sábado, septiembre 5, 2026
Ideas
Fanny Zamudio

Fanny Zamudio

Chef. Escritora.

SHOT 7 – SHOT 8 – SHOT 9

En diez años de sabatinas, el vociferante en jefe construyó todo un modelo pedagógico para la deformación política. Dio cátedra en que ser sinvergüenza es ser “orgánico”, clases magistrales de corrupción como requisito para el poder. Educó en el asco a la organización social, enseñó que el discurso es una consigna vulgar…

SHOT 7.- Santo Tomás y el gabinete

En el coliseo político hay cuenta regresiva, algunos disfrutan y otros lloran con fervor religioso la partida del ídolo presidencial. El Supremo roba cámara hasta el último segundo a punta de museos, indultos y medallas, fabricando delicias para las redes sociales hasta cuando llueve, gracias a lo cual, su filático sucesor goza de cierta tregua.

Los ciudadanos vacunados de correísmo esperamos con calma las señales que emita el excelentísimo licenciado, en especial y evidentemente, el nuevo gabinete. Las gratas sorpresas en ese terreno son imposibles, porque muy cuesta arriba le quedan algunos requisitos como auto blindarse de su propio movimiento, evitar el terreno minado de los estratégicos negocios e incluir un porcentaje verosímil de renovación, al tiempo que conserva lo que no le dejan mover. Es tan complicado que, en las listas preliminares, ya vemos aterrizar de pie a sumisas de la Asamblea, agnados de Odebretch, devotos esposos, sobrinos de la pena de muerte, hijos de papá, reciclados multiusos, entre otras malezas y rarezas. Si alguna esperanza de cambio tenía el peatón despistado deberá encomendarse a Santo Tomás Dídimo, el que ni viendo quería creer, porque aunque emigre el patriarca, todo queda en familia.

SHOT 8.- La deformación política

De las variedades, especies y sub especies de izquierdas que en el Ecuador hemos sido, todas teníamos algo en común: había que tener formación política. Leímos y debatimos, ad infinitum, textos imposibles que contribuyeron mucho al dogmatismo y muy poco a la construcción de pensamiento, pero al menos despertaron el ímpetu poético de justicia social al que llamábamos revolución.

Al terminar la última sabatina, recordé lo interesantes que fueron algunas de las primeras, en las que el joven Presidente hacía “pedagogía de la política” de una manera mucho más eficaz que las densas doctrinas de nuestras militancias. Las románticas primeras,  porque casi enseguida empezaron los exabruptos, los sofismas, siguieron el maltrato destemplado y la risita sardónica hasta desembocar frenéticamente en defensa de lo indefendible, descarada manipulación de todos los poderes del Estado y mitin de repudio a cualquiera en la desgracia de su mal humor.  Fueron 523 ceremonias semanales armadas con mal gusto y patanería que sus huestes celebraron y adoptaron como formas de conducta. En diez años de sabatinas, el vociferante en jefe construyó todo un modelo pedagógico para la deformación política. Dio cátedra en que ser sinvergüenza es ser “orgánico”, clases magistrales de corrupción como requisito para el poder. Educó en el asco a la organización social, enseñó que el discurso es una consigna vulgar y que  la lógica democrática es binaria: estás conmigo o estás en mi contra. Su legado académico es un país sin ganas de hacer política, una sociedad reducida por la impunidad. Un Ecuador dividido y distorsionado por una sola palabra que todo lo contiene: Correísmo.

SHOT 9.- El Rey y la Pulga

Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista, le dijo Libertad a Mafalda

Oportuna frase para Ecuador en este mayo 2017. Durante diez años, unos antes otros después, quienes disentimos con el oficialismo fuimos tratados como insectos irritantes y nimios, individuos diminutos que osaban molestar a su majestad. Fuimos insultados, perseguidos, amenazados. Todos fumigados por la maquinaria de propaganda y algunos destripados entre los pulgares de su aparto judicial. A pesar de ello, seguimos picando, las protestas ciudadanas, las investigaciones independientes, las denuncias valientes, los memes, el humor, las redes incesantes, los líderes sociales estoicos, los Yasunidos y las malcriadas, los ecologistas y los estudiantes, los maestros, los doctores, las coloradas y los indígenas, los políticos y los anónimos concernidos. Hicimos nuestras las palabras de Libertad y llenamos de ronchas al maquinista; las suficientes para quitarle las ganas de seguir, para hinchar su vanidad, hacerle insufrible el trono, para destinarlo a rascarse hasta la sangre y bajarlo del tren. Aunque el correísmo queda, Correa se va.

El cambio de estilo ofrecido por Moreno es probable, no por mérito propio sino porque nadie puede alcanzar el nivel de neurosis de su antecesor y sobrevivir políticamente, ya se verá. Mientras tanto, ecuatorianos, disfrutemos la certeza de que somos un pueblo valiente, inteligente, creativo y tenaz, capaces de parar cualquier locomotora, por invencible que parezca.

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