Aumenta la incertidumbre hacia el futuro, no sólo porque la pandemia no parece que dará tregua muy pronto, sino porque estamos a 100 días de las elecciones y el gobierno no parece dispuesto a jugarse el físico en tratar de dejar una mejor organización de la economía y la sociedad. Esto salvo algunas propuestas que podrían venir de ese buen ministro de economía que se consiguieron para los últimos días del régimen. A la vez que, como efecto de una ciudadanía poco informada y los rezagos propios del populismo económico y político más aberrante de la historia del Ecuador, en estos tiempos electorales se instalan debates y perspectivas que más bien oscurecen el panorama político.
El Ecuador estará sometido a una densa neblina de aquí hasta febrero del 2021, que solamente se irá despejando en la medida que la candidatura que se perfile como ganadora sea aquella que garantice un alejamiento pleno de la ideología estatista, intervencionista y aislacionista que caracteriza a los socialistas del Siglo XXI
Lo ideal sería que una estrategia de sinceramiento económico se aplique en estos 100 días y se evite que el próximo gobierno corte su luna de miel abruptamente con decisiones necesarias en lo económico, aunque ciertamente nada populares. Pero dado que esto es poco probable, el Ecuador estará sometido a una densa neblina de aquí hasta febrero del 2021, que solamente se irá despejando en la medida que la candidatura que se perfile como ganadora sea aquella que garantice un alejamiento pleno de la ideología estatista, intervencionista y aislacionista que caracteriza a los socialistas del Siglo XXI en cualquiera de sus vertientes. Y que aquella se constituya en ese factor impulsor que atraiga la inversión extranjera, permita que el país crezca, genere empleos y oportunidades, lo que traerá mayor recaudación para financiar grandes programas sociales a través del aumento de la base tributaria y que es una condición sine qua non para el éxito de cualquier programa económico en Ecuador.
Y es que los agentes económicos están frenando sus decisiones de consumo e inversión más allá de la COVID 19, hasta tener absoluta confianza de que el próximo gobierno encarará una buena reorganización de la economía mediante un plan integral de estabilización y crecimiento que apague todos los focos de incertidumbre. A mi criterio, en materia de orden público económico, estos tienen que ver con la sostenibilidad fiscal, a la cual debe sumarse los principios de eficacia y eficiencia para el manejo de toda la administración pública, junto a las reformas tributarias, laborales, de seguridad social, salud y educación.
