El domingo 16 de junio, Ecuador vivió una arremetida del mal tiempo como no había sucedido hace dos décadas. Una de las zonas más afectados fue la de El Placer y Quillaturo, dos pequeñas poblaciones asentadas en la orilla del Pastaza, cercanas a Río Verde, a 14 kilómetros de Baños, en la vía a Puyo. El deslizamiento de la montaña no solo mató a 14 personas y destruyó las casas de 276 personas, sino que afectó a la carretera que conecta la sierra con la Amazonía, e impactó sin remedio en la vida de otras miles de personas que viven del turismo en una de las zonas de mayor diversidad ecológica del Ecuador. Dos años antes, la misma zona fue dañada por otro deslizamiento fatal. Ahora, los damnificados ha quedado a merced de la solidaridad y de la acción de los gobiernos nacional y local, pero con una enorme incertidumbre, pues muchos de ellos no desean abandonar su hábitat. Los lugareños, en su mayor parte, cultivan y comercializan naranjilla. Su destino es el desarraigo.
La fundación Ecominga tiene casi dos décadas trabajando con los habitantes de las dos poblaciones, especialmente en investigación científica. Algunos de sus miembros en el territorio son incluso guardabosques de esta organización que protege bosques nativos y crea pequeñas reservas naturales con ayuda de las comunidades de la zona. Muchos familiares de sus guardabosques están entre las familias afectadas.
Javier Robayo es el director ejecutivo y cuenta que el primer grupo de personas que su presidente, Lou Jost, conoció fue precisamente de El Placer, cultivadores de naranjilla que les gustaba explorar la montaña. Con este grupo empezó la relación con la zona de Baños, que Robayo define como uno de los sitios de mayor concentración de poblaciones de flora y fauna endémicas del planeta. A lo largo de los años, los habitantes incrementaron su interés y participación en las actividades de conservación ambiental. Esta relación se consolidó con 16 familias de la zona, para dar servicios y atención a los investigadores, estudiantes y exploradores de la montaña. Así, pasaron de cazar osos y pájaros a ser protectores de estas y otras especies.
Una toma del impacto del deslizamiento sobre las poblaciones. Videos: Andrés León. Cortesía Ecominga
La población de las zonas donde ocurrió el desastre, ha sido poco educada en el riesgo de vivir en las riberas del Pastaza en la vía Baños-Puyo. De vivir en un espacio donde el grado de inclinación de la montaña es muy grande. Robayo advierte que «en los últimos años el tema climático se ha ido acentuando, cambiando. Hace dos años tuvimos el primer desastre en el que se desplomó parte de la montaña que ahora se fue, hubo muertos, y fue la primera alerta para las personas que ahí viven. Pero luego del sepelio, la atención de las autoridades en materia de riesgo ha sido nula». En las reuniones con las nuevas autoridades locales que se generaron, el tema de riesgo estuvo ausente, nadie quería tratarlo. «Pusimos mucho énfasis con la Junta Parroquial de Río Verde en la necesidad de evaluar y atender los riesgos para esa población, en ver cómo observar y evaluar los ríos, los desplazamientos de la montaña, el avance de la deforestación, así como con Quillaturo y El Placer. El consultor que estuvo a cargo, cuenta Robayo, dijo que esos eran temas muy grandes y no había recursos para eso. «Ya estaba marcada una miopía a los problemas reales de estos sectores montañosos». Luego de tres años del proyecto, la WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grandes y respetadas del mundo y presente en más de 100 países, logró empujar que los GAD parroquiales se empiecen a preocupar de los riesgos en ese territorio.

La solidaridad activa de la población no se hizo esperar. En las fotos, volunatrios y miembros de la fundación ordenan la ayuda recibida, la cual es enviada directamente a los pobladores afectados. Fotos: Fundación Ecominga.

El viernes 14 de junio, dos días antes del desastre, estuvieron en Río Verde varias dignidades locales hablando de los riesgos. Pero esas charlas de prevención llegarían demasiado tarde para los muertos y afectados del deslizamiento del 16 de junio. En Baños, la mayoría de autoridades y habitantes recibió entrenamiento sobre los riesgos de avalanchas por la acción eruptiva del volcán Tungurahua. Toda la comunidad potencialmente afectada estaba comprometida con las acciones preventivas y reactivas en caso de emergencia. Pero 14 kilómetros más hacia el Oriente, no hubo ni hay ni siquiera la noción de los riesgos. Ni en Baños ni en otras ciudades había refugios adecuados, todo fue improvisado en ese momento, excepto el refugio de San Vicente.
Cuando las nubes suben desde la Amazonía hacia la montaña, desde Shell Mera, la primera barrera de montañas, las nubes entran de modo regular a los valles laterales, dejando humedad. Suben a la zona de la Vitagua, zona muy húmeda; siguen hacia la zona de Río Negro-Las Estancias, zona menos húmeda; siguen hacia Río Verde – El Placer, con menos humedad; luego suben a Río Blanco, con más escasa humedad y cuando llegan a Baños casi no hay humedad. Esta era un patrón climático de la zona: saber la cantidad uniforme de humedad que se iba depositando en cada uno de los pisos climáticos. Lo que pasa ahora es que las masas de nubes que llegan desde la Amazonía ingresan por una sola quebrada, y lo que llovía en una semana, llueve ahora en dos horas. Hay una sobresaturación de lluvia en sitios particulares y esto varía de forma irregular.
Lo que ocurrió en la zona de El Placer fue el resultado de un derrumbe anterior que no se consolidó por la excesiva humedad y la deforestación. Y la montaña se cayó. Las imágenes satelitales, proporcionada por The Explorers Club, y cedida a Plan V por Ecominga, no dejan lugar a las dudas.
Esta anarquía climática es parte de los cambios producidos por el cambio climático, y es la forma en que se expresa en las zonas montañosas. En la Costa, en cambio se presentan lluvias más intensas y sequías más largas. Pasa lo mismo en las montañas. Los investigadores en la zona no pueden prever el lugar ni la cantidad de lluvia que caerá de una semana a otra. Antes sí podían.
Lo que ocurrió en la zona de El Placer fue el resultado de un derrumbe anterior que no se consolidó por la excesiva humedad y la deforestación. Y la montaña se cayó. Las imágenes satelitales, proporcionada por The Explorers Club, y cedida a Plan V por Ecominga, no dejan lugar a las dudas. Estas imágines no las maneja ninguna institución de riesgo en el Ecuador. Las imágenes muestran una montaña cuarteada por los deslizamientos, la deforestación y muestran fisuras que puede convertirse en deslaves. La zona presenta ampliación de la frontera agrícula, un uso extensivo e intensivo del suelo enpendientes muy pronunciadas. Esto, más el impacto de los cambios erráticos en el clima son las causas centrales de este desastre. «El riesgo es inminente», dice Robayo a la luz de esas imágenes. Las autoridades del gobierno, con las imagenes satelitales que entregó la fundación, hicieron un polígono que declararon no habitable, pero este incluyó a Río Verde, y de acuerdo a los expertos es un error por ser demasiado amplio. El Placer y Quilloturo han desaparecido y las casas que quedaron en pie serán derrocadas.
Desplazados por el clima
Esa zona de riesgo no va a poder ser habitada. Eso significa un desplazamiento forzado de cientos de personas por efectos del clima. Quizá el primero como consecuencia directa del cambio climático en esa zona del Ecuador. «Estamos enfrentando el primer caso de desplazamiento climatológico de la Sierra Central», ratifica el experto ambiental. La ACNUR ha definido este impacto humano como una de las amenazas más grandes ahora y en el futuro. Significa que 600 personas tienen que irse a vivir a otro lado. Y eso corresponde a las autoridades locales, pero a esas familias les corresponde un cruce por el desierto hasta encontrar un sitio digno y adecuado para vivir. En eso, que es una medida técnica y administrativa, no cuenta el dolor humano: el abandono de sus hogares, de sus relaciones familiares y de fraternidad, el cambio radical de hábitos sociales, la búsqueda de un nuevo trabajo, de un nuevo sentido para vivir, la reconstrucción de su ahora destruido tejido social, esa red que uno va construyendo a lo largo de su vida y de generaciones y que se rompe de golpe para nunca volver a ser lo mismo.

Un habitante de El Placer posa junto a su mascota en la casa que se negaba a abandonar hasta hace poco, debido a la incertidumbre de tener un lugar donde vivir. Al fondo, el delizamiento de la montaña. Foto: Fundación Ecominga
Ese escenario no es aceptado por muchos. Además de que para reubicarse constaría a cada familia al menos unos 5000 dólares para una nueva vivienda, plata que no tienen, pues al abandonar sus pueblos, también abandonan la principal fuente de ingresos. Y por eso están retornando al sitio del derrumbe, «porque no tienen claridad, ni esperanza ni saben dónde irse», dice Robayo. Simplemente es un grupo de agricultores que nunca han vivdo en una ciudad, ni tampoco saben vivir —como vivimos en las ciudades— atomizados, el uno alejado del otro, sin noción alguna de comunidad. La gente de El Placer y Quillaturo forjaron esos lazos comunitarios por generaciones. Y buscan otras opciones de espacio vital por la misma zona. Hace pocos días estuvieron buscando tierra en Mera y hay un terreno grande que se había dispuesto por si era necesario reubicar a la gente de Penipe, afectada por la erupción del Tungurahua y que nunca se usó. Todos están conscientes y resignados a que no volverán jamás a sus pueblos. Las personas que no han salido a los albergues y se han quedado en la zona es porque no tienen otra opción y prefiere permanecer bajo el riesgo a sufrir privaciones, necesidades y hasta humillaciones afuera. Ya se cerró uno de los albergues y la gente regresó a El Placer. Pero prefieren la incertidumbre de la montaña a la incertidumbre de las autoridades que, según ellos, además de indolentes están buscando la manera de aprovecharse política y hasta económicamente de su desgracia.

Una imagen lateral de la montaña nuestra las grietas causadas por los deslizamientos de tierra y la deforestación, . Foto: Fundación Ecominga

Cruzar el río pone en peligro a los pobladores. Foto: Fundación Ecominga
«Nosotros no somos una organización de ayuda humanitaria, nunca lo hemos sido y no está en nuestra misión», dice Tatiana Jaramillo, miembro de Ecominga e investigadora candidata a PhD en Biología. Lo que hacemos, continúa, es comprar tierra y proteger el ecosistema y trabajan ahora en obtener fondos internacionales para conservar áreas delicadas y biodiversas. Ellos lo llaman «comprar tiempo para proteger los bosques». Las primeras reservas de la fundación fueron adquiridas hace casi dos décadas en la zona del desastre. En el cañón del Pastaza, dice la científica, hay un una biodiversidad impresionante. Es la zona de mayor concentración de especies endémicas de todo el Ecuador y quizá del mundo.
En la cuenca alta del río Pastaza (centro-este de Ecuador), entre Baños y Puyo, han establecido diez reservas que abarcan todas las elevaciones desde los 1100 m hasta los 3860 m. Cada una de estas reservas contiene especies únicas de plantas y animales endémicas de esta cuenca. La mayoría de estas reservas colindan con parques nacionales, que protegen hábitats de mayor elevación. El área total protegida es de unas 5000 hectáreas. También tienen reservas en la zona de Intag y en Carchi. La zona acoge a estudiantes e investigadores de varios países, para hacer investigación y observación de plantas, aves, mamíferos…
Sin embargo empezaron a pedir y recibir ayuda para los habitantes de la zona del deslave. Levantaron decenas de miles de dólares pero no lo consideran suficiente. La necesidad, lo plantean estos científicos, es crear una zona de emergencia para poder obtener mayores recursos. Ecominga ha recibido centenares de prendas de vestir, alimentos percibles, artículos sanitarios, medicina… pero junto quienes trabajan con la organización en la zona resolvieron distribuir la ayuda directamente, para evitar la inveterada constumbre de que autoridades o intermediarios se queden con el grueso de la ayuda o la destinen a otros fines que no sea reducir las penurias de las familias afectadas.
El municipio de Baños ha activado todos los mecanismos a apoyo, dice Robayo. Ahora se está trabajando para entregar a la gente un terreno que no esté lejos de sus sitios de trabajo en la zona de Baños. La gente ha respondido muy bien, la solidaridad de los ecuatorianos es rescatable por todos lados. Cuando recibieron la ayuda humanitaria tomó varios días lograr la coordinación entre las autoridades y los damnificados. El apoyo de la sociedad civil ha incluido entregar más de 5.000 dólares en combustible para que la maquinaria del Estado pueda funcionar en la zona del desastre. Pero el Estado es otra catástrofe. Al ministerio de Salud le tomó más de una semana al Ministerio de Salud Pública llegar a Baños con la brigada de atención médica y psicológica. «La gente común actúa más rápido y de manera más eficaz que el Estado», dice. La gente del Ministerio de Vivienda llegó a la zona, evaluó las casas en riesgo y dijo que volverían cuando las casas se caigan, denunció Robayo. «Esas son las cosas que a la gente le golpean», el que les digan como no la gente no tiene escrituras no se puede hacer nada por ayudarla. La gente no es víctima a la que hay que «ayudar» por parte del Estado, son ciudadanos ecuatorianos que merecen ser tratados con dignidad, que se escuche su dignidad, que se les hable con transparencia, que se les involucre donde se define su destino. El Comite de Emergencia se reunió sin los afectados, las autoridades no consideraron que los afectados tuvieran algo que decir respecto de sí mismos.
Este es un Manifiesto realizado por los pobladores organizados, sobre su condición luego del derrumbe de la montaña:
Manifiesto del desastre del deslave de Baños
Contexto geográfico y ambiental
El reciente deslave ocurrido entre las comunidades de El Placer y Quilloturo, en la región de Baños, Ecuador, es un trágico recordatorio de nuestra vulnerabilidad ante los desastres naturales exacerbados por el cambio climático. Situada en las estribaciones de los Andes y formando parte del corredor ecológico Llanganates-Sangay, esta área es reconocida por su altísima biodiversidad, albergando una variedad de especies endémicas y ecosistemas únicos.
Impacto del cambio climático
El cambio climático ha intensificado la frecuencia y severidad de eventos climáticos extremos en la región. Las lluvias torrenciales recientes, resultado del calentamiento global, han saturado los suelos, incrementando la susceptibilidad a deslaves. Estos desastres no solo amenazan vidas humanas sino que también destruyen hábitats cruciales para innumerables especies de flora y fauna, comprometiendo aún más la biodiversidad de la zona.
Migración climática
El término «migración climática», acuñado por ACNUR, se refiere al desplazamiento de personas debido a factores climáticos adversos. En el caso de Baños, el deslave ha forzado a muchas familias a abandonar sus hogares, enfrentándose a la incertidumbre y la pérdida. Sin embargo, un número significativo de residentes se niega a dejar sus casas, aferrándose a sus tierras y sus medios de vida tradicionales.
Resistencia de las comunidades
Las comunidades de El Placer y Quilloturo, a pesar de enfrentar esta tragedia, muestran una notable resiliencia. La mayoría de los residentes viven del cultivo de naranjilla, una fruta que no solo es su principal fuente de ingresos, sino también una parte esencial de su identidad cultural. Dejar sus tierras no es una opción viable para muchos, pues significa perder no solo su hogar, sino también su modo de vida y su conexión con la tierra que han cultivado por generaciones.
Llamado a la acción
Frente a esta crisis, hacemos un llamado urgente a las autoridades locales, nacionales e internacionales, así como a las organizaciones de la sociedad civil, para que:
1. Proporcionen apoyo inmediato: Se requiere asistencia humanitaria urgente para las familias afectadas, incluyendo albergue, alimentos y atención médica.
2. Implementen soluciones sostenibles: Es crucial desarrollar estrategias a largo plazo que aborden las causas subyacentes del cambio climático y la degradación ambiental en la región. Esto incluye la restauración de ecosistemas, la reforestación y la promoción de prácticas agrícolas sostenibles.
3. Fortalezcan la resiliencia comunitaria: Se deben crear programas que fortalezcan la capacidad de las comunidades para adaptarse a los cambios climáticos, proporcionando educación, recursos y apoyo técnico para diversificar sus fuentes de ingresos y mejorar las infraestructuras locales.
4. Promuevan la migración segura y voluntaria: Para aquellos que decidan migrar, es esencial asegurar que lo hagan de manera segura y voluntaria, con acceso a nuevas oportunidades económicas y sociales en sus destinos.
Conclusión
El deslave entre El Placer y Quilloturo no es solo un desastre natural; es un llamado a la acción para abordar los efectos del cambio climático y proteger a las comunidades vulnerables. Debemos unirnos en solidaridad para ofrecer apoyo inmediato y trabajar hacia soluciones sostenibles que aseguren un futuro resiliente para estas comunidades y su entorno natural.
La preservación de la biodiversidad, la seguridad de las personas y la sostenibilidad de sus medios de vida son responsabilidades compartidas que no podemos ignorar. Este manifiesto es un llamado a la acción, a la cooperación y a la compasión en tiempos de crisis.
Habitantes de El Placer y Quilloturo

