presión funcionó, al menos hacia afuera.

Claudia Sheinbaum yAndrés Manuel López Obradro. Foto: Pedro Gonzalez Castillo. Getty Images

Pero el daño estaba hecho. Durante los seis años de AMLO, «se han roto todos los vergonzosos récords de muertos y desaparecidos», afirma Hernández. Hasta el 28 de febrero del 2024, es decir hasta hace un año, hubo en México 176.000 homicidios violentos. Más del triple que en el sexenio de Vicente Fox; 54.000 víctimas más que en el de Felipe Calderón, y casi 20.000 más que con Peña Nieto.  A esta tragedia humanitaria se suman 114.000 desaparecidos durante el gobierno de AMLO y las 2.710 fosas clandestinas que han aparecido entre el 2018 y el 2023.

Lea en la Tercera parte: En el corazón del narcosistema

 

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