Catatumbo, sector de la cordillera oriental de los Andes, en la frontera de Colombia con Venezuela, se encuentra al norte, extremo opuesto de la frontera de Colombia con el Ecuador. Es una zona que ha llenado los medios de comunicación, por desplazamientos, asesinatos y guerrillas binacionales, cuyo problema central es un “mar de coca”.
La cuestión es de tal dimensión que, sin duda, se convierte en un tema de interés regional. Revisar su radiografía es un ejercicio para evitar cuestiones similares en el Ecuador. Desde esa perspectiva, conviene referir algunos puntos de contexto.

Un tema que ha relacionado la vecindad colombo ecuatoriana y que solo ha tenido un tratamiento mediático y, de alguna forma, de seguridad, es aquel que, lamentablemente, desde hace décadas tiene identificada a Colombia de forma negativa: el cultivo de hojas de coca y la producción de cocaína. Se lo ha combatido por ser fuente de diversos y graves problemas. La producción de esa “materia prima” ha crecido de forma proporcional a la demanda de consumidores ubicados en el norte desarrollado y, ahora, también en varios otros sectores del planeta.
El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos -SIMCI- de la UNODC de Naciones Unidas, cuyo propósito es difundir la cantidad de sembríos de hojas de coca, posicionó a Colombia como el mayor productor de cocaína (1.738 toneladas en 2022 a 2.664 en 2023). Esas cifras han sido cuestionadas por el gobierno. Colombia, tiene su propio sistema (SIIMA) y ha mencionado, de todas maneras, que hay un aumento de hojas de coca.
Uno de los grupos que lucha por alcanzar el poder por medio de las armas, y que se ha caracterizado por tener una organización federada, es el Ejército de Liberación Nacional, ELN.
En la cadena de procesamiento y comercialización de esa mercancía han estado insertas organizaciones de la guerrilla colombiana. Desde hace largo tiempo, en buena medida, ese negocio ha sido su sostén.
Uno de los grupos que lucha por alcanzar el poder por medio de las armas, y que se ha caracterizado por tener una organización federada, es el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Esta agrupación es uno de los actores de los terribles hechos acontecidos en Catatumbo. Ha tenido una larga historia en la violencia de Colombia. Entre esos se puede recordar el ataque con coche bomba a la escuela de policía de Bogotá, en donde cobró la vida de una estudiante ecuatoriana que junto a otros se formaban en ese lugar.
Luego de una larga etapa de secuestros y extorsiones, en medio de intentos de diálogo y negociación (alguno de ellos llevados a cabo en el Ecuador), se replegaron a Venezuela. En ese país se han incorporado al comercio ilegal de drogas, armas y minería ilegal. Pero, sobre todo, se han asociado a las fuerzas militares, según lo denuncian organizaciones de derechos humanos que siguen el tema. En resumen, el ELN ahora es una agrupación binacional con poder armado en buena parte de territorio colombiano y con presencia en Venezuela.

El otro grupo que disputa el control de las rutas en esa zona contigua a la venezolana es una de las facciones de las disidencias de las FARC: el Estado Mayor Central, EMC, con el que el ELN mantenía un acuerdo de convivencia, pero que el enorme negocio de economías ilícitas lo rompió. Esa ruptura se produjo al tiempo que el ELN atacó instalaciones de las fuerzas militares colombianas, lo que finalizó los diálogos con el gobierno Petro y declaró emergencia interna.
Este estallido en el Catatumbo se produjo, de manera coincidente, después de la no presentación de las actas electorales, cuando Petro tenía dudas en reconocer la supuesta victoria del gobierno venezolano. Por ese motivo, algunos medios identificaron al ELN como instrumento del régimen de Maduro.
En ese contexto, la grave crisis humanitaria en Catatumbo obligó al ministro de defensa de Petro a ir a Caracas para calmar a los aliados de Maduro en Colombia. Ese hecho constituyó un forzado reconocimiento al régimen venezolano vigente; algo similar a lo que el enviado del presidente Trump hizo, en la capital venezolana, al entrevistarse con quien hoy tiene el poder en Venezuela: realpolitik.
Este estallido en el Catatumbo se produjo, de manera coincidente, cuando Petro tenía dudas en reconocer la supuesta victoria del gobierno venezolano.
La Organización de Naciones Unidas y su Secretario General, han expresado seria preocupación acerca de los acontecimientos en Catatumbo. La ONU ha indicado que la cuestión no solo se circunscribe a esa región colombiana sino también a sectores que están muy cercanos a la frontera con el Ecuador. De ahí surge el interés ecuatoriano acerca de las derivaciones del problema.
En un reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, OCHA, se señala que los civiles afectados por la violencia entre grupos armados que batallan por el control de esa región ya alcanzan a las 77.418 personas. La Representante de esa Organización dice que la crisis humanitaria del Catatumbo es la peor desde 2016 en que se firmó el acuerdo con las FARC.

Es interesante leer lo que menciona el coordinador regional de investigación y análisis de la UNDOC, con largos años en Colombia, en referencia a la situación del Catatumbo; al cultivo de hojas de coca y a la cocaína, ya que enuncia algunas conclusiones que tocan al Ecuador.
El analista parte que la drogadicción es un problema que crece a escala global. “Los mercados a los que está llegando la droga, la cantidad de personas que están consumiendo cocaína y los actores involucrados están aumentando. Estamos en un momento de expansión general del mercado de la cocaína a nivel mundial”, manifiesta.
Señala que hay un direccionamiento generalizado para que los cultivos de coca de Colombia se ubiquen en zonas de frontera. Este proceso, dice, se realiza independientemente de lo que suceda al otro lado de la frontera. La tendencia, precisa, no solamente se mueve hacia la frontera norte —esto es, a los bordes de Colombia con Venezuela— sino también hacia la frontera sur —esto es, hacia los límites con el Ecuador—. Pero añade algo de mayor preocupación, sustentado en las cifras de monitoreo de su organización: que los principales núcleos de cultivos están cerca de la frontera sur, “tanto en Nariño como en Putumayo”.
Hay un direccionamiento para que los cultivos de coca de Colombia se ubiquen en zonas de frontera. los principales núcleos de cultivos están cerca de la frontera con ecuador, tanto en Nariño como en Putumayo.
El Putumayo, afirma el experto, es el segundo departamento colombiano con más hectáreas de hojas de coca, y crece. Los cultivos se están acercando cada vez más a zonas de frontera, advierte. “Existe riesgo de situaciones de conflicto”. Es un tema difícil de investigar, dice.
Resalta que acercarse a la frontera, “sucede porque los enclaves productivos son mucho más funcionales para el tráfico de drogas, no solo para la producción, sino también por la rapidez con la que se puede sacar la cocaína del país. Esto es una situación que afecta a todas las fronteras de Colombia”.
En su reflexión, el investigador de la UNDOC aconseja abordar las causas estructurales del tráfico de cocaína. La coca no es el único problema, a pesar de que es el más visible; “lo que hay que hacer es trabajar desde una perspectiva estructural, de sostenibilidad”, dice. “Lo que debemos encontrar son opciones basadas en un concepto de desarrollo (…). Esto requiere mucho más de lo que se puede hacer en un período de gobierno o de una administración local. Es un problema cuya solución tomará tiempo”, finaliza.
La tragedia humana que ocurre en Catatumbo deja avisos y censuras: la ambición de controlar rutas del narcotráfico avasalla doctrinas sociales que se dice defender; reivindica regímenes de facto; sostiene el miedo, el terror y atropella derechos; debilita gobiernos; transgrede fronteras y activa la violencia en los vecinos, en un mundo de relaciones cambiantes.
(*) Ex vicecanciller
