Resulta que los problemas de los apagones en el país ya no se deben a la presencia de una traviesa zarigüeya en una de las subestaciones eléctricas o a la decisión de dejar en la oscuridad a ciudades con el justificativo de la desconexión programada a propósito de la ejecución de acciones de seguridad. No. Ahora el oficialismo esgrime una narrativa hollywoodense, ensayando una idea al menos no tan abyecta como lo fue lo del sabotaje, pero al final igual de inverosímil, al decir que una tormenta solar, que es un fenómeno geomagnético inusual para los países ubicados en la línea ecuatorial, es lo que explica las fallas en el sistema eléctrico y que obliga a una parte de los ecuatorianos a utilizar velas, volviéndonos de un momento a otro a la época medieval, muy propia de una república bananera.
Igual cosa ocurre cuando se anuncia, desde el gobierno, que la economía doméstica ha crecido durante el año 2025, creando un espejismo de bonanza y de expansión sostenida, sin ahondar que esa variación se explica por el efecto rebote al comparar las cifras con un periodo caracterizado por la recesión y el desplome del Producto Interno Bruto (PIB) en 2% durante el 2024. Tampoco se pone énfasis en que son los migrantes los que han aportado con el 5,9% del PIB y con ello sostienen, en buena medida, a través de las remesas, el consumo interno, dinamizando la demanda agregada.
Y es que basta voltear la mirada al mercado laboral para dimensionar la falta de coherencia en el discurso oficialista y regresarnos de golpe a la realidad. Con cifras que proporciona el propio INEC se evidencia que, a marzo de 2026, el empleo adecuado, comparado con marzo de 2025, se redujo en 186.242 personas, es decir, tuvo una contracción de 2,1%, al pasar de 34,2% a 32,1%. Valga recordar que el empleo pleno hace referencia a trabajadores que perciben ingresos iguales o superiores al salario mínimo y laboran igual o más de 40 horas semanales.
De otro lado, en otras formas de empleo no pleno, es decir, cuando los ingresos son inferiores al salario mínimo y se trabaja menos de la jornada legal, en el mismo periodo de análisis, se incrementó en 443.371 personas, es decir, un aumento de 5,1%, al escalar este guarismo a 34,8%, lo cual reafirma el deterioro y precariedad laboral en que viven los ecuatorianos.
Sin embargo, al desagregar este análisis nacional en áreas urbana y rural, así como por género, los números reflejan un escenario aún más dramático, cuando el empleo pleno en las ciudades se redujo en 3% al ubicarse en 40,5%, en tanto, en el área rural apenas se llega al 16,4%, por lo que, por diferencia, el 83,6% de la población que vive en el campo no cuenta con un empleo adecuado.
De otro lado, al mirar desde el prisma de género, mientras el 41% de los hombres acceden a empleo pleno, solamente el 26,6% de las mujeres alcanza ese derecho.
Asimismo, la tasa de desempleo afecta mayormente a las mujeres con un 3,6% en tanto para los hombres es de 2,3%.
Finalmente, la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) deja en claro que el ingreso laboral promedio para quienes tienen el ‘privilegio’ de contar con empleo en el Ecuador, a marzo de 2026, se redujo en USD 46,5 dólares, al pasar de USD 476 a USD 429,5.
Por eso mismo, una cosa es la estrecha mirada gubernamental, alimentada por ese molesto sesgo con el que las élites interpretan y ‘resuelven’ los hechos desde su propia burbuja y otra muy diferente la realidad del Ecuador profundo.
El presidente de la República debe saber que los descamisados tienen una connotación histórica y social totalmente diferente a la que pretende instalar en la superficialidad de las redes sociales.
