Vamos a cumplir, vamos a trabajar sin amenazar, sin imponer. Anabella Azín, madre de Daniel Noboa y asambleísta de ADN
Ayer iba a reunirme con tres amigos en una cafetería: un publicista, un músico y otro escritor. Al ver la noticia del nuevo Estado de excepción que incluía la prohibición de reuniones en sitios públicos y con los antecedentes sobre la represión descontrolada del actual gobierno preferimos cancelar la tertulia. Cuando la madre del presidente dijo que se respiraba algo maravilloso en Ecuador, supongo que no se refería a tenernos aterrados en nuestros domicilios. ¿O a lo mejor sí? Porque un pueblo que siente miedo y que solo se informa con noticias de corporaciones mediáticas afines al régimen termina siendo una masa domesticada que no incomoda al poder.
El video que capta el cobarde asesinato al artesano kichwa, Efraín Fuerez, se ha viralizado a escala internacional. Actualmente, para el mundo civilizado, no vivimos en la sociedad idílica de Anabella Azín, lo real es que hemos regresado a la época de las tanquetas y los crímenes de Estado que se vivieron en los setenta, especialmente en el cono sur. No tenemos a Pinochet ni a Videla, pero tenemos a Daniel Noboa, que día a día, desde su autoritarismo criollo pisotea derechos constitucionales y reprime a los más vulnerables calificándolos de terroristas. Una indígena de la tercera edad que recibe dos toletazos en el rostro por intentar rescatar a un comunero capturado por la policía ya es vista como terrorista.
Me dirán que exagero, que soy correísta, yo les invito a que observen lo sucedido con Efraín Fuerez. Miren la parte donde aparecen las dos tanquetas y bajan los seis soldados con chalecos y fusiles. Fíjense la saña y crueldad con la que patean a dos personas totalmente indefensas, una de ellas todavía está aferrándose a la vida, el otro comunero intenta proteger a Efraín mientras sigue recibiendo culatazos. Obviamente esto es un crimen de Estado, se va en contra de todos los convenios internacionales en materia de derechos humanos. En serio, ¿esto entiende usted por convoy humanitario, señor Noboa? ¿Quiénes son los terroristas?
Al final del video las tanquetas se van disparando gases lacrimógenos y regresan los comuneros a rescatar a sus compañeros que yacen tendidos en el pavimento. Se acercan con sus gorras y bufandas de lana, uno de ellos está protegido por un escudo rojo improvisado, que es una señal de tránsito que dice PARE, otro lleva un escudo de lata. Logran levantar al amigo de Efraín y constatan que Fuerez todavía respira, pero se desangra después de recibir tres balazos por la espalda.
¿Quién asesinó al comunero de Cuicocha-Iguitgzala? ¿Fue el ejército? Absolutamente, porque si revisan toda la escena, primero ven a un grupo de comuneros que corren al escuchar disparos de bala. Luego, cae Efraín mortalmente herido, otro grita a los soldados: “malditos soldados que apuntan sus armas al pueblo”. Cinco de los campesinos intentan reanimar a Fuerez, en ese momento se escuchan más disparos de fusil y llegan las dos tanquetas del ejército. Allí se inicia la escena patibularia que nos ha indignado a todos los que creemos en la democracia y en el derecho a la desobediencia civil y a la protesta social.
Para colmo, mientras el ejército reprimía cobardemente al pueblo, el presidente, a través de una de las leyes enviadas a la asamblea, logró rebajar la deuda de la Corporación Noboa de 95 a 6 millones de dólares. Ha utilizado varios artilugios para que, de la noche a la mañana, su familia deje de ser deudora del Estado. Lo más decadente fue el nombramiento a una excontadora, de una de las empresas bananeras de Noboa, como directora del SRI. Y claro, los mass media no han dicho ni una sola palabra sobre este nuevo abuso de poder del magnate bananero. Solo han centrado su narrativa en repetir el sonsonete de que los indígenas son subversivos y que quieren invadir Quito. Quito ya es una ciudad multiétnica, donde todos somos un híbrido entre indígenas, cholos, negros y blancos.
Además, Noboa está utilizando de manera grotesca a la justicia para perseguir a comuneros y manifestantes que se oponen al decreto 126 y a la explotación minera en áreas protegidas. Por ello, la fiscalía ha acusado a gente totalmente inocente de diferentes cargos. Todo forjado y turbio porque el 98% de los imputados no tienen antecedentes penales. No puedo dejar de mencionar a mi gran amigo Jacobo Corral, brillante economista, quien hoy es perseguido por el gobierno simplemente por oponerse a las corporaciones mineras y apoyar a los comuneros en sus protestas. La fiscalía acusa a Jaco de enriquecimiento ilícito. La única propiedad privada del Jaco es su bicicleta, además renta una pequeña casa en Vilcabamba por la que paga 120 dólares mensuales. Indignante.
En un video en el que aparece un militar dirigiéndose a un grupo de comuneros, el oficial de la milicia dice que se sintió atónito por una respuesta de un campesino quien, frente al reclamo del militar por tener el pelo largo, y de si no sentía vergüenza por llevar guango, recibió una respuesta contundente: no, yo vivo orgulloso, soy indio otavalo. Tú, ¿quién eres? Para el oficial, la pregunta fue una cachetada, porque mientras los comuneros sabían quiénes eran, en cambio los soldados no tenían ni una peregrina idea de sus raíces, ni de lo que estaban haciendo al asesinar a personas humildes y desarmadas.
El militar, un hombre mestizo de mediana estatura, forma parte de un ejército donde sus integrantes viven en una permanente contradicción porque no saben étnicamente quiénes son, ni a quiénes representan. Lamentablemente, él es el retrato de una clase media advenediza, impostada y sin raíces. Tenemos una frágil clase media que rechaza su pasado indígena, por ello sus comentarios despectivos frente a los comuneros al tildarlos de “indios vagos que no dejan trabajar”, en fin. Esta clase media blanqueada, cada vez más endeudada y con más ínfulas conservadoras, vive dentro de un simulacro total, y al igual que el oficial del ejército, no saben quiénes son. Resulta vomitivo verlos fingir su empatía y vocabulario autóctono cuando en la frutería dicen a la casera, veci dará la yapa.
La lucha de clases pervive, ha ido mutando, ya no es binaria porque el proletariado industrial no llega al 20% de los trabajadores. Ahora la mayoría de los obreros se encuentra en el sector de servicios. Por ello, tenemos nuevos proletarios que trabajan para plataformas digitales, servicios de telefonía móvil, bancos, financieras, aseguradoras y ministerios. Curiosamente los proletarios que trabajan en este sector, en su mayoría, no se consideran proletarios, sino emprendedores, Marx diría que simplemente son desclasados.
Menos mal que académicos, cineastas, teatreros, ecologistas, feministas y ciudadanos libres, no han cedido frente al despotismo de Noboa y su juego sistemático para gobernar sembrando miedo. El único enemigo de Noboa, no son los indígenas, ni siquiera los narcos, con los que sí dialoga. El único enemigo de Noboa es Daniel Noboa, un gobernante mentiroso, epígono de Trump, que no tiene la menor idea de lo que es Ecuador.
