martes, julio 7, 2026
Ideas
Consuelo Albornoz Tinajero

Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

La selección ecuatoriana de fútbol y la cultura nacional

Solo por la vivencia de la victoria contra Alemania, creo que valió la pena la experiencia de esta selección en esta Copa Mundial. Porque nos dio esperanzas, alegrías y más orgullo de ser ecuatorianos.

La participación de la selección ecuatoriana de fútbol en el campeonato mundial fue una ventana para avizorar aspectos particulares de la ecuatorianidad: algunos identitarios o culturalmente arraigados. Y varios no tan agradables.

Los resultados que consiguió la selección mostraron la facilidad para transitar del absoluto apego a la vituperación extrema por parte de la hinchada. Este cambio de mirada a la Tri fue especialmente notorio luego de su empate con Curaçao y el posterior triunfo frente a un equipo poderoso como Alemania. ¿Que la pasión propia del fútbol explica este comportamiento…? ¡Claro que puede ser!

No obstante, aprecio que ello está relacionado con la dificultad del ecuatoriano medio para reconocer con comodidad los procesos. Estos implican medianos y largos plazos, esfuerzos continuos y constantes, aceptar la incertidumbre y olvidarse de las fantasías de que todo funciona con la instantaneidad del clic en un dispositivo digital. Los procesos, como muchos conocemos, implican avances, retrocesos y empantanamientos. No existe el mejoramiento absoluto. Tampoco el retroceso total.  Hay progresos y hay repliegues.  Es una vía imperfecta, con altibajos. Y necesita de aguante y confianza.

La antipatía hacia los procesos puede acercarse al facilismo, un rasgo extendido entre amplios grupos de ecuatorianos. Esperamos transformaciones por magia, porque las deseamos y sin gota de esfuerzo. “El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo” es una frase tan repetida para denigrar a quien lucha, trabaja con denuedo, y a veces sin recompensa inmediata a la vista. Invisibilizar los procesos impide reconocer los adelantos que, incluso cuando son pequeños, son importantes. Y no alegrarse por estos detalles niega la celebración de los cambios progresivos y hasta puede desalentarlos o minusvalorarlos. La impaciencia, la necesidad de una victoria rápida, segura y fácil no son los mejores ingredientes para triunfar, mantenerse y consolidarse. Recordemos cómo es el desarrollo de los bebés: diario, permanente y de a poquito.

Otro rasgo complicado y presente entre los ecuatorianos es el de la desconfianza. Sin esta condición es muy difícil conformar un equipo. Toda agrupación requiere confianza mutua, capacidad de ceder y generosidad.  Pero a veces se infiltra la envidia y generar ilusión se dificulta.  El fútbol es un deporte que exige no solo los esfuerzos individuales y la búsqueda de lucimiento, sino el aporte de los jugadores en función de un objetivo común: lograr un resultado positivo. Los mayores logros deportivos en nuestra tierra hemos disfrutado en aquellas disciplinas individuales: marcha, ciclismo, boxeo, levantamiento de pesas, natación, entre otras. Pocas han sido las glorias deportivas en competencias colectivas.

Regreso a la Tri. Los futbolistas que trabajan en clubes extranjeros de enorme prestigio y palmarés, a la final son emigrantes. Dejaron su patria porque desde fuera reconocieron sus capacidades y los enrolaron en esos clubes. Guardan algún parecido con los emigrantes que salen de Ecuador en busca de oportunidades. Y tal como los emigrantes, no pocas veces son incomprendidos. “Nadie es profeta en su tierra” es otro dicho que viene a colación con esta realidad. Pues como los emigrantes que son evaluados sobre todo por las remesas que envían a su país (7.729 millones de dólares, es decir el 6 por ciento del PIB en 2025), los jugadores lo son cuando acarrean éxitos deportivos: goles en el caso del fútbol. Y aunque muchos ecuatorianos se sienten orgullos de que varios seleccionados sean figuras en clubes de primera línea mundial, otros ya los comienzan a reprochar y a dudar de estos valores. Complicado, ¿verdad?

La Tri, como la llamamos con afecto, en este junio de 2026 nos ofreció una ocasión de disfrutar de algo que nunca antes habíamos sentido en este deporte: ganar a un grande del fútbol global y experimentar una alegría para mí al menos desconocida. Solo por esta vivencia creo que valió la pena la experiencia de esta selección. Porque nos dio esperanzas, alegrías y más orgullo de ser ecuatorianos. Y volvió realidad aquello del “si se puede”. Nuestro reto: que este “si se puede” se aplique a otros ámbitos de la vida nacional.

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