Al finalizar el año conviene recordar que la consulta popular del 16 de noviembre de 2025 pasará a los relatos de la historia ecuatoriana con la versión del rotundo NO a todas las interrogantes planteadas por el presidente Daniel Noboa.
Al menos dos de esas preguntas tenían relación con temas de política exterior: el cambio de Constitución, y retirar el impedimento de permitir bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano. La expresión popular fue contundente: 60% No frente a un débil 40%.
La población, en última instancia, hizo una evaluación a la gestión del Gobierno; no sólo fue una expresión negativa a las propuestas, sino manifestó el deseo explícito de modificar las políticas gubernamentales, lo que incluye también a la política exterior, de lo que el Gobierno no debe desentenderse.
En el mundo actual hay una enorme gama de aspectos que relacionan a los Estados y, por tanto, tienen gran incidencia en los vínculos de cada nación. Sin embargo, la administración gubernamental actual no ha dado a conocer su visión de política exterior del país, ni siquiera con ocasión de los cambios que se proponían, con excepción, en forma publicitaria, desestimar la soberanía y un afán por inversión extranjera.
En los últimos períodos de la vida nacional, la política exterior institucional ha estado disminuida, opacada y degradada. Relativizar la política internacional ha sido una constante de los últimos gobiernos, lo que debe causar preocupación, ya que, en última instancia, impacta en la estabilidad del Estado ecuatoriano y repercute en la apreciación que desde el exterior se tiene del país.
Utilizar la infraestructura internacional y los vínculos externos del Estado para cuestiones personales o empresariales y partidistas, deshonra, mancha, estigmatiza al país y afecta su credibilidad, no solo por el empleo de bienes públicos sino porque, entre otros, distrae recursos destinados a beneficiar a la población.
Aunque sea una definición de Perogrullo, las relaciones exteriores de un Estado están sobre los intereses individuales o grupales. Es un principio esencial que, en primer término, deben responder a sus intereses nacionales. Su diseño, para cumplir con ese objetivo, debe tener presente el escenario global -y regional- complejo e interdependiente del mundo actual.
Conviene, por tanto, contar con una política exterior de Estado, no solo la de un gobierno. El Estado debe mantener instituciones sólidas en todo cuanto se relaciona con lo internacional, a través de una entidad estable y consistente (Secretaría de Estado, Cancillería) que canalice, formule y plantee propuestas políticas que identifiquen, marquen consensos y sigan la determinación soberana del pueblo expresada en las urnas.
La sociedad internacional contemporánea, para que una nación alcance su reconocimiento y respeto, mira con atención la participación del país en el sistema internacional (en un mundo desigual y conflictivo) por medio del acatamiento de principios, normas, y formas de cooperación (utilización apropiada de mecanismos bilaterales y multilaterales) como medio para alcanzar sus fines.
Esa comunidad de naciones espera, como un aspecto primario, que el país promueva la democracia (sujeción a la constitución), los derechos humanos (especialmente de los más vulnerables: niños, niñas, adolescentes, mujer, adultos mayores y personas con discapacidad y en situación de pobreza extrema) y, proteja la naturaleza, como un bien común.
Asimismo, desde el ámbito interno, se aspira que la relación externa del país afirme principios fundamentales, a través de actos y posturas que no debiliten su dignidad y respeto; afiancen su seguridad; mantenga sus intereses económicos y comerciales; y acoja inversión extranjera como aporte a los intereses generales de la población.
Sin embargo, cuando esas premisas básicas aterrizan en la realidad, y se contrasta con la conducta de la administración de Daniel Noboa, se puede apreciar la percepción y caída del peso relativo del Ecuador actual en el contexto internacional y regional, y el grave deterioro de la imagen del país.
El Ecuador no vive solo en el mundo. Requiere del reconocimiento de los demás para su existencia como Estado – Nación. En ninguno de los dos discursos inaugurales de Daniel Noboa hubo referencia alguna a política exterior ni, por supuesto, a la visión internacional del Gobierno, que es el mensaje que espera recibir la comunidad internacional.
La valoración que hacen los países acerca del Ecuador puede ser medida a través de varios hechos como, por ejemplo, la presencia de jefes de Estado en los actos de investidura presidencial. A los dos de Daniel Noboa solo ha asistido el presidente de Colombia, y la de Perú, a la segunda. Otra, muy decidora: la ausencia de todos los mandatarios invitados a la XXIV Cumbre Iberoamericana, en Cuenca: la muestra más elevada de la escasa deferencia y consideración al país.
Desde otro ángulo, y de mayor gravedad, se puede observar la condena generalizada por el flagrante irrespeto al derecho internacional ante el bárbaro asalto a la embajada de México en Quito, que ha dejado una enorme huella en la reputación del país, y seguirá repercutiendo sobre la imagen y nombre del Ecuador.
Desafíos y desacato a la Constitución, adquieren una percepción democrática negativa en el exterior, tales como organizar manifestaciones y emitir expresiones contra la Corte Constitucional, y estigmatizar a sus jueces como “enemigos del pueblo”. Utilizar embajadas para alejar a la (ex)segunda mandataria para que, a través de acuerdos ministeriales, funcionarias de su gabinete ocupen la silla presidencial, contrariando disposiciones constitucionales.
También la violación de derechos humanos: utilización desmedida de la fuerza durante protestas sociales; represión al movimiento indígena. Masacre a menores de Las Malvinas, en la provincia del Guayas. Acoso a ciertos medios de prensa. Desatención al derecho humano a la salud en hospitales públicos: desabastecimiento de medicinas; fallecimiento de neonatos sin que se conozca sus causas. Aumento de muertes violentas en centros penitenciarios. Violencia vicaria contra su primera cónyuge, denunciada en la Asamblea Nacional.
Si se parte del principio de que en sus relaciones internacionales todos los Estados privilegian su interés nacional, se ha producido una modificación sustancial de principios históricos de política exterior, que habían constituido siempre columnas firmes de los valores que el Ecuador defendió en foros internacionales, como Naciones Unidas y Consejo de Seguridad.
Desde la perspectiva institucional, desestructuración del servicio exterior por medio de la ocupación política de las misiones en el exterior en desmedro de la carrera diplomática, en especial en las jefaturas de embajadas, con el fin de favorecer a personajes cercanos al régimen, por vinculaciones personales o partidistas.
Las relaciones internacionales del país se encuentran reducidas a viajes al exterior del primer mandatario (28 en dos años). De un gran número de esos periplos no se conoce ni su propósito ni sus resultados. Se han convertido en un ejercicio publicitario. Algunos con interrogantes, ante el silencio, incluso en relación con acuerdos de comercio.
A todo lo anterior, el pueblo en las urnas, al responder a las preguntas del presidente Noboa, expresó su total inconformidad y espera un cambio en toda la línea, incluida la política exterior.
