Aunque cuando los objetivos de equilibrio fiscal y de la tan ansiada reactivación económica podrían llegar a ser considerados mutuamente excluyentes, la necesidad de un ajuste fiscal no se encuentra en discusión como un elemento imprescindible de cualquier estrategia de política económica para el Ecuador. En lo que podemos discrepar es en la velocidad y el tipo del ajuste requerido, en tanto la vieja discusión de los ajustes de shock versus ajustes graduales todavía no está zanjada y ciertamente no se ha alcanzado un consenso importante.
Por lo tanto, qué mejor indicador que el riesgo país para medir el efecto impacto y la confianza que tienen los agentes económicos en el programa macroeconómico del presidente Lenin Moreno, como una especie de termómetro de la economía alejado de cualquier rasgo ideológico o tinte político, en tanto evidencia la percepción de los acreedores sobre la capacidad de pago que tendría el Ecuador y los riesgos de una inversión económica debido a factores específicos y comunes al país.
En este sentido, el aumento del indicador de riesgo país desde los 603 puntos base alcanzados el 31 de julio de 2018 a 735 puntos base al 31 de agosto de este mismo año (incremento de 1.32%), evidencia que los temores de default de la deuda no se han reducido, si acaso más bien se han incrementado ligeramente después de las medidas económicas propuestas por el Gobierno.
Este mayor temor de los acreedores me parece que se fundamenta no tanto en la persistencia del déficit fiscal primario y la razón de la deuda producto que no han cambiado en el último mes, si acaso ha mejorado la proyección del primer indicador del 7 – 8% del producto al 4-5% del producto con estas medidas, sino en las expectativas de que el Gobierno no pueda cumplir con las metas fiscales propuestas y la falta de voluntad política para ir más rápido en la reducción del gasto público.
La explicación para ello quizás no la encontremos en factores económicos propiamente dichos, sino como consecuencia de esa propaganda fascinerosa y goebbeliana del Gobierno anterior de la lucha de clases y de que los ajustes económicos son malos y perversos y que vienen de las mentes retorcidas de la derecha y el satanizado Fondo Monetario Internacional que han hecho calentar las calles “solamente” con el incremento de la gasolina super y les hacen especular sobre cómo será la reacción de la gente cuando se busque eliminar los otros subsidios, que son mucho más sensibles socialmente hablando o se quiera avanzar en una reducción más drástica del gasto público, todo lo cual representa un serio riesgo de viabilidad política del programa económico, que es uno de los peores legados que nos dejó la revolución ciudadana.
Una vez advertida la causa más importante del pesimismo de los acreedores reflejado en la tasa de riesgo país, es importante que el Gobierno, más allá de que se comprometa a profundizar el ajuste fiscal, en lo político debe alcanzar una concertación con partidos políticos, universidades, centrales sindicales, gremiales respecto de reglas fiscales de sostenibilidad de las finanzas públicas para nunca más regresar a las políticas económicas populistas.
