Hace apenas unos años, hablar de un seguro privado de salud en Ecuador parecía un asunto lejano para muchas familias. Algo reservado para quienes tenían ingresos altos o trabajaban en empresas grandes que ofrecían este beneficio.
Sin embargo, después de la pandemia, la conversación cambió. Hoy, cada vez más personas se preguntan: ¿me alcanza para tener un seguro? ¿lo necesito de verdad o es un lujo innecesario?
La respuesta no siempre es sencilla, porque detrás de las cifras frías se esconden historias reales.
Maritza, por ejemplo, una madre de 42 años, recuerda el miedo que sintió cuando su esposo enfermó en plena emergencia sanitaria. “Nos dimos cuenta de que esperar en un hospital público no era opción. Necesitábamos atención inmediata, y en ese momento no teníamos un seguro. Fue un golpe durísimo”, cuenta. Meses después, cuando pudieron estabilizarse económicamente, contrataron un plan de seguro privado. “Hoy lo veo como un sacrificio, pero también como la tranquilidad de no volver a pasar por lo mismo”.
Como ella, miles de ecuatorianos empezaron a mirar a los seguros privados con otros ojos. Según un informe de la Superintendencia de Control del Poder de Mercado, entre 2018 y 2020, los planes de medicina prepagada crecieron en un 6,32%. Y la tendencia continúa al alza, impulsada por esa mezcla de desconfianza en el sistema público, experiencias personales difíciles y el deseo de cuidar a la familia.
Pero más allá de los números, la percepción social juega un papel clave. Para algunos, tener un seguro privado todavía es visto como un símbolo de estatus, un “plus” que distingue. Para otros, se ha convertido en una necesidad básica, casi tan importante como pagar la luz o el arriendo. Y no falta quien lo ve como una inversión estratégica: gastar hoy para evitar un golpe económico mucho mayor mañana.
Los brokers de seguros coinciden en que cada cliente llega con una motivación distinta. Hay quienes buscan cobertura amplia para enfermedades graves, otros prefieren planes más accesibles solo para emergencias, y muchos lo piensan como un respaldo familiar. En todos los casos, lo que se busca es lo mismo: seguridad.
El debate entonces sigue abierto: ¿tener un seguro privado en Ecuador es un lujo, una necesidad o una inversión? Tal vez, la respuesta dependa menos de las cifras y más de la historia personal de cada asegurado. Lo cierto es que, en un país donde la salud pública enfrenta limitaciones, los seguros privados dejaron de ser un privilegio exclusivo y pasaron a convertirse en una alternativa cada vez más presente en la vida de los ecuatorianos.
