sábado, abril 25, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Prometeo encadenado en el Siglo XXI

La metáfora de Prometeo, castigado por Zeus por rescatar el fuego para la humanidad, se repite. Somos prometeos debilitados, porque cuando nuestras heridas cicatrizan nuevamente aparecen rapiñas que se alimentan de nuestro hígado.

Margaret Thatcher tenía claro que más importante que controlar mercados era controlar almas. El neoliberalismo comprendió la lógica del funcionamiento de las subjetividades. El poder de los Estados va más allá de lo económico, entra en la órbita psicológica y existencial. Allí se expande con facilidad cualquier tipo de explotación laboral porque cada individuo se explota a sí mismo como parte de su lucha cotidiana por superarse. Byung Chul Han, en La sociedad del cansancio, entiende el discurso de la autosuperación como el de la autoexplotación. El resultado de este modelo psicosocial es terrible: vivimos en sociedades repletas de individuos acelerados y egoístas que intentan competir a como dé lugar.

La metáfora de Prometeo, castigado por Zeus por rescatar el fuego para la humanidad, se repite. Somos prometeos debilitados a diario porque cuando nuestras heridas cicatrizan nuevamente aparecen rapiñas que se alimentan de nuestro hígado. Esta alegoría sobre el castigo sistemático se repite en el capitalismo, donde el suplicio consiste en generar debilidad permanente. El ser humano posmoderno termina juzgándose y castigándose por no ser exitoso debido a su falta de espíritu competitivo. Según Byung Chul Han, a diario, nosotros mismos desgarramos nuestras vísceras poniéndonos metas inalcanzables desde un positivismo extremo.

Ecuador, está viviendo una etapa de recesión económica y de violencia ascendente, esto ha provocado una sensación de fragilidad y paranoia social. Lo contradictorio es que, en época de crisis, un sector considerable de la población ha decidido pensar no desde las causas históricas, políticas y económicas. Se trata de un segmento, algo letrado, que prefiere desentenderse de la realidad y del conflicto. Según este conglomerado basta con tener una actitud más positiva y de permanente autosuperación para solucionar cualquier problema. Si damos una vuelta por una librería nos daremos cuenta de que las secciones de autoayuda, marketing y autosuperación están abarrotadas de libros sobre estos temas. Parecería que lo histórico, antropológico, cultural, político y psicológico están dejando de tener importancia porque las búsquedas fundamentales están centradas en encontrar fórmulas para emprender, enriquecerse y alcanzar paz interior en medio del caos. Podríamos hablar de un nuevo tipo de escapismo colectivo frente a la adversidad.

Obviamente, los medios de comunicación entienden esta pandemia intelectual y prefieren alimentar a la gente con programas de farándula y reality shows. La estrategia comunicacional globalizada es crear masas apolíticas preocupadas en el “desarrollo personal”, que aceptan cualquier política de austeridad y exclusión económica. El pueblo se aleja del debate político y decide repetir el sonsonete: “todos roban y no creo en la política porque todos son iguales”. Claro, la fórmula es sencilla: creo un dogma y me desentiendo de mi rol como ciudadano. Simplemente me ubico como un ente neutral que prescinde de cualquier análisis histórico y sociológico. Paradójicamente, se profundizan los conflictos sociales: aporofobia, racismo, xenofobia, misoginia y extractivismo. La ciudadanía se resguarda dentro de sus burbujas de Instagram, Tiktok, Tinder y Facebook, donde se siente cómoda, divertida y autosuficiente. Apocalíptico, pero demasiado real.

Esta visión pasiva podría parecerse a una postura epojé o de suspensión de juicio frente a la realidad. No juzgar ni oponerme porque no puedo cambiar la realidad, ver la tragedia como un espectáculo, tomar una foto del caos y comentarlo en mi círculo social. Nunca tomar una postura antiestablishment, siempre defender el statu quo como una forma de racionalidad que fomenta la autosuperación. El sistema político no tiene las respuestas, todo depende de tu capacidad para “gestionar” tus miedos y enfrentar nuevos desafíos, “reinventarse” … La lista de muletillas para el alma es gigantesca.

En fin, mientras las clases populares y medias sobrevivan enajenadas dentro de sus burbujas digitales o en sus búsquedas de autosuperación, sin mirar directamente a los ojos del poder, las cosas seguirán mal. La clase media blanqueada, aquella que desprecia su condición mestiza, y vive en una permanente evasión de su realidad como grupo explotado es el principal aliado de un sistema distópico. Paradójicamente, esta es la clase social que surgió con el liberalismo de Alfaro, Ayora, Rodríguez Lara y Roldós. Hoy la clase media más pauperizada sigue defendiendo a las élites económicas más ineptas y corruptas. Lo hace solamente para sentirse menos indígena o chola, es un negacionismo étnico desclasado.

Coincide que justo en esta época de alienación colectiva, la oligarquía gobernante aprovecha la coyuntura para evadir impuestos y acumular más poder porque perciben que no existen contrapesos. La sociedad del cansancio, de la que habla Byung Chul Han, se reproduce en Latinoamérica con el mismo dramatismo de la alegoría de Prometeo porque los individuos terminan autoflagelándose con sus dogmas de positivismo extremo y autosuperación. Despolitizarse en pleno siglo XXI, el siglo de pandemias y abismos económicos termina siendo un suicidio político para el pueblo, es la muerte de la democracia.

 

Nuevas columnas

Más leídas

Más historias