Maldito el soldado que apunta su arma contra el pueblo. Esa frase de Simón Bolívar, que tiene más de 200 años, va a pesar en los militares venezolanos en los próximos días.
Ellos, lamentablemente, serán quienes en verdad decidan cómo será el fin del chavismo, representado ahora por los dictadores Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. Una triología temida pero también rechazada en Venezuela y también fuera de sus fronteras.
Todas las encuestas apuntan a un triunfo contundente de la oposición a Maduro, liderada por María Corina Machado, en las elecciones del domingo 28 de julio. De nada sirvió la férrea persecución a los detractores y opositores del chavismo que han sido exiliados, encarcelados y hostigados. De nada sirvió que empresarios y acólitos de quienes buscan la libertad sean sancionados por prestar sus viviendas o parlantes para la humilde campaña de la oposición.
El triunfo será de casi dos a uno, una diferencia de 2 a 4 millones de votos, adelantan las encuestas más serias de Venezuela.
La elección prácticamente está ganada. Nicolás Maduro, el delincuente líder de la gallada y acólito del narcotráfico que también daña a Ecuador, deberá salir del poder.
Pero la gran pregunta que se hacen ahora en el país hermano es qué decidirán los militares de Venezuela.
La cúpula de los uniformados, liderados por Vladimir Padrino, han saboreado las mieles que ofrece la corrupción y ofrecen lealtad a los socialistas del siglo XXI y aliados al narcotráfico. Por lo que será muy difícil que acepten un triunfo de Edmundo González, la esperanza de la libertad en ese país hermano.
LA CÚPULA DE LOS UNIFORMADOS, LIDERADOS POR VLADIMIR PADRINO, HAN SABOREADO LAS MIELES QUE OFRECE LA CORRUPCIÓN Y OFRECEN LEALTAD A LOS SOCIALISTAS DEL SIGLO XXI Y ALIADOS AL NARCOTRÁFICO. POR LO QUE SERÁ MUY DIFÍCIL QUE ACEPTEN UN TRIUNFO DE EDMUNDO GONZÁLEZ, LA ESPERANZA DE LA LIBERTAD EN ESE PAÍS HERMANO.
Ellos no tendrán problema en ordenar la represión si deciden mantener a la fuerza al títere de Maduro.
Por eso la expectativa está en los mandos medios y la tropa. Que ellos puedan ver que otra Venezuela es posible y respeten el triunfo de la oposición. Que no conviertan a ese país hermano en una carnicería.
América no lo puede permitir. Deben activarse, desde ya, todos los organismos internacionales, incluida la OEA, para que Nicolás Maduro y todos sus seguidores acepten la derrota. La elección en Venezuela es de absoluto interés regional.
Finalmente, lo que presenciamos en estos días nos deja una lección, una que debemos aprender muy bien para que jamás suceda en nuestro país.
Los militares no son juguete del gobernante de turno y ellos no deben plegar a las mieles de la política corrompida. Ni por ascensos, ni por venganzas personales, ni por dudosas lisonjas, ni por simpatías políticas o personales con algún torpe gobernante.
Tampoco por las ambiciones de uniformados que por ascensos, cursos o ciertos privilegios deciden plegar a políticos inescrupulosos que se visten de demócratas.
El norte de un militar es la Patria. No el Palacio de Miraflores, no Carondelet, no el Palacio de Nariño.
(Aquí puede leer la primera parte de esta columna: “¡Maduro coño e’ tu madre!”)
