viernes, noviembre 6, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

No Trump, no KKK, no fascist USA

Donald Trump, siguiendo su narcisismo libertario, dijo a los norteamericanos: “Vayan a votar como si yo estuviese en la papeleta” y la gente le hizo caso.

 

No Trump, no KKK, no fascist USA. 

Green day

Cuando se inició la fallida invasión de Estados Unidos a Irán, hace diez meses, Trump prometió cambiar el gobierno de Teherán en tres semanas. Después de las elecciones del dos de noviembre, ha sido Irán quien ha causado la debacle política del líder republicano. Las elecciones fueron un grito estremecedor, no solo del pueblo norteamericano sino también de la comunidad internacional: NO más fascismo.

Las midterms del pasado domingo, superaron cualquier predicción optimista del partido demócrata porque los resultados cambian radicalmente el mapa político de Estados Unidos: 255 demócratas frente a 157 republicanos en la Cámara de Representantes (faltando por definir 23 escaños); y 54 demócratas frente a 44 republicanos en el Senado (faltando dos escaños por definir). Tsunami azul, pesadilla de la extrema derecha, giro copernicano en la política mundial. Trump, siguiendo su narcisismo libertario dijo a los norteamericanos: “Vayan a votar como si yo estuviese en la papeleta”, la gente le hizo caso.

Donald Trump, este momento es el presidente estadounidense con los índices de aprobación más bajos desde Harry Truman en 1946. Apenas el 33% lo aprueba, mientras el 65% lo rechaza. El factor decisivo fue el fracaso militar, político y económico en la guerra de Irán: más de setecientas víctimas norteamericanas, aumento exponencial de precios del petróleo, fortalecimiento del régimen de los Ayatolás y cierre del estrecho de Ormuz.

El incremento drástico en los precios del petróleo por el cierre de Ormuz provocó el encarecimiento de la gasolina, el diésel y los productos de primera necesidad. Trump no ha cumplido con ninguna de sus ofertas de campaña porque prometió disminuir gastos militares y dejar de intervenir en otros países.

Además de ocultar los archivos Epstein, han sido evidentes los nexos de la familia Trump con mafias políticas de saudíes, rusos y príncipes de Emiratos Árabes. El yerno de Trump recibió, según CNN y Mathew Cole, dos mil millones de dólares de Mohamed bin Salmán y Mohamed bin Zayed para que Trump favorezca con contratos a los gobiernos de Arabia Saudita y a Emiratos Árabes. La cereza en el pastel: las empresas de los dos hijos de Donald Trump, según ABC, han recibido más de 6000 millones de dólares en contratos federales, obviamente resulta innegable el tráfico de influencia. Incluso el diario conservador Wall Street Journal le ha dicho a la familia Trump: “mejor consigan un buen abogado.”

Trump, señala New York Times: “En un período de 21 meses ha causado más daño a la democracia y al Estado de derecho que cualquier otro presidente en la era moderna y quizá, desde hace más tiempo.” Según el prestigioso diario norteamericano, los ejemplos del deterioro de la democracia en USA abundan: uso indebido de las leyes de seguridad nacional con fines políticos, utilización de la justicia como instrumento de represalia contra adversarios políticos, desmantelamiento del sistema de derechos que protege a los más vulnerables y enriquecimiento fraudulento de su familia.

La indignación volcánica del pueblo norteamericano derrotó a las élites de tecnoligarcas que con sus plataformas digitales han intervenido en las decisiones políticas de decenas de países donde distorsionan la realidad utilizando inteligencia artificial y alteración de algoritmos. La victoria demócrata es más épica porque la ciudadanía se movilizó en contra de los republicanos quienes se sentían dueños de la verdad alimentados por la lógica maquiavélica de las corporaciones algorítmicas. Pudo más la estrategia y la movilización ciudadana que Zuckerberg, Musk, Thiel y Bezzos.

Fascismo, sionismo, racismo, islamofobia y xenofobia han sido enfrentados por valores democráticos que aspiran a una democracia más participativa y menos elitista. La extrema derecha no puede seguir gobernando países generando más odio a la otredad. El efecto domino se ha iniciado: el criminal de guerra Netanyahu está a un paso de perder todo el poder político en Israel. Irán y Palestina recibieron una bocanada de esperanza para que se detenga el genocidio en Gaza y la invasión a Irán. Las multitudinarias movilizaciones de jóvenes de todas partes del mundo tuvieron eco el dos de noviembre en las elecciones norteamericanas.

The New York Times, The Washington Post, Boston Globe, tomaron posiciones muy críticas en contra de Trump, fueron consecuentes con el sentido común y la racionalidad, enfrentaron el despotismo dejando claro el peligro inminente de que el presidente republicano se convierta en un dictador. Se opusieron al gigantesco poder de Trump, sin ambages ni titubeos. Esto es algo que, en los últimos dos años, ha sido imposible ver en Ecuador donde la prensa ha sido silenciada o comprada. Las millonarias cifras que el gobierno de Noboa destina a propaganda y pauta en los mass media y en las redes sociales termina siendo una bofetada a los sectores más desprotegidos de nuestro país.

Respecto a Latinoamérica, quedaron sin su padrino mafioso: Milei, De la Espriella, Fujimori, Kast, Bukele y el inefable Daniel Noboa. La repercusión de la abrumadora victoria demócrata en la región fue inmediata porque en Paraguay, el presidente de extrema derecha Santiago Peña, renunció después de decretar un feriado bancario que afectó a más de tres millones de clientes del banco Ueno. El libertario Peña, según Xavier Milei, era un ejemplo de modelo económico a seguir.

La jornada del dos de noviembre en Estados Unidos representa un renacimiento político de la primera potencia mundial, es una puerta abierta a alcanzar un mundo menos distópico y con más posibilidades para el respeto a los derechos humanos. Gracias pueblo norteamericano. La oleada del progresismo y la izquierda se ha iniciado.

 

 

 

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias