miércoles, junio 17, 2026
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Juan Cuvi

Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

Vuelve el fantasma

El oficialismo y el correísmo se han enfrascado en una pelea callejera que evade el debate sobre los principales problemas del país. Únicamente se sacan los cueros al sol a partir de las mutuas acusaciones sobre las ilegalidades electorales cometidas por ambas tiendas políticas.

Si alguien todavía tiene dudas respecto del profundo deterioro del sistema político ecuatoriano, debe revisar las últimas encuestas sobre intención de voto. Por primera vez en nuestra historia electoral, los indecisos crecen mientras se acerca la cita con las urnas. En buen romance, los votantes se van decepcionando a medida que la denominada clase política convierte al proceso en un circo de mala factura.

Si se considera que de la decepción a la abstención o al voto nulo media un pequeño paso, es posible anticipar que las elecciones de 2025 pueden ahondar aún más la crisis del modelo de representación. Ya en 2021 el batacazo del voto nulo dejó medio groguis a los representantes de la vieja política. El pacto entre Lasso, Nebot y Correa para propiciar el fraude que excluyó a Yaku Pérez de la segunda vuelta se tradujo en un voto nulo inédito en nuestra atribulada trayectoria electoral: más del 16% de los electores se decantaron por esta opción.

Si el voto no fuera obligatorio y si no existiera prohibición para hacer campaña por el voto nulo, las cifras serían lapidarias. Con una diferencia categórica entre ambas posibilidades: la abstención puede considerarse como una suerte de indiferencia o abulia frente a los procesos electorales, mientras que el voto nulo es una clara posición de rechazo. En el ejemplo de la segunda vuelta de 2021 hubo un frontal cuestionamiento al fraude en contra del candidato del movimiento indígena.

No obstante, la desafección ciudadana con la política no se concentra únicamente en el sistema electoral. La indiferencia y la impavidez con la que el pueblo contempla el desbarajuste institucional al que nos han conducido las élites políticas del país evidencian una crisis más grave. Definitivamente, el viejo modelo liberal da signos de un agotamiento irreversible. Y no se ven ni rutas ni signos de renovación.

Que no existan protestas masivas por las irregularidades que cometen las dos principales fuerzas políticas del momento ahonda el desprestigio de la democracia ecuatoriana. El oficialismo y el correísmo se han enfrascado en una pelea callejera que evade el debate sobre los principales problemas del país. Únicamente se sacan los cueros al sol a partir de las mutuas acusaciones sobre las ilegalidades electorales cometidas por ambas tiendas políticas.

Mientras la candidatura del gobierno ha decidido atropellar las normas constitucionales en cuanto se refiere a la solicitud de licencia y al encargo de la Presidencia a la vicepresidenta elegida en las urnas, la candidatura del correísmo anticipa que, de ganar las próximas elecciones, atropellarán las decisiones judiciales a fin de conseguir la impunidad para sus dirigentes prófugos, sentenciados o procesados por actos de corrupción.

Por eso, precisamente, el voto nulo reaparece como un fantasma en cada proceso electoral. Porque constituye la única forma de interpelar a unas élites cada vez más enajenadas de la realidad.

Enero 10, 2025

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