Contrariamente a lo que sostienen los liberales de cepa, las elecciones se han convertido en la antítesis de la política. Dicho en otras palabras, las elecciones no tienen nada que ver con las disputas de poder a propósito del destino de lo público. ¿Cómo puede construirse una democracia a punta de tiktoks? ¿Cómo puede el pueblo (demos) ejercer un gobierno (kratos) a partir de la banalidad de las redes sociales?
El debate sobre las decisiones que inciden en la orientación del Estado y de cualquier proyecto de país debería basarse en la diferencia de propuestas y concepciones que tienen los actores políticos. No es lo mismo socializar que privatizar. Sin embargo, las elecciones constituyen el mecanismo más eficiente para desmantelar esta posibilidad.
La campaña electoral de 2025 no solo es anodina e insustancial, como muchos analistas la califican; es absolutamente banal. La carrera por la adhesión de los votantes está centrada en la proyección de mensaje emocionales e imágenes seductoras que eliminen todo razonamiento y reflexión. Un like tiene mucho más valor que un comentario.
El trasfondo de la situación, no obstante, es más perverso de lo que podríamos suponer. Detrás de la escena electoral operan fuerzas que sí tienen estrategias e intereses muy bien definidos.
Establishment es una palabra de la lengua inglesa que no tiene traducción al español. Podría traducirse como élites o, más precisamente, como grupos de poder que controlan un país, y cuyo principal propósito es mantener el statu quo. Por control del país debe entenderse el manejo de la producción, del comercio, de las finanzas, de la justicia, de la información… En este listado también caben, con la debida proporción, actividades ilícitas como el narcotráfico y el crimen organizado.
En la actual coyuntura electoral es por demás evidente que el establishment le está apostando todo a la reelección de Daniel Noboa. Bajo el ambiguo y amorfo paraguas de la estabilidad y la gobernabilidad, las élites ecuatorianas dejan de lado sus disputas y diferencias hasta que el panorama se aclare. Una vez pasada la tormenta electoral podrán sacarse los ojos a gusto y discreción.
La jugada, hay que reconocerlo, es hábil. Para ello han construido la falsa dicotomía correísmo-anticorreísmo. El objetivo principal es tapar las contradicciones de fondo que afronta el país. En concreto, autoritarismo versus democracia, corrupción versus transparencia, acumulación versus distribución.
Frente a estas contradicciones Noboa y Correa se ubican del mismo lado de la línea divisoria. El expresidente prófugo se ha convertido en el mejor estratega de campaña del actual primer mandatario. A menos que haya perdido las neuronas que les reclama a sus adversarios, Correa está dinamitando la campaña de su candidata-llavero para facilitar el triunfo de Noboa.
Febrero 1, 2025
