Rosas blancas y la boina color vino. El féretro caoba y un cuadro: su sonrisa en la foto con el uniforme 4A y bordadas en punto cruz, con hilos negro, rojo y amarillo, una muceta, un título y la leyenda “Felicidades Pamelita”. El lunes 1 de julio, la casa comunal del barrio Santo Tomás, al suroriente de Quito, fue un recinto de dolor e indignación. Familiares y amigos de la subteniente Aída Pamela Ati Gavilánez despedían su cuerpo, mientras en coro clamaban justicia.
En esas salas de paredes de amarillo napolitano y pisos de resbalosa cerámica ladrillo, una lacerante voz, ahogada en llanto y rabia, sentenciaba: hoy ha fallecido mi hija, mañana puede ser la de ustedes. En esas mismas paredes en que, apenas 15 días atrás, adolescentes y jóvenes de Guamaní, Cutuglahua, Santo Tomás y otros barrios del sur capitalino terminaban sus cursos de prevención de violencia de género. Pero ese día, don Luis Ati, militar en servicio pasivo, lloraba a su “nena”, a su “maravillosa muñeca”. A su Aidita.
Aída Ati Gavilánez tenía 25 años, dos de ellos en el sueño de toda su vida: pertenecer al Ejército, como su padre. Se encargaba de la supervisión de materiales en el Fuerte Militar Napo, ubicado en El Coca, capital de la provincia de Orellana, y el viernes 28 de junio participaba junto a otros 18 uniformados en una fiesta de despedida a un subteniente que dejaba aquella brigada del norte amazónico.
El crimen de la subteniente Aída Ati Gavilánez recuerda al asesinato de la abogada María Belén Bernal, perpetrado por su esposo, el policía Germán Cáceres, el 11 de septiembre de 2022. Entre enero y mayo de 2024, se han registrado 108 femicidios, los cuales dejan 77 niños y adolescentes en orfandad.
Hubo licor en una fiesta no consentida por los superiores de la brigada. Caía la tarde. Cerca de las 18:00, el mayor Javier Pinargote ofreció su vehículo para, según su versión, trasladar a Aída a la villa donde habitaba dentro del complejo militar. En el grupo también estuvieron el mayor Freddy Quintanilla, el teniente John Mena y el subteniente Ángel Jiménez.
Los cuatro oficiales ahora son procesados por presunto femicidio. El fiscal asignado, Fabricio Zambrano, pidió prisión preventiva, pero una de las juezas de violencia de género de Orellana dispuso apenas medidas sustitutivas.
La noche del crimen y el amanecer de una mentira

Aída Ati Gavilánez tenía 25 años y fue subteniente de Intendencia. Llevaba dos años en el Ejército y su sueño era ser como su padre en las filas militares. Foto: redes sociales del Ejército.
¿Qué pasó entre las 18:00 del viernes 28 y el amanecer del sábado 29? En el Fuerte hoy existe silencio. Por el parte policial, divulgado preliminarmente por medios como Primicias y Ecuavisa, se conoce que los cuatro procesados estuvieron con Ati en su habitación. Que la dejaron acostada. Que sacaron sus zapatos y su cinturón. Que aflojaron el botón de su pantalón para que estuviera más cómoda. Y que después salieron del lugar. ¿Hay cámaras que hayan captado el recorrido final de Ati o la salida de los cuatro de aquella morada? En el bufete Valladares-Montoya, que patrocina a los deudos de la subteniente, se conoce que les habrían dicho que no: que en un fuerte de la envergadura del Napo No. 19 no hay cámaras.

El Fuerte se encuentra en el complejo militar ubicado al suroriente de El Coca, en la planicie al margen derecho del río Napo, donde también funciona la Escuela de Selva y Contrainsurgencia. Foto: página de Facebook del Ejército.
Una compañera de Ati se preocupó por no verla puntual para desayunar. Eran las 06:40 del sábado 29 y solo halló su piel fría. Entonces surgió una primera versión, falsa a juzgar por el real estado del cuerpo de Ati. Se dijo que la subteniente había muerto por asfixia, al ahogarse con su vómito, dado que se presume que había ingerido licor en la fiesta de despedida de otro subteniente.
Lo cierto es que la causa de la muerte fue asfixia por estrangulamiento. En su cabeza, cara, cuello y tórax había moretones, lo propio en brazos y piernas. En su vulva, magulladuras. Y un líquido blanquecino exudaba por la vagina. Así se lee en el protocolo de la autopsia practicada en el Centro de Investigación de Ciencias Forenses de Lago Agrio, capital de Sucumbíos, a una hora y 45 minutos de El Coca.
12 horas de versiones contradictorias

De una muerte por asfixia a la información del interrogatorio a 18 uniformados: así el Ejército cambió su versión de los hechos.



Sábado 29 de junio, cerca de las 09:00, en el barrio barrio Santo Tomás. Una llamada por WhatsApp partía en mil pedazos a Luis Ati. El comandante del Fuerte Militar Napo le informaba que su hija había fallecido asfixiada. Gritos, sombras, ataques de pánico… Luego de un tortuoso viaje por tierra, de más de seis horas entre Quito y El Coca, Ati volvió a escuchar que a su Aidita la encontraron muerta. Que se había ahogado con vómito. Entre tanto, la Dirección de Comunicación Social del Ejército ya había difundido en sus redes un primer documento. A las 13:23 publicaron un boletín que en lo medular indicaba: “De acuerdo al reporte inicial (sic), la causa del fallecimiento sería asfixia producida por una obstrucción de vía aérea mientras dormía”.
En shock, la familia se trasladó hasta Lago Agrio. Solo allí Luis Ati firmó unos primeros documentos: la solicitud de retiro del cadáver y el salvoconducto para movilizarlo hasta El Coca y luego a Quito. El padre de la subteniente contó a Evelin Caiza, de Radio Pichincha, que luego de estos trámites, personal del centro forense reservó unos instantes con él a solas. “Ahí es donde cambian las circunstancias”. Probablemente serían ya cerca de las 20:00 del sábado y ya se conocía que la muerte de su hija fue violenta. Luis no pudo ver el cuerpo.
Una hora más tarde, exactamente a las 21:00, el Ejército difundía otro comunicado. “Los soldados nos unimos a este dolor que enluta a nuestra institución. Paz en su tumba”. Y el peso de las nuevas evidencias estalló 54 minutos después, cuando la entidad comunicaba que brindará todas las facilidades a la Fiscalía. Ya no era asfixia por vómito, sino por estrangulamiento… Que la institución militar condenaba todo acto que atente contra la vida de las personas y transgreda sus valores institucionales, se leía en el nuevo boletín.
18 indagaciones y cuatro sospechosos
Los 18 participantes de la fiesta de despedida de un subteniente fueron detenidos por ocho horas para recabar sus versiones. En la madrugada del domingo 30, la mayoría regresó a sus tareas, pero con sendos expedientes disciplinarios por parte del Ejército. Los cuatro sospechosos continuaron a ordenes de la Fiscalía. Sin embargo, la jueza de Orellana, especializada en violencia de género, consideró que los implicados demostraban arraigo y que no había riesgo de fuga.
Para la defensa de los Ati, la pena por femicidio, que puede fluctuar entre 22 y 26 años, sí gatilla una posibilidad real de escape. “Si uno de los cuatro presuntos implicados huye, hago responsable al Ejército, en primera instancia, y en segunda instancia al comandante de la Brigada 19 Napo”, dijo destrozado Luis Ati, en el funeral de su hija.
El equipo del bufete Valladares-Montoya pedirá la revisión de las medidas sustitutivas para los cuatro implicados, aunque saben que los tiempos marchan en contra porque la instrucción fiscal durará 30 días. También se pedirá el desarrollo de nuevas diligencias, como la extracción de la información contenida en los celulares de los sospechosos, un barrido de imágenes del complejo militar y el análisis forense de vestimentas. Y en este campo, un detalle es clave: el botón del pantalón de Aidita Ati apareció desprendido, junto a su cuerpo lacerado.
Las dudas en el proceso
Entre los familiares de Ati y su defensa hay algunos aspectos que ameritan mayores indagaciones. Plan V, por lo pronto, enumera cinco.
1.- ¿Por qué hubo versiones contradictorias? ¿Por qué se dijo inicialmente que Ati murió asfixiada, cuando la autopsia indicó finalmente moretones en cara, cuello, brazos, es decir en partes visibles del cuerpo?
2.- ¿Por qué se produjo una comunicación extemporánea de la muerte de la subteniente a sus familiares? Mediaron casi tres horas entre el hallazgo del cadáver y la llamada al padre.
3.- ¿Por qué se realizó el levantamiento del cadáver sin la información, consentimiento y autorización por escrito del padre de Aidita Ati?
4.- ¿Por qué se trasladó el cuerpo a la morgue de Lago Agrio cuando el deceso ocurrió en El Coca? Se conoce que en esta ciudad, desde septiembre de 2019, sí se pueden hacer análisis forenses. Si bien el complejo de Lago Agrio, construido en 2014, es un centro de referencia regional, la posibilidad de diligencias en El Coca apunta a evitar la revictimización de los deudos por traslados incómodos o trámites lejanos al lugar de los hechos.
5.- ¿Existió algún tipo de presión para que una jueza especializada precisamente en violencia de género haya dispuesto medidas sustitutivas para cuatro implicados en una muerte cuyo protocolo de autopsia apunta a que fue violenta y que, presumiblemente, fue concurrente a una agresión sexual?
TESTIMONIO
Luis Ati, padre de Aidita y militar en servicio pasivo
Transcripción de su clamor durante el velorio en la casa comunal de Santo Tomás, el lunes 1 de julio

Luis Ati. Foto: Radio Pichincha
¡¿Quiénes nos están defendiendo, si ellos nos están matando a nuestras hijas?!
Somos una familia humilde, pero con valores, con principios para formar a nuestros hijos y darles un futuro mejor, como fue lo que mi hija quiso ser, con esfuerzo y sacrificio y lo logró. Pero ahora le arrebataron la vida en la Brigada No. 19 Napo por miembros militares.
Me supieron decir que mi hija se había muerto ahogada por el licor. ¡Mentira! ¡Mi hija fue ultrajada, asesinada y presuntamente violada! ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Con qué militares estamos hablando?! ¡¿Quiénes nos están defendiendo, si ellos nos están matando a nuestras hijas?! Que se haga justicia, pido al pueblo del Ecuador; a las mujeres del Ecuador y del mundo. Hoy ha fallecido mi hija, mañana puede ser una de sus hijas.
Cuando llegué a la Brigada No. 19 Napo, me llevaron a las oficinas de su comandante y me supo indicar de que había una fiesta no autorizada y que habían llevado a mi hija a la pieza donde ella habitaba, y que había amanecido muerta. Eso es lo que me indicaron y nada más…
Entonces yo dije: eso pasó… Pero después de haber hecho las investigaciones y después de haberse realizado la autopsia de ley, la doctora forense me da la otra versión. A mi hija la encuentran sin vida a las 06:40 del sábado 29 de junio y a mí me comunican a las 09:00.
A mí me quitaron a una hija. A una madre le quitaron una hija. A un hermano le quitaron una hermana… ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Con quién estamos?! ¡¿A quién acudimos?!
