martes, mayo 26, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Caso «Caja chica»: tres son multitud

La confirmación de las sospechas ciudadanas de que algo olía mal en Canuto llegó cuando la candidata Luisa González se negó a condenar el fraude electoral que atornilló a poder a Nicolás Maduro.

Tres personas pueden guardar un secreto, si dos de ellas están muertas. La frase, atribuida a Benjamin Franklin, es una descarnada sentencia sobre la desconfianza humana. Más aún si la aplicamos al mundo de la política. Los escándalos de corrupción que hoy tienen anonadado al país, por ejemplo, destapan el hilo de la investigación luego de que a alguien se le suelta la lengua. O se le afloja el gasto. En todo caso, si no hubiera tres o más implicados en el lleve, muchos casos podrían pasar de agache hasta las calendas griegas.

Eso es precisamente lo que le está ocurriendo a la jerarquía del correísmo a propósito del proceso judicial por financiamiento electoral ilícito que le ha iniciado la Fiscalía General del Estado: demasiadas personas estaban al tanto, y todas están vivitas y coleando. La confirmación de las sospechas ciudadanas de que algo olía mal en Canuto llegó cuando la candidata Luisa González se negó a condenar el fraude electoral que atornilló a poder a Nicolás Maduro.

Todo el mundo se preguntó por la causa de una postura que, en buena medida, le costó la presidencia de la república. ¿Puro alineamiento político-ideológico? Difícil de creer frente a un régimen que, ya para entonces, reflejaba la descomposición del mal llamado progresismo latinoamericano. La suspicacia popular fue simple y concluyente: no se debe morder la mano del que te da de comer.

Con toda seguridad, el caso denominado Caja chica terminará enmarañado, como tantos otros, en la verborrea electoral de nuestra clase política. Cueros reales o inventados serán sacados al sol. Y el argumento de la persecución política, que a estas alturas ya se ha convertido en institución nacional, se pondrá a la orden del día. No debe sorprendernos que, al final, todos los involucrados e involucradas salgan bien librados de la acción de la justicia. Y sigan contando con el favor de un mermado caudal del electorado fanático.

Pero el impacto al interior del correísmo puede ser devastador. El juicio de marras es un torpedo lanzado bajo la línea de flotación de la complicidad orgánica, ese insumo sin el cual ningún proyecto autoritario y corrupto sobrevive. Tres de las principales cabezas de la RC5 (aunque una de ellas haya abandonado el barco) ya salieron a sacarse los ojos. Y eso que todavía no se analizan los dispositivos electrónicos incautados. En cuestión de secretos, tres son multitud.

Algo que falta esclarecer es si la investigación venía de tiempo atrás o si fue activada a raíz del secuestro de Maduro, el pasado 3 de enero. En todo caso, más temprano que tarde las autoridades se encargarán de vincular ambos hechos. Y las especulaciones crecerán como kikuyo.

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