sábado, mayo 9, 2026
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Alexis Oviedo

Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

La presidenta

Una candidata con sólida trayectoria profesional y de servicio puede ganar muchos votos. No la candidata Luisa González, sin un desarrollo propio antes de ser construida desde la nominación, una funcionaria pública cuestionada, una asambleísta mediocre, que tiene como única ventaja (y desventaja) ser correísta pura y dura y ser ciegamente obsecuente con su caudillo.

Termina la mitad del 2024 y se acerca la elección del 9 de febrero del 2025. En la derecha algunos nombres han anunciado que no participarán y parece que esta tendencia se decanta en la reelección a Noboa, quien desde su característica ambigüedad no anuncia con claridad su participación y a pesar de que cae en las encuestas, lanza golpes mediáticos para mantener con él a ese segmento que le dio el paso a la segunda vuelta en el año 23. Daniel Noboa se sirve, quizás sin saberlo, de las tesis que en el lejano 1967 nos compartió Guy Debord, en su Sociedad del espectáculo y actúa desde las representaciones y el relacionamiento social mediatizado por imágenes (Debord dixit). Comunicación política efectiva para un segmento que no se preocupa de planes de gobierno, de adscripciones ideológicas, pero que sigue la amplia dimensión del concepto “diversión” en las redes sociales que potencian el más variado esparcimiento.

El voto de la población joven ha sido decidor en las contiendas recientes y lo seguirá siendo y así como hay jóvenes que se identifican con su joven presidente Noboa, otros también urbanos y de sectores económicos bajos se identifican con Leónidas Iza, el candidato de los pueblos y nacionalidades indígenas, desde otro tipo de comunicación. Iza plantea que está abierto a las alianzas, pero no aceptan su propuesta ni siquiera las izquierdas, su natural aliado, que tienen candidatos propios (Pedro Granja del Partido Socialista y Jorge Escala de Unidad Popular), en tanto que Correa de inmediato cerró toda posibilidad de unidad y como no podía ser de otra manera, Luisa González lo refrendó. Con ello, Iza aún no acumula lo suficiente.

El correismo parece seguir apostando por Luisa González y sobre todo a “la aceleración de las contradicciones”, como se llamó en el argot zurdo de los años 70 al crecimiento imparable de la crisis, ahora generalizada desde el año 2018. Correa cree que la gente votará por su “delfina”, dadas la inseguridad y la violencia sin respuestas, la mensual subida del desempleo, un IVA del 15% que no dinamiza la economía y no recauda lo esperado. Cree que votarán “todo 5” por la subida de los precios de la gasolina… Pero, lo que pasó volverá a pasar: perderá otra vez en la segunda vuelta.

Poniendo a un lado al presidente candidato, se tendría en la contienda a un indígena y a una mujer.  Dada la estructura colonial y racista de este país, y sin presencia en la costa, difícilmente Iza tendrá una votación mayoritaria. En una Latinoamérica con varias mujeres en la primera magistratura y valorado cada vez más, el rol que juegan las mujeres en la sociedad y en la política, una presidenta es posible. Una candidata con sólida trayectoria profesional y de servicio puede ganar muchos votos. No la candidata Luisa González, sin un desarrollo propio antes de ser construida desde la nominación, una funcionaria pública cuestionada, una asambleísta mediocre, quien tiene como única ventaja y (desventaja) ser correísta pura y dura y ser ciegamente obsecuente con su caudillo. 

En Ecuador hay más posibilidades de que llegue a la presidencia una mujer que un indígena. Un país con tanta o más historia de machismo que Ecuador, acaba de elegir a una mujer, la primera doctora en ingeniería de la energía de la UNAM, posdoctorado de cuatro años en Berkeley y amplias investigaciones entre energía y cambio climático. Una científica de las ciencias “duras” con amplia experiencia en el sector ambiental que desde muy joven fue dirigente estudiantil universitaria. Una académica que ejerció diversos cargos de servicio público, entre estos, secretaria de medio ambiente de la capital de su país y jefa de gobierno de esa ciudad. Pero que no perdió de vista en sus accionar la justicia social y el cumplimiento de la obra pública. Ella es Claudia Sheinbaum Pardo, la nueva presidente de México, no es una candidata construida que responde ciegamente a López Obrador. Sheinbaum se construyó a sí misma entre la academia y el servicio público.

Precisamente una candidatura de ese estilo puede marcar un nuevo estilo de política en este país. Sí hay perfiles de ese talante, intelectuales, profesionales, académicas y científicas que han demostrado capacidades en el servicio público, muchas de ellas en la misma administración correísta, pero sin manchas de corrupción. Quizás hay pocas directamente vinculadas al quehacer político partidario tradicional, pero que han levantado su voz ante la arremetida neoliberal y se han desmarcado de procesos conservadores. Hay ecuatorianas capaces de ser buenas presidentas sin seguir recetas neoliberales y una candidata de esas características sería una outsider que patee el tablero de los mismos de siempre: de esa derecha neoliberal desgastada, de esa izquierda marginal y fragmentada que no sintoniza con la gente y ese correismo que sigue apostando a ser hegemonía y es ciego al caudillo totalitario. Una ecuatoriana que comparta ciertas las características de la mexicana Claudia Sheinbaum, sería una buena presidenta del Ecuador.

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