sábado, abril 4, 2026
Ideas
Guillermo Rovayo

Guillermo Rovayo

Abogado, experto en derecho humanos y movilidad humana. 

Cuando el otro somos nosotros

Hace unas semanas, en un panel al que fui invitado, escuché a un ex – funcionario del correísmo que al querer defender la inconstitucional Ley de Movilidad Humana lo hizo utilizando el argumento de que en el Ecuador el 80 % de la población está de acuerdo con endurecer las políticas contra los extranjeros. Nada más absurdo. Nada más ilógico. Nada más inhumano.

En nuestra cotidianidad a veces suelen aparecer fobias, es decir, expresiones de miedo que incluso pueden llegar a reacciones violentas. Lastimosamente, estas formas de violencia se han ido enraizando en nuestras vidas y ahora las vemos incluso como normales. Basta ver los comentarios que en redes sociales aparecen sobre ciertos temas: culpar a las mujeres asesinadas o violadas por “provocar” el cometimiento del delito; aplaudir la actitud abusiva de un “docente” mientras castigaba a jóvenes con una regla; provocar el odio contra las poblaciones LGBTI aduciendo justificaciones de defensa a la vida; entre otros ejemplos, se nos han vuelto tristemente comunes.

En el tema migratorio, la xenofobia (miedo al extranjero) se la vive desde cualquier espacio de diálogo diario hasta las altas esferas de la acción estatal. Esto se explica (pero no se justifica) porque en nuestro país los postulados de ciudadanía universal, libre movilidad y otros establecidos en la Constitución hayan quedado en letra muerta. Hace unas semanas, en un panel al que fui invitado, escuché a un ex – funcionario del correísmo que al querer defender la inconstitucional Ley de Movilidad Humana lo hizo utilizando el argumento de que en el Ecuador el 80 % de la población está de acuerdo con endurecer las políticas contra los extranjeros. Nada más absurdo. Nada más ilógico. Nada más inhumano.

Ahora bien, si usted es parte de ese supuesto 80 % de población que no quiere ver extranjeros en Ecuador, le invito a que hagamos algunas reflexiones, partiendo de que la xenofobia, en Ecuador y en otros países, se han mantenido solamente a partir de mitos infundados.

¿Usted es de aquellos que cree que los extranjeros generan inseguridad? Le comento que la inseguridad no tiene relación alguna con la mayor o menor presencia de ciudadanos de otras nacionalidades. En Ecuador, como en otras partes del mundo, la inseguridad se debe al abandono de ciertas zonas geográficas por parte del estado. La carencia de factores de desarrollo permite que las grandes redes de delincuencia se aniden justamente en aquellas zonas donde el abandono es evidente.

Tampoco es real que las personas detenidas por delitos comunes sean en su mayoría extranjeros. En el Ecuador, menos del 3 % de personas privadas de la libertad son extranjeros. Cifra mucho menor que otros países como España (donde la población carcelaria extranjera supera el 8 %). Ahora bien, el hecho de que una persona delinca no tiene nada que ver con su nacionalidad. Caso contrario estaríamos apoyando las ideas de grupos xenófobos de Europa o Estados Unidos donde la población carcelaria de ecuatorianos supera en número a la de extranjeros en Ecuador.

¿Usted considera que los extranjeros son los culpables de la falta de empleo? Este tema tampoco tiene nada que ver con la mayor o menor presencia de extranjeros. Y aunque en el Ecuador no han existido estudios profundos que puedan mostrar con fuerza esta hipótesis, simplemente deberíamos remitirnos a las fuentes oficiales (que aún con subregistro) dan cuenta que la producción de empleo se ha mantenido en los mismos niveles de aquellas épocas cuando el Ecuador era “expulsor” de poblaciones con respecto a las actuales, cuando nuestro país es receptor de poblaciones.

En otros países, como Estados Unidos, han existido estudios que dan cuenta que las personas extranjeras en lugar de quitar fuentes de empleo, las generan. El Centro para el Progreso Americano (CAP), la United We Dream (UWD) y el National Immigration Law Center (NILC) realizaron un estudio en el cual la gran conclusión fue que la eliminación del programa “jóvenes soñadores” implicaría un recorte de plazas de trabajo en Estados Unidos. Si un estudio similar se hiciera en Ecuador, los resultados no variarían.

¿Usted considera que es culpa de los que vienen a nuestro país las carencias que tenemos en educación, salud u otros servicios? Le menciono que las falencias existentes en estos sistemas nuevamente son responsabilidad de los estados. Un país que no invierte adecuadamente en el desarrollo, es muy difícil que pudiera proveer de servicios de calidad.

¿Usted es de los que considera que el estado invierte demasiado en los migrantes y refugiados? Posiblemente este es uno de los mitos más grandes del que debemos deshacernos. Un reciente estudio en Europa mostró que las poblaciones refugiadas (provenientes de países con economías más precarias que las nuestras) aportan más de lo que reciben por parte de los países de Europa (países con una economía mucho mejor que la nuestra). Y es que si se suman los impuestos (directos e indirectos) y la generación de recursos; y se contrasta a la inversión estatal la relación es favorable a quienes están llegando. Si ese estudio se realizaría en Ecuador, la brecha sería mayor. El alto costo que implica regularizarse en Ecuador, la absurda tabla de multas que el país mantiene contra extranjeros y la excesiva cantidad de documentos valorados que se les exige (a más de otros condicionantes) implica que el Ecuador recibe diariamente una cantidad grande de recursos por parte de estas poblaciones.

Pero si ninguna de estas justificaciones le parece contundente le invito a pensar en una última.

Las condiciones de vida del o la venezolana, colombiana, haitiana, cubana, camerunesa (o de cualquier nacionalidad) que esté en el Ecuador; en esencia, es la situación que vive el ecuatoriano o ecuatoriana que está en Estados Unidos, España, Canadá, Venezuela o en cualquier otra parte del mundo. Entonces, usted trate al migrante y refugiado tal como quisiera que le traten a su compatriota en otras partes del mundo.

Para finalizar comparto con ustedes un pensamiento de Rolando Toro que reflexiona frente a una pregunta “¿por qué existe la fobia social?”. Su respuesta es contundente “porque estamos en una cultura paranoide. Nos sentimos amenazados por el otro. Le tememos, porque tenemos registros de traición, deslealtad, agresión. Entonces, la persona tiene que ocultarse para establecer vínculos. Lo que falta en el mundo es ternura. Hay que desplegar nuevas formas de aproximación y contacto, así como el regreso a lo primordial, a la naturaleza y al amor. Sin empatía, somos fantasmas que no tienen acceso al misterio de los vínculos humanos”.

Entonces, le invito a que la próxima vez que se encuentre con un migrante o refugiado piense en sus padres, hijos, hermanos, amigos, conocidos que fueron (y son) migrantes en otras partes del mundo. Y que trate a ellos, como usted quisiera que nosotros y nosotras seamos tratados en otras partes del mundo.

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