lunes, abril 27, 2026
Ideas
Álex Ron

Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Oscurantismo en el Siglo XXI

Los galardonados con el Premio Nobel de Economía proponen que, en América Latina y África, la pobreza y desigualdad están profundamente arraigadas a las instituciones creadas por los colonizadores europeos.

Según Chatgpt 4, oscurantismo es una práctica que se caracteriza por el rechazo o freno a la difusión de conocimientos y avances científicos. Además, la IA menciona a grupos dominantes que limitan el acceso al saber, bloqueando el progreso intelectual y cultural. Este año, el Premio Nobel de Economía fue otorgado a los profesores británicos James Robinson y Simon Johnson y al economista turco Daron Acemoglu. Los galardonados por la academia sueca proponen que en América Latina y África la pobreza y desigualdad están profundamente arraigadas a las instituciones creadas por los colonizadores europeos. La obra de estos economistas parte de estudios empíricos y teóricos sobre la desigualdad estructural en Latinoamérica como una herencia de las prácticas extractivistas de las oligarquías neocoloniales.

En 1977, Agustín Cueva, sociólogo ecuatoriano nacido en Ibarra y educado en La Sorbona, era uno de los pensadores marxistas latinoamericanos más reconocidos. Ese año, Agustín ganaba el Premio Casa de las Américas con su libro El desarrollo del capitalismo en América Latina, la obra de Cueva profundizaba en las contradicciones extremas del capitalismo latinoamericano como herencia de la matriz económica española que marcó las coordenadas del desarrollo disfuncional de nuestras sociedades articuladas por oligarquías criollas tan nocivas como la de los colonizadores españoles. Las coincidencias entre las propuestas de Cueva y la de los economistas galardonados con el Nobel son grandes, apuntan hacia la anomía establecida por las instituciones extractivistas creadas por España. ¿Acaso la academia sueca se transformó en una maquinaria ideológica del marxismo trasnochado?

Acemoglu plantea en The narrow corridor que América Latina es desigual por su historia, donde pequeñas élites explotaron a la mayoría de las personas. Los galardonados por la academia sueca siguen la misma línea trazada por Agustín Cueva quien, hace 47 años, realizó una cuidadosa disección de las economías latinoamericanas que variaron en niveles de conflictividad, dependiendo de la dialéctica entre el sector agroexportador, el burgués industrial y el proletariado. En definitiva, mientras más poder tuvieron las oligarquías extractivistas menos posibilidades de sociedades democráticas existieron. Lo triste y paradójico es que estos grupos oligárquicos (entiéndase que oligarquía es el gobierno de los ricos según Platón) con profundas raíces colonialistas siguen gobernándonos en pleno siglo XXI. Y lo más absurdo, es que, a nivel científico, cada día está más claro que los abismos económicos son el resultado del debilitamiento sistemático del Estado como institución que puede crear un balance económico y social en los países pobres.

Libertarios y oligarquías criollas se apoyan en la teoría de Seymour Lipset, quien propugnaba que a medida que los países se volvían más ricos se volverían más democráticos. Los autores de The narrow corridor creen que la teoría de Lipset es una falacia porque si esto hubiese sido cierto Chile, Ecuador, Arabia Saudita y Kuwait serían países con democracias inclusivas. Todo lo contrario, son países donde existe demasiada desigualdad.

La fórmula de Lipset, en Ecuador, ha sido un rotundo fracaso. Los experimentos políticos de Guillermo Lasso y Daniel Noboa han devastado la poca institucionalidad existente en el país y han profundizado el caos. Además de la pauperización de nuestra nación, estamos regresando a un oscurantismo autodestructivo porque las grietas ideológicas entre correísmo y anticorreísmo han debilitado el debate político.

La prensa ecuatoriana sigue protegiendo la pésima gestión del actual presidente. El mismo Jan Topic, excandidato socialcristiano, ha terminado tachando de corrupto e inepto a Daniel Noboa por sus negociados en Olón y las barcazas turcas. Además, el padre de Noboa sigue evadiendo 90 millones de dólares en impuestos. No hay que perder de vista que Guillermo Lasso es otro evasor al ser parte de los tristemente célebres Pandora Papers. No hay por dónde perderse: las élites económicas en Ecuador son iletradas, corruptas y apátridas, esto ha sido siempre.

Si para la vanguardia del mundo académico-científico, los gobiernos que más concentran la riqueza en pocas manos y que manejan modelos económicos excluyentes: tercerización laboral, disminución de inversión social, reducción de impuestos para corporaciones extractivistas. Si estos regímenes son los más nocivos ¿por qué la ciudadanía ecuatoriana se aferra tanto a ellas? ¿Por qué siguen repitiendo el sonsonete de los mass media y su espejismo de que los ricos no roban y son garantía de prosperidad?

Quito a partir de las 7 de la noche es otra Ciudad Gótica, en medio de las tinieblas conducir un auto es sentir la fragilidad de una sociedad fallida, sin semáforos ni policía, donde la zozobra aumenta. La oscuridad física no es solamente un problema de estiaje sino el resultado de un modelo económico donde la planificación es nula y donde el presidente confunde gobernar un país con administrar una hacienda bananera. Llegó la hora de pensar con matices y votar con matices, el fanatismo político sólo favorece a los más poderosos.

 

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